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Escaso público en el Estadio Latinoamericano (Foto: Orlando Freire)

LA HABANA, Cuba.- Acaba de comenzar la versión 57 de la Serie Nacional de Béisbol, un evento que debía de ser el mayor espectáculo deportivo del país. Sin embargo, la ausencia de muchas figuras estelares provoca el desinterés de los aficionados.

Además de la conocida sangría que sufre el béisbol cubano por la apreciable cantidad de jugadores que han “desertado” hacia las Grandes Ligas de Estados Unidos, otros dos sucesos contribuyen a que las nóminas de los equipos participantes en la Serie se vean diezmadas.

Uno de ellos es la contratación, con el visto bueno de las autoridades de la isla, de peloteros en ligas de Canadá, Japón e Italia. El otro acontecimiento se relaciona con la “desaparición” de varios peloteros que, al parecer, han firmado —o pretendido firmar— por su cuenta contratos con otras ligas internacionales de béisbol.

Para los primeros no habrá problemas, pues una vez que finalicen sus contratos en el exterior se incorporarán a sus equipos de la Serie Nacional. En cambio, los que ignoraron a los mandamases de la pelota cubana han sido excluidos de los equipos nacionales, aun si regresan a la isla. En este sentido sobresalen los casos del pinero Michel Enríquez y el industrialista Rudy Reyes.

Unos días antes del inicio de la Serie Nacional se celebró el Congresillo Técnico de la competencia. Allí se dijo que el campeonato estaba dedicado a la memoria de Fidel Castro, y precisamente el señor Antonio Castro Soto del Valle, presentado esta vez como vicepresidente de la Federación Cubana de Béisbol, tomó la palabra en el cónclave para afirmar que “estamos ante el gran compromiso de cuidar el legado de Fidel en aras de que la pelota vuelva a alcanzar las glorias que tuvo” (“La 57 por la goma”, edición del 2 de agosto del periódico Granma).

Habría que recordarle al señor Castro Soto del Valle que lo que él llama “el legado de Fidel” no debe asociarse con las glorias del béisbol cubano, sino más bien con su destrucción. Su padre eliminó en 1961 —cuando quizás el señorito Tony Castro no había nacido— la liga profesional del béisbol cubano, e instauró un amateurismo de inferior calidad.

Mientras los peloteros cubanos jugaron únicamente contra amateurs de otros países, parecían los mejores del mundo. Pero se toparon con otra realidad bien distinta cuando desapareció la frontera entre profesionales y amateurs en las competencias internacionales.

En aras de revivir al alicaído béisbol cubano, nuevamente derrotado en recientes topes internacionales, las autoridades de la isla estiman que lo primero es recuperar el fervor de los aficionados, y que se llenen los estadios.

Mas, en una visita que efectuamos al estadio Latinoamericano el pasado martes 8 de agosto comprobamos la poca asistencia de público al juego que allí tenía lugar.

Incluso, dos aficionados, al parecer no muy motivados con el desarrollo del desafío entre Industriales y la Isla de la Juventud, sostenían una conversación sobre la cobertura que tiene el béisbol internacional en los medios de difusión cubanos.

Uno de ellos celebraba que últimamente la televisión ofreciera algún que otro juego de las Grandes Ligas. Pero su interlocutor reaccionó de inmediato: “Pero no televisan ningún juego en el que participen peloteros cubanos. Además, los espacios informativos hablan mucho de la participación de Alfredo Despaigne en Japón, pero nada dicen de lo que hacen Pito Abreu y Yasmani Tomás en las Grandes Ligas”.

La poca afición contrasta con la asistencia de hace décadas (Foto: Orlando Freire)


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