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Zunilda Mata

Después de casi dos décadas de sequía cultural, la barriada habanera de La Timba vuelve a tener un local para las presentaciones artísticas. La inauguración, el pasado domingo, de La Plaza de 31 y 2 genera esperanzas y también suspicacias entre quienes lamentan aún el cierre, hace 14 años, de El Patio de María, una de las mayores atracciones de la zona.

A diferencia de aquella meca del rock que albergó la diversidad a pocos metros del monótono Consejo de Estado, el nuevo Centro Cultural parece alejado de todo arte problemático. Talleres para niños, proyecciones audiovisuales, una casa de la música, una librería, una sala 3D y una tienda darán forma a su parrilla semanal.

Si quedaba alguna duda del carácter oficial del Centro, su inauguración formal ayudó a despejarla. La amplia presencia de funcionarios, entre ellas la del ministro interino de Cultura, Abel Prieto, y la primera Secretaria del Comité Provincial del Partido Comunista en La Habana, Mercedes López Acea, reforzó ese carácter.

La magnitud de la infraestructura, con teatro incluido, contrasta con la caída en desgracia de la antigua Casa de Cultura Roberto Branly, ubicada a pocos metros, y donde María Gattorno creó desde finales de los años 80 un refugio para la escena alternativa. Muchos de aquellos habituales se preguntan ahora si no hubiera sido mejor reactivar el lugar antes que construir otro.[[QUOTE:A diferencia de aquella meca del rock que albergó la diversidad a pocos metros del monótono Consejo de Estado, el nuevo Centro Cultural parece alejado de todo arte problemático]] Roberto, alias El Pescado, recuerda haber “movido la cervical durante horas” en aquellas presentaciones de rock donde las cuerdas sonaban hasta bien entrada la madrugada. “No está mal que abran este tipo de espacios aquí porque al barrio le hace falta, pero lo que no acabo de entender es por qué no invirtieron en rescatar El Patio de María, que es un lugar histórico”, comentó el viejo rockero.La cultura que el Gobierno promoverá en La Plaza no incluye darle refugio a esos contestatarios que se quedaron huérfanos cuando un memorándum firmado por el actual vicepresidente, José Ramón Machado Ventura, desactivó su lugar de encuentros y conciertos.

El Pescado es escéptico con el futuro de la nueva instalación. “Evidentemente tiene muchos recursos pero le falta alma todavía, hay que esperar a ver si la gente lo hace suyo, si lo asume”, reflexiona. “También le falta pasar la prueba del tiempo porque entre la falta de mantenimiento y el vandalismo es difícil que este tipo de centros mantenga la calidad”.

Como ejemplo de este deterioro, el rockero señala al centro cultural Enguayabera inaugurado en la barriada de Alamar en diciembre de 2015. “Ahora es más bien un lugar para ir a conectarse a la zona wifi porque la oferta cultural ha decaído mucho y también la infraestructura”, explica.[[QUOTE:La cultura que el Gobierno promoverá en La Plaza no incluye darle refugio a esos contestatarios que se quedaron huérfanos cuando un memorándum firmado por el actual vicepresidente, José Ramón Machado Ventura, desactivó su lugar de encuentros]]Durante dos años, los residentes de La Timba vieron cómo se levantaban las naves que albergan hoy al Centro. Empinadas y amplias, contrastan con una barriada donde todavía hoy una buena parte de las casas con techos de materiales ligeros que vuelan con los ciclones o dejan filtrar el agua de las lluvias de verano.“Lo más difícil fue proteger los materiales de construcción para que no se los llevaran”, cuenta a 14ymedio uno de los custodios que tuvo a su cargo la tarea de vigilar la explanada mientras se colocaban los primeros muros. “No hay que mirar mucho para darse cuenta de que muchas casas de la zona se mejoraron con lo que se sacó de aquí”, cuenta el hombre que prefirió el anonimato.

La mayoría de los vecinos está feliz por la oportunidad de que los niños de la zona tengan una opción recreativa más allá del maltrecho terreno deportivo de la escuela José Luis Arruñada o de perseguir vehículos para deslizarse detrás de ellos cuando las calles se inundan.[[QUOTE:La mayoría de los vecinos está feliz por la oportunidad de que los niños de la zona tengan una opción recreativa más allá del maltrecho terreno deportivo de la escuela]]Diana, madre de dos niños y residente a pocas cuadras de La Plaza, se apuró en llegar el domingo para la apertura formal, aunque la programación al público comenzará este jueves con un concierto de Luna Manzanares. “A mi hijo le encanta la música pero no había tenido la oportunidad ni el tiempo de llevarlo a ningún lugar para que aprenda a tocar un instrumento”, explicó la madre.

Cuando era adolescente, Diana hizo un taller de actuación en la Casa de Cultura Roberto Branly y lamenta que el local cerrara de repente y se convirtiera en un albergue para personas que no tienen casa. Cree que La Timba necesita más “variedad para todos los gustos los gustos" para evitar que los jóvenes se metan en la delincuencia desde muy pronto.

Luis Reyes, residente en las cercanías considera que se abre “una oportunidad de oro para los niños de este barrio”, aunque espera que el espacio “no se convierta en algo solamente comercial”. Los bajos recursos de las familias que viven en La Timba hacen difícil que puedan “pagar altos precios por un refresco, un jugo o un pan con algo”, puntualiza.

Por el momento, todo parece nuevo y recién hecho en el Centro La Plaza de 31 y 2. Los niños estrenan asombro, los padres indagan sobre los talleres que se impartirán y los vecinos miran la recién terminada instalación tratando de imaginar cómo estará dentro de cinco años.



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