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(cnn.com)

MIAMI, Estados Unidos.- Venezuela sigue manteniéndose en los primeros planos noticiosos del mundo entero. Este martes, la sangrienta farsa electorera recién celebrada por los chavistas y las sanciones impuestas por Estados Unidos contra Nicolás Maduro, cedieron el puesto en los titulares al reingreso en prisión de Leopoldo López y Antonio Ledezma.

El arresto de los dos destacados líderes opositores fue perpetrado en Caracas por los agentes del macabro Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN) con nocturnidad y alevosía. Este nuevo zarpazo del régimen chavista enrarece aún más el ambiente político en el país sudamericano. Se especula que pueda constituir el prólogo a una arremetida gubernamental contra los diputados a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora.

Porque para nadie es un secreto que Maduro y sus adláteres, durante el proceso de convocar y celebrar de manera festinada las recientes votaciones, han insistido en el carácter supuestamente superior de esa Asamblea Constituyente comunal, que estará integrada en su totalidad por incondicionales suyos. Y han dejado saber que, en su opinión, ese órgano está facultado para disolver la Asamblea Nacional democráticamente electa y para levantar la inmunidad de los diputados que la componen.

En las últimas horas, los parlamentarios venezolanos han recibido el aval que significa la visita a su sede de embajadores de grandes países. Esta clara señal se une a las enérgicas declaraciones formuladas por voceros oficiales de importantes gobiernos de la región, como los de Estados Unidos, México, Colombia, Argentina, Brasil. A ellos se ha sumado el inclaudicable secretario general de la OEA, Luis Almagro. También ha habido pronunciamientos, aunque más desvaídos, de la Unión Europea.

Por su parte, el régimen de La Habana (no cabía esperar otra cosa) se ha solidarizado con su homólogo caraqueño. El Ministerio de Relaciones Exteriores del castrismo, en una declaración oficial, denomina ese comprensible y unánime repudio del Mundo Libre en forma inusual: “una bien concertada operación internacional”. A esto agrega (algo que tampoco sorprende) que ella está “dirigida desde Washington”.

Habría que preguntar a los castristas si también son partícipes de esa “operación” los diputados chavistas que, en la sesión de la Asamblea Nacional de este martes, anunciaron su separación del llamado Gran Bloque de la Patria para constituir una nueva fracción parlamentaria independiente.

Según expresó desde la tribuna de oradores del órgano legislativo el diputado Eustoquio Contreras, presidente del nuevo Bloque Parlamentario Socialista, sus amigos y él mismo continuarán apoyando la herencia del difunto Hugo Chávez y enfrentándose a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), al mismo tiempo que se desmarcan de varias de las más recientes medidas del régimen de Nicolás Maduro.

Este reciente suceso político puede llegar a revestir la máxima importancia. Se sabe que los órganos judiciales plegados al chavismo, en el colmo de la desfachatez, dejaron sin representación congresional a uno de los estados del país —Amazonas—, so pretexto de presuntas irregularidades en la elección de sus diputados. Más de un año y medio no les han bastado para adoptar una decisión definitiva sobre el asunto o celebrar nuevas elecciones en ese territorio.

Esa medida escandalosa la adoptaron con el evidente propósito de privar a la MUD de la mayoría de dos tercios en el Legislativo, que le permitía remover a los magistrados corruptos nombrados de correr-corre por la anterior mayoría chavista. El abandono de las filas oficialistas por parte de los diputados ahora incorporados al Bloque Parlamentario Socialista abre nuevas perspectivas en ese sentido.

La situación imperante en Venezuela, volátil en grado superlativo, no facilita que se escriban artículos de opinión sobre las realidades actuales de ese país hermano. Pero sí queda claro que el actual régimen, al inflar sin medida —triplicándolo— el número de quienes, con su voto, apoyaron en verdad el inválido llamado a la Constituyente, pretende revestirse de una legitimidad democrática que en realidad no existe.

El régimen instalado en el Palacio de Miraflores se enfrenta a un abrumador rechazo. Éste procede tanto de su pueblo —harto del hambre y las necesidades de todo tipo en las que Maduro y el inviable sistema socialista lo han sumido—, como de la comunidad internacional (que ve con pasmo cómo un país de tantas riquezas naturales se convierte en uno de los potenciales recipiendarios principales de ayuda humanitaria a escala mundial). Ante ese repudio, el régimen huye hacia adelante, y adopta medidas que profundizan aún más el rechazo generalizado.

Las próximas horas, en las que se prevé la instalación exprés de la cuestionada Asamblea Constituyente chavista, hacen esperar que en la Patria del Libertador se sucedan acontecimientos definitorios. Esperemos con confianza que ellos permitan al pueblo de ese país hermano recuperar la democracia y avanzar hacia el progreso.

(René Gómez Manzano, residente en Cuba, se encuentra de visita en Estados Unidos)


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