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El Cerro, La Habana, Emaro (PD) La manipulación de las masas es uno de los pilares fundamentales para el sostenimiento del régimen.

He encontrado un libro publicado en Cuba en 1970 por la Editorial Ciencias Sociales, titulado Qué es la historia, que contiene seis conferencias dictadas entre enero y marzo de 1961 por el? Profesor George Macaulay Trevelyan, catedrático de la Universidad de Cambridge.? Permítanme citar algunos? fragmentos.

“La instrucción, que es un instrumento necesario y poderoso para favorecer la expansión de las capacidades? y oportunidades del individuo, y por lo tanto la expansión también de una mayor individualización, es asimismo, entre las manos de los grupos de interés, una poderosa herramienta para fomentar la unidad social. Las peticiones, frecuentes, de una radio y una televisión más responsables, o de una prensa más responsable, van dirigidas ante todo contra ciertos fenómenos negativos fáciles de condenar. Pero se convierten rápidamente en peticiones encaminadas a utilizar estos poderosos instrumentos de persuasión de las masas para inculcar gustos convenientes y opiniones deseables, hallándose el patrón de la conveniencia en los gustos y opiniones ya aceptados por la sociedad. Estas campañas, para quienes las conducen, son procesos conscientes y racionales encaminados a dar forma a la sociedad, moldeando sus individuos, en una dirección deseada.”

“Los profesionales de la publicidad y los directores de campaña política no se ocupan fundamentalmente de los datos existentes. Solamente les interesa lo que el consumidor o el elector creen o quieren ahora en la medida que ello contribuye al resultado, a saber, lo que el consumidor o el elector pueden, mediante hábil manejo, ser inducidos a creer o desear. Y lo que es más, su estudio de la sicología de masas les ha probado que la forma más rápida de lograr la aceptación de sus puntos de vista es la que recurre a apelar al elemento irracional del elector? o del consumidor, de modo que nos encontraremos ante un panorama en que una selecta minoría de industriales profesionales o de líderes políticos alcanza sus metas pasando por los procesos racionales más desarrollados que nunca anteriormente, mediante la comprensión y el uso del irracionalismo de las masas. No se apela primordialmente a la razón: Se procede sobre todo según el método que Oscar Wilde llamaba “pegar golpes bajos intelectuales”. ..En todas las sociedades, los grupos rectores aplican medidas más o menos coercitivas, para organizar y controlar la opinión de la masa. Este método parece peor que otros porque constituye un abuso de la razón.”

Es triste comprobar cómo es empleado profusamente? desde hace muchos años lo que? alguna vez? fue criticado tan ácidamente.

A “los imperialistas” les achacan todo tipo de maldad cuando utilizan sus medios para formar opiniones y gustos, para generar consumidores o votantes en las elecciones por un partido u otro. Desmenuzamos sus artimañas de convencimiento para captar adeptos y motivar a indecisos, su descaro cuando se trata de conseguir que las masas los sigan y repudien lo que a ellos no les conviene.? Los gobernantes cubanos? pronto aprendieron sus métodos y copiaron sus formas de actuar para combatirlos con sus propias armas, muchas veces superándolos? en deslealtad cuando el fin justifica las mentiras para defender una causa que consideran justa.

Todos tenemos causas justas. Cada quien considera lo suyo como primordial y no hay ángulo donde uno se pare desde donde no se vean las razones que cada cual expone como válidas. Que no queramos verlas o no nos convengan, es otra cosa.

En Cuba se emplean cada vez más todos los medios de difusión masiva con fines propagandísticos para sostener a un sistema sociopolítico a todas luces fracasado y a punto de perecer. Es necesario que este renazca como el Ave Fénix de sus cenizas y para ello se apela a mentiras, medias verdades, omisiones, etc., las cuales se transmiten en nuestros medios sin sonrojo.

El gobierno retarda, oculta? con todos sus esfuerzos las informaciones? para que el pueblo no se entere, pero al final, es en vano, pues la información llega por las vías más insospechadas.

El problema es cuando uno se ve en medio de esta batalla ideológica, este teatro de operaciones con artillería pesada, raíds aéreos, y toda la caballería desplegada para matarse unos a otros.? Comprimimos el piso con nuestros cuerpos y nuestros rostros en los fangos de las? muy someras trincheras, mientras sentimos pasar cerca los misiles de una propaganda ya repetida y muy manida, llena de clichés y frases hechas, sobre las cuales ni sus propios creadores tienen nada nuevo que agregar. Observamos a un lado y al otro y nos preguntamos: ¿Quién tiene la razón? ¿Los “imperialistas desalmados” quienes ostentan el mejor nivel de vida del planeta y un desempleo de más de un diez por ciento, o nosotros, con un desempleo voluntario de un noventa por ciento y un nivel de existencia de los peores de Latinoamérica?

¿Por qué nosotros no desarrollamos en medio siglo a esta nación para obligar a los pobres norteamericanos a tomar sus balsas para llegar a nuestras costas en busca de mejores horizontes económicos, de mejor trato racial, más? libertades y derechos? ¿Habría creado Fidel Castro una Ley de Ajuste Americano tan solo por fastidiar al gobierno gringo? ¿Quién lo duda cuando por esa misma causa soportamos, en el amplio sentido de esa palabra, algunos cientos de? esos nacionales estudiando medicina a costa nuestra? en nuestras universidades? ¿Cuántos jóvenes cubanos no pueden acceder a nuestras universidades debido a las más de 30 000 plazas ocupadas por extranjeros? Es el pequeño y escuálido? David ayudando a una horda de poderosos Goliats que le arrebatan el poco pan que lleva en las manos.

Los cubanos permanecemos agazapados dentro de nuestras trincheras, de las cuales no hemos salido desde 1959, observando por sobre nuestras cabezas el combate a muerte.

Este gobierno no ha dudado en utilizar a su pueblo,? engañarlo, para que le apoye en sus fines, muchas? irracionales.

Muchos no quisiéramos escuchar de política, o de “los señores imperialistas”, o “del bloqueo”, etc., pero eso es imposible en Cuba. Pasa como con las pantallas? que no se podían apagar en el universo de Orwell…

?Nos percatamos cuando nos dicen mentiras o? medias verdades para ocultar el resto no conveniente, en Telesur, en Cubavisión, en Univision o? la CNN. Estamos en la segunda década del tercer milenio y la propaganda se hace cada vez más traslúcida, existe Internet con sus virtudes y defectos, están? las memorias flash y los discos duros externos con paquetes informativos y recreativos sin censuras que se contrabandean desde todas partes, los cuales alcanzan a los ciudadanos de a pie gratis o por un módico precio. Ya no es lo mismo, no nos pueden engañar más allá de las primeras palabras mal dichas.

Nos? encontramos maltrechos y asustadizos en medio de una guerra, una batalla de ideas, donde el pueblo,? la masa, es mera espectadora o conejillo de indias, sumida en la incertidumbre porque ninguno de los contendientes juega limpio.

?Conocemos las reglas, los trucos y las triquiñuelas. Los funcionarios creen, aun hoy, que sus túnicas los amparan, y sus palacios y sus escoltas los van a salvar del Armagedón? que alguna vez, más temprano que tarde,? ha de llegar.

eduardom57@nauta.cu ; Eduardo Maro

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