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(Foto: Ernesto Carralero)

LA HABANA, Cuba.- Mientras el aparato productivo nacional es transferido a manos de los militares los empleados de hoteles y tiendas se sienten cada vez más asfixiados por el método de gerencia castrense.

En el centro comercial de Carlos III, anteriormente perteneciente al Ministerio de Finanzas y Precios, el holding GAESA hace las condiciones imposibles a los trabajadores. Sometidos a constantes inspecciones y con salarios mediocres, se les ha tornado imposible continuar la “lucha diaria”.

Tobías, antiguo dependiente del centro, comenta: “Duré menos de un mes con la gente del GAESA. Al final me cansé y pedí la baja. Aquí todo el mundo sabe que con 300 CUP nadie vive (…) Cuando Carlos III era de Finanzas y Precios ellos tenían su propio cuerpo de inspectores”.

“Ellos venían, miraban, y te decían: ‘qué lindo están esos zapatos’”, continúa. “Ya tú sabías qué tenías que darles para que te dejarán pasar las cosas. Pero con la gente del GAESA es otra cosa. No porque sean incorruptibles sino porque tienen sus propias tiendas para militares y allí las cosas son por puntos así que no necesitan tanto los zapatos como los civiles. Al final decidí irme para mi casa. Total 300 CUP al mes no valen la pena”, concluye el entrevistado.

David, dependiente del lugar, dice: “Se acabó el invento con esta gente. No digas tú el invento: la razón común. Suponte que es verdad que no tienes que meter las manos —que en este país si no lo haces te mueres de hambre—, pero mira el caso de la merma. Puedes tener legalmente un número de merma. Eso es, por ejemplo, ropa que llegó mala o un par de chancletas rotas. Es para defectos de fábrica. Un caso sencillo, lo que me paso a mí: Una señora me compró un short azul, ese lote era de 50 azules y 50 verdes. La señora viene y me dice después que le cambie el azul por uno verde, porque el azul estaba medio roto. ¡Casi me llevan preso porque no entendían que seguía teniendo 49 shorts sólo que uno era merma y la señora quería que se lo cambiara por uno de otro color. Esa gente son unos brutos”.

El desabastecimiento que sufre desde hace meses el centro comercial se debe, según algunas fuentes cercanas a la cancelación de contratos por parte de los proveedores extranjeros.

Una funcionaria del Ministerio de Finanzas y Precios dice: “Es increíble, pero mucha gente está retirándose. No quieren hacer negocios con militares. Aunque tiene su sentido, ¿qué hacen los militares con un centro comercial?. Lo de ellos es marchar y limpiar fusiles”.

También las tiendas recaudadoras de divisas (TRD) se ven afectadas no sólo por los inspectores militares sino por el incumplimiento de los pagos por concepto de estímulo.

Ena, dependienta de una TRD en La Habana Vieja, comenta: “Mira esta misma tienda: El piso está roto desde hace meses. Avisamos, pusimos cartel y cuerda… estoy segura de que se quedará allí permanentemente porque siempre dicen que no tienen presupuesto. A nosotros nos deben desde diciembre más de 40 CUC por estímulo. Todos los meses nos dicen que nos lo dan el siguiente. Ahora dicen que en agosto nos lo dan. Pero reclamar no sirve de nada, con esta gente todo es ordene y mande”.

Los trabajadores de los hoteles que han pasado a manos del aparato militar también se encuentran descontentos con la nueva gerencia. La escasez de recursos para mantener los locales y la inmovilidad de los salarios están entre las causas principales.

Jorge, barman de un hotel en el Casco Histórico de La Habana, dice: “Estoy loco por salir pitando de aquí. Nosotros tenemos cerca de 400 plantas en el hotel. No sólo para adornar el lobby sino también las habitaciones. Ahora resulta que la gente del GAESA dicen que se puede ahorrar el dinero del jardinero y adivina quién tiene que regar las plantas: Yo mismo termino de preparar un trago y tengo que comer tierra. No bastando con ello me deben 1800 CUP por concepto de estímulo”.

Félix, empleado del mismo hotel, comenta: “Se están robando nuestro dinero de estímulo. Se la pasan diciendo que no tienen presupuesto, es lo mismo todos los meses. Pero escucha lo último: cuando nos lo dan igual te roban a la cara. Se supone que ese dinero se te da aparte de tu salario. Pues ellos te lo dan todo junto como si te estuvieran pagando de más y no te dan ningún comprobante de cuánto es el estímulo. A mí me pagan 400 CUP al mes y se suponía que me darían otros 300 CUP por estímulo en enero. Me pagaron 577 de salario y ahora preguntó y no que el resto no me lo pagan que ya me dieron extra un mes. Les digo que entonces el resto del estímulo pero me dicen que no hay más y se acabó. ¿A quién me quejo, al sindicato, al Gobierno, a la Policia? En este país todo es de los militares”.

La mala reputación que se va ganado la gerencia de los militares hace que muchos empleados decidan dejar sus puestos y evitan trabajar en centros controlados por empresas militares.

Susana, vendedora, dice: “Me pase años trabajando para CIMEX y al final me querían meter en el Hotel de la Manzana de Gómez. Ni muerta me meto allí adentro. Ahora están diciendo que si en algún momento te van a pagar comisiones por venta en las tiendas de lujo. Y la gente cae, como si no vieran en la mierda de país que terminaron todas las promesas”.

Yulien, otro bartender, dice: “Yo decidí irme del Hotel donde trabajaba cuando empezaron a robarme a la cara el dinero del estímulo. Uno tiene sangre en las venas. Además, después de ocho años sin coger vacaciones no estaba para que nadie me anduviera ‘hijoputeando’ de gratis”.

(Foto: Ernesto Carralero)

A pesar de las continuas quejas e inconformidades, la situación de los trabajadores no mejora. Las entrevistas realizadas a varios empleados civiles de las FAR así lo confirman.

Ana Luisa, trabajadora Civil de las FAR, dice: “La gente tiene que meterse en la cabeza que los militares son así. Yo trabajo directamente en una Unidad Militar, como secretaria. Tú los ves, la gente no tiene nada en la cabeza, es un mundo aparte. Si le das un hotel a un coronel el tipo se ha pasado la vida en villas militares, es lo único turístico que a visto. En estas villas te apagan el aire acondicionado y sólo lo puedes usar a partir de las 9:00 de la noche. Incluso en las mejorcitas te dan un par de toallas para una semana. La comida es mala pero bastante. El servicio es una auténtica porquería. Pero si es lo único que has visto te parece un lujo. Por supuesto, llegas a un hotel en La Habana y dices ‘pero y esta cantidad de cosas’. Te dicen que tienes que ahorrar y tu ahorras porque te parece que es demasiado”.

Sobre el trato de a los empleados civiles comenta: “Nada nuevo, así mismo te tratan aquí. Siempre hay un problema con el dinero y te ponen a hacer cosas que no te tocan. Su idea es de choque. Cada vez que dicen trabajo de choque yo misma tengo que ponerme a cargar bloques. Ser empleado de un militar es una desgracia”.

La mala atención que brindan los militares a sus empleados civiles ha logrado que sobre todo en La Habana la mayoría de sus unidades y centros no logren superar el 20% de sus plantillas civiles, según confirman fuentes. En los hoteles y centros que han comenzado a gestionar son cada vez más los empleados que deciden marcharse en busca de un lugar  mejores condiciones.


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