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Delegados a la Asamblea Nacional del Poder Popular (Foto: Roberto Suárez/radiorebelde.cu)

LA HABANA, Cuba.- Un análisis de las palabras de Raúl Castro en la clausura del IX Período Ordinario de Sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) indica que más del 50% de su no extenso discurso estuvo referido a los Estados Unidos. Es como si la solución de los problemas del país estuviera sujeta a las determinaciones que sobre cualquier materia tome el gobierno estadounidense, algo que se contradice con el repetido lema del respeto a la soberanía nacional.

Del resto de su disertación, el mayor énfasis lo hizo en la parte de la economía que ha logrado la privatización, con una crítica —que llegó a ser personal— sobre lo que se ha permitido en este sector; pero al hablar de las cooperativas que se les da el nombre de “no agropecuarias”, en ningún momento mencionó que son anticonstitucionales. Su única preocupación gira sobre el enriquecimiento de los que practican estas formas de gestión económica, que —para el régimen— son un mal ejemplo al pueblo, porque no carecen de todo lo que necesita el cubano de a pie.

Como se pudo constatar en la reunión extraordinaria de la ANPP que se llevó a cabo en junio, el tema de la propiedad privada es central y polémico, en las llamadas “reformas económicas”, y a la conclusión que se llegó fue mantener la propiedad privada, pero “en las formas de gestión no estatales (el sector privado y las cooperativas) no se permitirá la concentración de la propiedad y la riqueza material y financiera en personas naturales o jurídicas no estatales”.

Sin embargo, de las incertidumbres del pueblo que se discuten una y otra vez en las Comisiones de la ANPP, sin llegar a algún resultado, comentó muy poco.

No fue tratado un problema tan serio como el déficit habitacional, de 883 050 viviendas en el país (cifra oficial), que contradice el objetivo de la “Revolución” trazado en el alegato al juicio del Cuartel Moncada, conocido como La Historia me Absolverá, donde Fidel Castro dijo: “Tan grave o peor es la tragedia de la vivienda. Hay en Cuba doscientos mil bohíos y chozas; cuatrocientas mil familias del campo y de la ciudad viven hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud”. La suma de estas dos tristes situaciones del pasado, no llega a la cantidad de viviendas que se necesitan en estos momentos en el país (un 8% de la población está sin techo); y según se explica crece cada año, sin encontrarse una solución.

Como una vergüenza nacional y una gran humillación para el sistema, se discutió en la Comisión de Atención a la Juventud, la Niñez y la Igualdad de Derechos de la Mujer, el hecho de que no llegan los juguetes a los niños y los que hay en las Tiendas de Recaudación de Divisas tienen precios inaccesibles para las familias cubanas. Después de 58 años tratando de establecer una sociedad justa, este es un punto que dicta los fracasos del sistema, los niños cubanos no tienen juguetes; pero peor aún, al cumplir los 7 años de edad pierden el derecho a tomar leche.

Desde que se hizo el plan y el presupuesto se alertó que en el 2017 persistirían las tensiones financieras y retos que podrían complicar el desempeño de la economía nacional. También se previeron eventuales dificultades con el suministro de combustibles desde Venezuela, a pesar de la voluntad de Maduro. No obstante, de la economía solo dijeron cosas positivas: avances en las inversiones, asegurada la educación y la salud, mejoría en el equilibrio monetario interno, el déficit presupuestario por debajo de lo previsto. Y sobre las relaciones económicas internacionales, “se ha logrado preservar el cumplimiento riguroso de las obligaciones resultantes del reordenamiento de la deuda externa (…) No hemos podido ponernos al día en los pagos corrientes a los proveedores”. De lo que se puede entender que por eso las tiendas están vacías y hay una gran escasez de diferentes productos, incluyendo medicinas.

Pero al parecer Raúl Castro y Ricardo Cabrisas Ruíz, este último ministro de Economía y Planificación, no se pusieron de acuerdo, porque el “Presidente” dijo: “El producto interno bruto creció en el primer semestre un 1,1% lo cual denota un cambio en el signo de la economía en comparación el año anterior.” Por su parte el Ministro aseveró: “Los análisis efectuados aún en esta temprana etapa del año, permiten informar que el (PIB) a Precios Constantes al cierre del primer semestre 2017, se estima crezca alrededor del 1,1%”. ¿Quién dijo la verdad? Muy probable que ninguno de los dos.

El análisis político también arrojó que, al hablar de las elecciones, no se refirió a su salida del Gobierno y el Estado, lo que se puede traducir a que exista la posibilidad que salga a relucir cualquier historia, en la que diga que le han pedido que no deje el poder.

Está claro que al pueblo de Cuba no le interesa oír lo que dice Raúl Castro. En la calle preguntamos de forma casual, y no técnica, a 30 personas si habían oído el discurso y solo una respondió que sí; algunos de los encuestados —de forma indirecta— dijeron que alguien les había comentado sobre “los americanos”, u oyeron que aprobaron algo del “agua”; pero de forma general se puede decir que la mayoría estaba desinformada.

Es este y no otro el trabajo que tienen que hacer los opositores en la Isla: motivar al pueblo para que conozca que el régimen no se ocupa para nada de la sociedad, no tiene interés en los problemas de los cubanos de a pie y es como si “gobernar” fuera mover las fichas de dominó, lo que todos conocemos como “dar agua”.

La solución democrática del país está en manos de la nación cubana, lo que incluye al exilio, pero hay que despertar el estado de letargo que tiene nuestro pueblo, que lo acepta todo protestando muy poco. Si bien no tenemos los medios de comunicación a nuestra disposición, podemos utilizar alternativas; solo hay que pensarlas y ponernos de acuerdo; no es necesario crear una organización para ello, no tiene que haber un único líder que dirija la maniobra, no hay que escribir largos documentos que después nadie lee; cada uno desde su posición y su organización puede cooperar. Es un reto que tienen que solucionar ya, los opositores y los exilados.


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