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‘La Revolución nunca trajo juguetes’
JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ | La Habana | 16 de Julio de 2017 – 13:25 CEST.

“El problema del Gobierno es que te quiere convencer de que los
problemas económicos son de ahora y no de toda la vida”, dice Gretel
Urquiza en una parada de ómnibus en La Víbora. Allí se ha suscitado un
espontáneo debate sobre las afirmaciones de varios diputados de
la Asamblea Nacional del Poder Popular sobre la carencia de juguetes.

“Cómo es posible que toda esa gente ahí reunida, que dicen representar
al pueblo, se desayune de que en Cuba no hay juguetes y de que jamás
este país, después del 59, fabricó alguno que valiera la pena comprarle
a un niño”, fustiga Gretel.

Abordar el déficit en la producción nacional de juguetes como si esta
fuese una problemática económica de estos tiempos ha causado disgusto,
incluso en ciudadanos que se consideran a sí mismos “incondicionales de
la Revolución”, como Ricardo, cuadro del Partido Comunista y coronel
retirado de las Fuerzas Armadas, que no tiene argumentos para refutar la
opinión de Gretel.

“Creo que es un poco irrespetuoso que la Asamblea Nacional quiera tratar
el tema como un problema de estas décadas. Nuestro Comandante en Jefe
nos enseñó la honestidad en todo momento, y cada cubano con más de 40
años de vida sabe bien que la carencia de juguetes se remonta a
principios de los años 70″, recuerda el excoronel.

Básico, no básico y dirigido, fueron las denominaciones que el Estado
otorgó a los tres juguetes anuales que asignaba a todo niño cubano, y
que se obtenían mediante cupones de la libreta de productos industriales.

“No solo eran tres juguetes al año, sino que además la organización de
cómo se distribuían estaba a cargo de los CDR”, señala Ramona López,
antigua dependiente de una peletería en El Cerro y actual encargada de
Vigilancia en su CDR.

“Se hacía una especie de sorteo, y de ahí obtenías el día y el número
que te correspondían para adquirir los tres juguetes en una tienda
asignada de tu municipio. Los núcleos familiares a los que les tocaba
los primeros días y los primeros números compraban los mejores juguetes
a sus hijos”, dice.

“Y no todos los padres tenían un salario que alcanzara para los juguetes
más codiciados”, añade Víctor Camino, chapistero y vecino del reparto
Diezmero. “Recuerdo bien que era el año 79 porque yo tenía nueve años y
estaba en cuarto grado. A mis puros les tocó el segundo día y el número
21, pero no tenían los 150 pesos que costaba una bicicleta ni los 80 que
costaba una carriola. Me tuve que conformar con un trencito eléctrico,
una metralleta y una cerbatana”.

¿Juguetes buenos y juguetes malos?

Según el criterio de la diputada Jenifer Bello, “los juguetes de
nuestros niños no tienen por qué parecerse a los de la sociedad
capitalista”. Afirmación arriesgada, y donde se evidencia que los
representantes de los intereses del pueblo no saben que más del 80% de
los juguetes, durante décadas, provenían del bloque socialista en Europa
del Este.

“Cuando se jodió la Unión Soviética también se jodieron aquellos tres
juguetes al año”, opina Alejito Bravo.

Y agrega: “Si no quieren que se parezcan a los capitalistas, a quién
coño se van a parecer los juguetes de nuestros hijos si los únicos
socialistas que quedamos en este mundo somos nosotros. ¿De dónde los van
a traer? De la Luna supongo, porque la Revolución nunca trajo juguetes”.

“¿Entonces los niños que viven en sociedades capitalistas serían peores
niños por tener juguetes producidos en el capitalismo… o serían mejores
niños si tuviesen juguetes producidos por el socialismo?”, cuestiona
Yanet Cruz, especialista en Psicología General.

“Es con esa visión maniquea del mundo, propugnada por el Gobierno
cubano, con la que no logro conciliarme”, añade. “Esa es una conclusión
tonta y parca que devela el nivel cultural de una diputada. Por otro
lado, esa idea de fabricar muñecos con la figura de Elpidio Valdés y
María Silvia, en busca de salvaguardar la identidad nacional, es
francamente mediocre”.

En su turno, la diputada Aymara Guzmán presentó ante la Asamblea
Nacional un documento con un análisis donde resumía que no había en la
Isla una estrategia para la producción de juguetes.

“Pero estas diputadas, ¿dónde vivieron todos estos años? ¿En Cuba o en
Polonia?”, ironiza René Bustamante, confitero de un restaurante privado
en El Vedado. “No jodas, que ahora se dan cuenta de que hace falta una
estrategia para producir juguetes, y para colmo en la era de las
tecnologías donde apartar a un niño de una computadora implica una
verdadera hazaña…”

“Lo que realmente hace falta en este país”, propone René, “es una
estrategia para producir buenas ideas, que después los buenos juguetes
vendrán solitos”.

La propuesta, por parte de la Comisión, de crear “un Grupo Nacional que
transforme la actual problemática analizada”, también preocupa a los
habaneros entrevistados.

“Es decir, que habrá más plantillas infladas, más dinero que invertir en
salarios para estos nuevos burócratas y más papeles para imprimir sus
informes”, critica Bertica, profesora de Química de un preuniversitario
en el municipio 10 de Octubre.

“Y mientras tanto, ¿qué le decimos a nuestros hijos, que jueguen a la
quimbumbia mientras la Asamblea decide cuál es el juguete correcto?”, se
pregunta.

Source: ‘La Revolución nunca trajo juguetes’ | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1500204318_32568.html


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