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Fidel y Raúl Castro, año 1977 (haciendapub.com)

LA HABANA, Cuba.- El 29 de diciembre de 1982, llegó Raúl Castro, actual jefe de Estado cubano, a Moscú, lleno de alegría y esperanzas. Lo habían invitado a los actos por el 60 aniversario de la URSS.

El resultado de aquella histórica visita, de donde el General salió desconcertado y con el corazón hecho pedacitos de hielo, nunca la supo el pueblo de Cuba.

Once años después, desaparecida la URSS, Raúl la contó, en toda su crudeza, en entrevista con el empresario Mario Vázquez Raña, para el diario El Sol de México.

A solas con los dirigentes comunistas, Raúl pidió a la dirección soviética que “desarrollaran acciones que lograran frenar las renovadas intenciones yanquis de golpear militarmente a Cuba”.

Concretamente pidió que los soviéticos plantearan oficialmente a Estados Unidos que “una agresión a Cuba no sería tolerada por la URSS”.

Cuando Raúl escuchó la respuesta soviética, se quedó como mudo:

“En caso de una agresión norteamericana a Cuba, nosotros no podremos combatir allí. Ustedes están a once mil kilómetros de nosotros. ¿Vamos a ir para que ellos nos partan la cara?”

O sea, que la Unión Soviética se negaba a plantearle al Pentágono cualquier tipo de advertencia. Ni siquiera recordarle el compromiso hecho a Kennedy en 1962.

En una palabra: Los soviéticos abandonaban a Raúl, a Fidel y a la cúpula gubernamental cubana, los que a partir de aquel momento, se vieron dramáticamente más solos que perros debajo de un banco.

Por último, confiesa Raúl al empresario mexicano que aquella decisión soviética “se le ocultó al pueblo cubano y se convirtió en un secreto entre él y su hermano, para no estimular al enemigo”.

Sin embargo, con su silencio, ¿pudo Raúl desinformar a Washington acerca de la verdadera posición del Kremlin?

No lo creo.

La administración Reagan conocía al detalle todo lo ocurrido. Fácilmente hubiera desaparecido la dictadura castrista, con sólo lanzar dos o tres cohetes a las termoeléctricas cubanas.

Hubiera sido el fin de los Castro, sin víctimas civiles y en pocas horas.

No sólo aquel 29 de diciembre los Castro se dieron cuenta de que Cuba, para los gobernantes soviéticos, era en realidad un cero a la izquierda, en cuanto a la toma de decisiones importantes.

Desde antes ya lo sabían.

Por ejemplo, cuando sin la presencia de Fidel, se reunieron con los norteamericanos para solucionar la Crisis de Octubre, cuando en la primera oportunidad se llevaron el Centro de espionaje de Lourdes, con tres mil especialistas soviéticos, cuando enviaron sus tropas a Afganistán, sin comunicarlo al gobierno cubano, el que presidía el Movimiento de Países No alineados, algo que hubiera ocasionado que Estados Unidos se ensañara contra el régimen de la isla, o cuando la URSS utilizó sus fuerzas a comienzos de los ochenta contra Polonia, al crearse Solidaridad, algo que también  hubiera dado motivo para que los EEUU agredieran Cuba.

Por qué entonces los Estados Unidos no le pusieron punto final a la dictadura de los Castro, sólo Estados Unidos podría responder. Si se lo preguntáramos a cualquier cubano deseoso por vivir en el capitalismo, respondería así:

Cuba representa una mala propaganda para el comunismo, a  través de un gobierno donde el tiro siempre se le va por la culata. A Estados Unidos esa propaganda le conviene, mucho más si le resulta gratis.

Incluso el 6 de mayo de 1983, unos meses después del chasco sufrido por Raúl en Moscú, Ronald Reagan declara que EEUU posee pruebas de que altos dirigentes castristas están implicados en el tráfico de drogas.

¿No fue aquel otro momento propicio que dejaron pasar por alto?


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