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Máster en Ciencias Rafael Montejo Véliz (foto Trabajadores)

LA HABANA, Cuba.- Con motivo de celebrarse por estos días el aniversario noventa del inicio de los estudios de Contabilidad en Cuba, el Máster en Ciencias Rafael Montejo Véliz, decano de la Facultad de Contabilidad y Finanzas de la Universidad de La Habana (UH), ofreció declaraciones al periódico Trabajadores .

Después de referirse a los estudios de esta disciplina durante la República, el funcionario aseveró que al triunfo de la revolución en 1959 se impartían programas de Contabilidad en tres universidades: La Habana, Oriente y la privada de Villanueva. A renglón seguido apuntó que esos programas se mantuvieron hasta el curso 1964-1965.

Y eludiendo ahondar en el período más difícil de la Contabilidad bajo el castrismo, el señor Montejo se limitó a expresar que “las carreras universitarias siempre han respondido al contexto político y social que prime en ese momento. Los cambios profundos que promovió la Revolución establecieron nuevas exigencias”.

Habría que preguntarle al Decano si algún contexto político y social puede justificar el cierre de los estudios universitarios de una asignatura tan importante como la Contabilidad. Pues eso fue lo que sucedió en Cuba hacia la segunda mitad de los años 60, cuando la locura castro-guevarista pretendió acabar con la burocracia.

No son pocos los que opinan que la Contabilidad no ha podido recuperarse de tan descabellada decisión, y que muchas de las fallas que hoy exhibe esa ciencia son una secuela de aquellos años que algunos especialistas califican como “el experimento radical”.

Por supuesto que hoy en todas las empresas, unidades presupuestadas y otras entidades del país existen registros, libros y modelos que posibilitan la anotación y control de situaciones tales como los efectivos en caja y banco, las cuentas por pagar y cobrar, los medios básicos, la existencia de inventarios, el pago de nóminas, así como reflejar la ganancia o pérdida al final de cada período.

Ocurre, sin embargo, que muchas veces lo expuesto en dichos documentos no coincide con la cotidianidad de la institución. Es decir, que los números van por un lado y la realidad por otro. Asistimos entonces a un fenómeno que se ha dado en llamar “contabilidad no confiable o no certificada”, y que constituye actualmente una de las deficiencias que más obstaculizan el buen desenvolvimiento de las entidades en la isla.

Cuando los zares de la economía, allá por los años 80, pensaron que el Sistema de Perfeccionamiento Empresarial iba a resolver los problemas de Cuba, se exigía la contabilidad certificada para que las empresas pudieran acceder a ese Sistema. Y fueron muchas las entidades que, ya dentro del Perfeccionamiento, tuvieron que abandonarlo al perder la confiabilidad en sus estados financieros y contables.

Después vino la campaña por establecer el control interno en las entidades, alentado por la señora Gladys Bejerano y su tropa de la Contraloría General de la República. Y son innumerables las empresas y unidades presupuestadas que son declaradas “sin control” por no tener una contabilidad que muestre realmente los hechos económicos que allí tienen lugar.

Para colmo de males, pronto no habrá muchos jóvenes que decidan estudiar la carrera de Contabilidad. En meses pasados, y ante la carencia de auditores a todos los niveles debido a lo ingrato de esa profesión en las actuales condiciones de la isla, la Contraloría, el Ministerio de Educación Superior, y la Federación Estudiantil Universitaria, firmaron un convenio de trabajo para que los graduados de Contabilidad, como parte del servicio social de obligatorio cumplimento,  se desempeñen como auditores por dos años. Pobres muchachos.


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