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Trump, los militares y la división de poderes en Cuba
REINALDO ESCOBAR, La Habana | 20/06/2017

La reciente decisión del presidente de Estados Unidos de limitar las
relaciones comerciales con empresas cubanas controladas por militares
pone de relieve una arista poco explorada de la realidad nacional.

Todo el que conozca mínimamente la Isla sabe que aquí no hay nada
parecido a lo que pueda llamarse “división de poderes”. Quedó demostrado
recientemente, cuando los diputados a la Asamblea Nacional del Poder
Popular levantaron la mano de forma unánime para “respaldar” unos
documentos programáticos del Partido Comunista, unos textos que los
diputados no tenían capacidad legal de aprobar pero que políticamente no
podían desaprobar.

En otros países cabe esperar que el Congreso se ponga en contra de lo
que propuso el Ejecutivo o que el Poder Judicial dicte inconstitucional
lo que aprobó un Parlamento. En la mayoría de las naciones cuando se
aplica alguna medida, una nueva política, una ley cualquiera, los
analistas se preguntan cómo van a reaccionar los sindicatos o qué van a
hacer los estudiantes. En Cuba no es así. Los que mandan disponen y el
resto obedece o va a la cárcel.

La ostensible presencia de individuos provenientes del sector militar en
las estructuras de poder, especialmente en las gerencias económicas,
puede llevar a pensar que con eso el ejército se enriquece y que al
tener en sus manos tantos recursos le es más fácil reprimir al pueblo.
Razonar de esa forma parte de la creencia de que existe algún tipo de
división de poderes y eso introduce un enorme error en el análisis.

La presencia de coroneles y generales (retirados o en activo) al frente
de empresas turísticas como Gaviota o de poderosos consorcios como
Gaesa, Cimex y TRD, entre otros, quizás no significa tanto la
militarización de la economía como la conversión, la metamorfosis, de
los castrenses en gerentes.

Carentes o “curados” de un auténtico “espíritu de clase obrera”, manejan
con mano dura de despiadados capataces -leales al patrón- cualquier
diferendo con los trabajadores. Sus hábitos de disciplina los llevan a
cumplir lo que les ordenen sin preguntar si es viable o absurdo. No
exigen nada para sí mismos y todo cuanto mejore su nivel de vida
personal o sus condiciones de trabajo (autos modernos, confortables
viviendas, viajes al extranjero, cestas con alimentos y bebidas …) lo
considerarán como un favor del jefe, un privilegio que solo se paga con
lealtad.

Aunque sea difícil de creer, no están allí respaldados por sus cañones
ni blindados, su influencia no se determina por el número de sus tropas
ni por el poder de fuego del armamento que controlan, sino por la
confianza que Raúl Castro les tiene. Así de sencillo.

Cuando se revisa la extensa documentación emitida por las diferentes
esferas de la ilegalizada oposición política, o por la sociedad civil no
reconocida oficialmente apenas se puede observar la protesta frente al
dominio que los militares han ganado sobre la economía en la última década.

Las prioridades son otras. La liberación de los presos políticos, el
cese de la represión, las libertades de expresión y asociación, el
derecho a elegir a los gobernantes en elecciones plurales… En el
ámbito de la economía, lo que se cuestiona son las dificultades que
tienen los emprendedores privados para fundar una empresa, las
limitaciones para acceder al mercado internacional, los excesivos
impuestos, el expolio a que los cuentapropistas son sometidos por los
inspectores.

La preocupación más perceptible en este sentido es que al colocar a
estos militares en puntos clave de la economía se esté tramando el
futuro empoderamiento económico de los clanes dominantes en una virtual
piñata, lo que supone el auto aniquilamiento del sistema por los
herederos del poder.

Si no fuera tan dramático daría risa imaginar las infinitas soluciones
con que cuentan los gobernantes cubanos para burlar “las nuevas
medidas”. Les basta con cambiar el nombre a los actuales monopolios y
colocar testaferros civiles al frente de supuestas “cooperativas de
segundo grado” ya previstas en el lineamiento 15 del VII Congreso del
Partido Comunista de Cuba.

En este pase de magia o, para usar un cubanismo, “al darle agua al
dominó” obligarían a la mastodóntica burocracia norteamericana a
realizar un nuevo inventario de entidades con las que no se puede
comerciar. “En lo que el palo va y viene” reorganizan sus fuerzas para
el tiempo que les queda al frente del país mientras ven expirar el
mandato de Donald Trump.

Para hacer este truco no será necesario reunir al Partido en un
congreso, ni consultar a los letrados constitucionalistas, ni siquiera
tendrían que dar por enterado al Parlamento. Para colmo, en las calles
no habrá manifestación de protesta alguna ante el gesto camaleónico de
que los militares han cambiado sus uniformes y sus armas por las
guayaberas o los cocteles empresariales.

Source: Trump, los militares y la división de poderes en Cuba –
www.14ymedio.com/blogs/desde_aqui/Trump-militares-division-poderes-Cuba_7_2239646014.html


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