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Raúl Castro (AP)

LA HABANA, Cuba.- En Cuba, las próximas elecciones serán de suma importancia, pues definirán la oportunidad a los cambios aperturistas o el retroceso económico, político y social.

Raúl Castro aseguró que dejaría la presidencia el 24 de febrero de 2018. Los cubanos desconocen cómo se retirará de las funciones ejecutivas el hombre más poderoso del país, con 86 años de edad, aunque hasta 2021 se mantendrá como primer secretario del Partido Comunista, “la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”, acompañado por el círculo de las figuras históricas de 1959. Los ciudadanos no saben por quiénes tendrán que votar para sustituirlos.

Las elecciones generales fueron convocadas bajo la Ley Electoral sin modificar. A nivel municipal serán en octubre, y las provinciales y para diputados a la Asamblea Nacional aun no tienen fecha.

El Dr. José Luis Toledo, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular, fue el encargado de ofrecer certeza sobre la retirada de Raúl Castro en los Consejos de Estado y de Ministros, pero para el extranjero fue mediante el portal oficial “Razones de Cuba”, ya que la mayoría de la población no tiene acceso a Internet. Posiblemente con sus informaciones se procure tranquilizar a los acreedores y potenciales inversores, cuando la situación financiera se complica por las incapacidades domésticas y los conflictos en Venezuela.

“Yo creo que hay una importancia que las va a enmarcar (a las elecciones), y es que como nos ha enunciado Raúl, cesa el mandato de la dirección histórica en el Estado. Yo creo que eso le confiere una relevancia muy especial, pero con la sabiduría y visión de la dirección histórica de la Revolución y del General de Ejército, se ha ido condicionando y preparando el escenario para ese momento”, expresó el Dr. Toledo. “No va a ser un momento traumático… Luego, nuestra confianza en el Partido, en su dirección, hará que sea un proceso muy importante en el país, pero un proceso natural. Y la importancia está en la ecuanimidad que siempre ha caracterizado al pueblo cubano”.

El profesor Toledo no explicó cómo se haría; si el General de Ejército será elegido diputado o recibirá la consideración de emérito o algún otro rango honorífico o, entre las actuales prerrogativas, si mantendrá la atribución del presidente como jefe supremo de todas las instituciones armadas y presidirá el Consejo de Defensa Nacional, según el Artículo 93, incisos g) y h) de la Constitución, respectivamente. El jurista también mencionó la posibilidad de reducir los 612 diputados a casi la mitad, así como estipular el cobro de retribución por ese trabajo, que actualmente solo reciben jefes de comisiones y algunos otros, como cuadros profesionales, con el salario del puesto que ocupaban hasta ese momento.

Raúl Castro había comenzado su segundo término de cinco años, el 24 febrero de 2013, con la promesa de que sería su último mandato, con independencia de la fecha en que se perfeccionara la Constitución, y alegó el propósito de garantizar en “la cúspide del poder estatal y gubernamental la unidad ejecutiva frente a cualquier contingencia por la pérdida del máximo dirigente, de manera que se preserve, sin interrupciones de ningún tipo, la continuidad y estabilidad de la nación”.

También había anunciado que la Constitución debería limitar a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años el desempeño de los principales cargos del Estado y del Gobierno, y establecer edades máximas para ocupar esas responsabilidades. La sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular en julio no abordó la Constitución ni la Ley Electoral. Los medios nacionales publican los procedimientos de las elecciones en vigor desde 1976, igualmente enfocados al extranjero, enfatizan que son libres y el Partido Comunista no postula, sino el pueblo. Pero hasta los nuevos jóvenes votantes, participantes desde preescolar como pioneros, conocen la manipulación y la depuración por las comisiones de candidatura.

Los cubanos tienen tantos derechos a elegir y ser elegidos, que carecen de seguridad sobre el reemplazo del presidente y el eventual sustituto, así como desconocen quienes serán los candidatos a delegados y diputados por la nueva elite gobernante. Seguramente en la Asamblea Nacional “elegirán por unanimidad” al Consejo de Estado y el Consejo de Ministros, también procedente de los máximos puestos en el aparato del Partido Comunista de Cuba. En esta democracia, hasta los aspirantes aguardan con bajo perfil.


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