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De izquierda a derecha, el general de cuerpo de ejército Ramón Espinosa, el general de brigada Roberto Reyes La O y el general de cuerpo de ejército Leopoldo Cintra Frías (radiorebelde.cu)

LA HABANA, Cuba.- Tanto Fidel, como ahora Raúl,  han mantenido estructuras de gobierno que pasan por encima de las instancias oficiales.

La necesidad de contar con una estructura de poder que les garantice un control absoluto sobre todo cuanto existe en la isla, aun si ello vulnera algunas de las instancias institucionales de la nación, parece ser una cualidad genética de la familia Castro Ruz.

El mayor de los hermanos —obviamente no nos referimos a Ramón— dio muestras bien temprano de semejante actuación. Poco tiempo después de posesionarse del cargo de primer ministro del gobierno revolucionario en febrero de 1959,  Fidel Castro comenzó a nuclear en torno al Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) a elementos de su extrema confianza, muchos de ellos de franca inclinación comunista, con el objetivo de hacer avanzar más rápidamente su proyecto revolucionario.

De esa manera el máximo líder pretendía contrarrestar a los que consideraba como “elementos retrancas” que integraban el gabinete oficial, entre los que podríamos mencionar a Roberto Agramonte, Felipe Pazos y el propio presidente Manuel Urrutia Lleó.

Ya en la última etapa de su mandato, y para no perder la costumbre, Castro creó el denominado “Equipo de Apoyo y Coordinación del Comandante en Jefe”. Se trataba de un grupo de figuras, casi todas jóvenes, que constituían el gobierno real de la nación. Mediante ese mecanismo, Fidel Castro mantenía en un segundo plano a ministros y otros funcionarios oficiales.

Con el ascenso de Raúl Castro a la máxima dirección del país, algunos pensaron que llegaba a su fin la práctica de gobiernos paralelos, y en consecuencia saldría fortalecida la institucionalidad de la sociedad. A esa convicción contribuyó el hecho de que desapareciera el Equipo de Apoyo y Coordinación, y que muchos de sus integrantes cayeran en el ostracismo político.

Sin embargo, el paso del huracán Irma ha puesto al descubierto el gobierno paralelo del General-Presidente, con el agravante de que en esta ocasión no son jóvenes dirigentes de la esfera civil, sino  curtidos generales de Cuerpo de Ejército que refuerzan el militarismo de la sociedad.

Hace algunos años fueron liberados de la jefatura de los Ejércitos Occidental, Central y Oriental los generales de tres estrellas Leopoldo Cintra Frías (Polito), Joaquín Quintas Solá, y Ramón Espinosa Martín, respectivamente. Polito fue nombrado ministro de las FAR, mientras que los otros dos quedarían, aparentemente, como asesores de los nuevos jefes de esos mandos.

Pero las labores de recuperación tras el paso de Irma han servido para que los cubanos de a pie conozcan que el país se halla dividido en tres Regiones Estratégicas: la Occidental, la del Centro, y la Oriental. Y los jefes no podían ser otros que Polito, Quintas Solá y Espinosa Martín.

El General de Cuerpo de Ejército Joaquín Quintas Solá (ACN)

Comoquiera que la región central del país fue la más afectada por el meteoro, la labor del general de Cuerpo de Ejército Quintas Solá ha sido la más mediática. Así, hemos visto a este general de tres estrellas analizando la falta de agua en la ciudad de Trinidad, chequeando la producción pesquera en el puerto de Casilda, al tanto de la reparación de muebles para las instalaciones turísticas, así como indagando acerca de la cosecha de café en Topes de Collantes. Y todo combinado con la impartición de órdenes a ministros, primeros secretarios del Partido Comunista en las provincias del centro de la isla, y a otros funcionarios.  Es decir, que Quintas Solá es el verdadero hombre fuerte en el centro de Cuba.

Entonces bastan 13 estrellas —contando las cuatro de Raúl— en torno a una mesa de trabajo para decidir el destino de los cubanos.


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