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Nikita Jruschov abraza a Fidel Castro en 1960 (The New York Times)

LA HABANA, Cuba.- Siempre que se comenta sobre la historia de la “microfracción” de 1968, ocurrida en el seno de la dictadura castrista, no se dice la verdadera génesis de aquel acontecimiento, desatado precisamente por orden de Moscú, en contubernio con los comunistas cubanos más viejos del país.

Al hurgar en aquellos hechos se hace evidente que los hermanos Castro han logrado silenciar durante décadas cómo Nikita Jruschov, primer ministro soviético entonces, trató de sacar del poder a Fidel por no ser confiable para el Kremlin.

La tan amada y solidaria URSS, a quien todavía le estamos pagando una deuda de millones de dólares, fue precisamente el país que urdió la compleja conspiración contra el dictador caribeño.

En el libro Memorias: el último testamento, dictado por Jruschov en 1960, puede que nos sorprenda esa verdad, que en la Cuba hoy de Raúl se desconoce, porque el libro de Jruschov sólo ha podido ser leído por los militantes más comprometidos de los Castro y ni siquiera la prensa nacional, ni los historiadores del patio, se ha atrevido a examinarlo.

El surgimiento de la microfracción se supo muy tarde, un 24 de enero de 1968, cuando en el pleno del Partido Comunista de Cuba, Raúl dijo que desde hacía dos años, a mediados del año 1966, se habían recibido informaciones sobre la existencia de una corriente ideológica contra la línea partidista, proveniente de gente importante dentro de la Revolución.

En octubre de 1964 Nikita fue destituido y expulsado del Partido comunista soviético. O Raúl se equivocó, o mintió respecto a la fecha de los informes.

A cincuenta años de aquellos hechos, donde fueron llevados a juicios sumarios más de cuarenta personas, entre hombres y mujeres, algunos de ellos muertos en situaciones sospechosas, hoy se sabe que fue Jruschov el artífice de aquel plan para poner a la Revolución en manos de los viejos y disciplinados marxistas cubanos.

A esa conclusión había llegado el régimen soviético desde finales de 1961, cuando comenzaron a mirar de reojo al máximo líder y también a Che Guevara, algo que ocultó Raúl aquel día en el pleno del Partido

¿Raúl quedaba fuera de las malas miradas del Soviet Supremo?

Para lograr su plan, Jruschov ordenó que la KGB organizara y financiara las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), con la ayuda de Aníbal Escalante y Osvaldo Sánchez. Este último era el jefe de la Dirección General de Inteligencia (DGI) y había nombrado a cubanos egresados de cursos de inteligencia en Moscú para dirigir ese organismo.

Como dato curioso, precisamente por aquellos días de 1961 llegaba a La Habana una espía a las órdenes de Moscú, nombrada Tamara Bunke, más conocida como “Tania la guerrillera”. ¿Su misión principal era el Che?

Bajo esas condiciones históricas fue que, el 17 de abril de 1961, mil cuatrocientos cubanos exiliados en Estados Unidos desembarcaron en Cuba, distanciado Fidel de la URSS y divididos los comunistas del país en dos bandos. ¿No podríamos pensar en posibles trabajos de espionaje entre la KGB y la CIA?

Mucho hay que investigar sobre lo acontecido durante estos años, más si tenemos en cuenta que la Declaración de La Habana, de enero de 1962, no sólo estuvo dirigida contra los Estados Unidos, sino también contra Moscú, donde se hizo saber que “la mayoría de los partidos comunistas latinoamericanos estaban compuestos por títeres moscovitas, incapaces de luchar con las armas en sus países”.

Entonces Fidel se consideraba un Alejandro Magno, nombre que se puso legalmente a los 17 años, tal vez ya soñando con ser un personaje más importante que el macedonio.


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