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Habitación 511
27 Junio, 2017 7:13 pm por Julio Aleaga Pesant

El Vedado, La Habana, Aleaga Pesant, (PD) A diferencia de lo que dice
Joaquín Sabina en una de sus canciones, me llevaron hasta allí sus
caderas y su corazón. Empujé desesperado la puerta de la habitación 511
del Hotel Ambos Mundos, pasadas las 11 de una calurosa noche de octubre.
En la calle se escuchaba a los alegres noctámbulos, cuando nos
desnudamos desesperadamente.

Con el sol del otro día, comprendí que estaba en el lugar indicado, con
la persona adecuada.

A Laura la conocí unos días antes en la Plaza de Armas. ¿Quién se
resiste a una sonrisa de 23 años?

Alguien me dice que ahora vive en Miami. Pero aquella tarde soleada y
calurosa de 1985, yo estaba dispuesto a tocar el sol si ella me lo pedía.

Locuaz e inteligente como pocas, tenía una alegría en los ojos que me
cautivaron tanto o igual que su cadencioso caminar, ese que distingue a
las cubanas, de todas las mujeres del mundo.

Como soy hombre afortunado, aun escucho el sinsentido que expresé para
llamar su atención. Su pelo y su espalda me conmovieron aún más cuando
la vi marcharse esa tarde, con el compromiso de que nos volveríamos a
encontrar. Así son las cosas a los 25 años.

Yo estaba al lado del Templete y ella venia caminando con una falda
blanca y una blusa como de marinera, desde el Palacio del Segundo Cabo.
El sol caía como torrente, y el cielo azul despejado no avisaba
tormenta. Pero, el pelo ensortijado detrás de la pequeña oreja,
protegida desde el lóbulo por una dormilona de oro, destruía cualquier
pronóstico meteorológico.

Joel e Idalmis, nuestros amigos de aquella época, compartieron la
habitación de al lado, en el hotel de la calle Obispo. Ingeniero
brillante y carismático él, luego se convirtió en un aceitoso burócrata
comunista, sin mucha suerte. Ella, con residencia en San Fernando de
Camarones, dejó los estudios de francés en la Universidad de La Habana y
se dedicó a trabajar hasta que un día, mucho antes de la gran crisis,
huyó a Venezuela y si mal no recuerdo, luego siguió hacia los Estados
Unidos.

La habitación del recuerdo, es ahora menos que museo nacional, pues allí
casualmente pernotaba Papa Hemingway. Ahora, los reunidos en La Habana
para discutir sobre su vida, advirtieron, que una marcha atrás en el
“deshielo” de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, haría poco
favor al legado del autor de El Viejo y el Mar.

“Hemingway es muy amado en los dos países, tienen eso en común, ese amor
por un escritor que era a la vez americano y, en cierto modo, cubano por
elección”, afirmó Valerie Hemingway, nuera del autor en la apertura del
16 Coloquio Internacional Ernest Hemingway, que se realizó en la capital
cubana en la segunda semana de junio, con la asistencia de decenas de
expertos y académicos internacionales y de la isla y la inefable
presencia de los policías de la Seguridad del Estado, que por mucho que
diga el gobierno, no se fían de la presencia de tantos norteamericanos,
por el patio.

Este evento bienal, que en 2015 se celebró con la noticia del deshielo
diplomático entre EEUU y Cuba tras medio siglo de enemistad, comenzó
esta nueva edición nublado por la problemática retórica del presidente
Trump y la insistencia práctica de la dictadura de no ceder ni un ápice
en los temas de derechos humanos.

El Museo Hemingway, ubicado en la finca “La Vigía”, en San Francisco de
Paula, al sureste de La Habana, fue residencia del autor desde 1940
hasta su suicidio en 1961 en EE.UU, y permanece tal y como la dejó en su
última visita.

Se dice que en el último año, La Vigía recibió unos 60 000 visitantes
norteamericanos, lo que puede ser una exageración de las autoridades,
pues el lugar no da cabida para muchas personas diarias.

Este 16 Coloquio Internacional conmemoró los 80 años de “Tener y no
tener”, los 65 de “El viejo y el mar”. Para eso, contó con la presencia
de 26 expertos de Italia, Japón, España, Argentina y Estados Unidos, y
25 académicos cubanos para disertar sobre sus últimas investigaciones en
torno a la vida y obra del estadounidense, la relación del escritor con
Cuba, sus facetas de cazador y amante de las armas; y una ponencia sobre
las mujeres a las que Hemingway amó y con las que “vivió y socializó”
durante su tiempo en la isla. También se habló las experiencias del
escritor a los 18 años, cuando se inició como corresponsal de guerra.

Junto a los contenidos académicos, se repetirán actividades
tradicionales de este encuentro como las visitas a lugares de La Habana
vinculados al autor de “Por quién doblan las campanas”, entre ellos el
bar “Floridita”, donde el premio Nobel se acodaba a beber daiquiris, el
pueblo marinero de Cojímar, inspiración de “El viejo y el mar”, y la
del hotel Ambos Mundos. ¡Casualidad que descubrí muchos
años después!

aleagapesant@nauta.cu; Aleaga Pesant

Source: Habitación 511 | Primavera Digital –
primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/habitacion-511/


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