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Interior de la Escuela Primaria Héroe de Yaguajay (Foto: María Matienzo)

LA HABANA, Cuba.- Este 4 de septiembre han empezado las clases en toda Cuba, pero la maestra Regla Socarrás no entrará a un aula como lo ha hecho los últimos 20 años de su vida en la escuela “Héroes de Yaguajay”, situada en la calle 9na, no 457, en el municipio Lawton.

“Pidió el retiro”, es lo que se informa en la escuela cuando algún ex alumno se interesa, pero no explican por qué la maestra decidió jubilarse ni que fue amonestada públicamente y sancionada a ejercer seis meses como auxiliar pedagógica por haber participado en el documental La singular historia de Juan sin Nada, del realizador Ricardo Figueredo.

La directora de Héroes de Yaguajay, Eleonor Felipa Martiato Soto, quien es además, según el realizador del documental, delegada de una circunscripción en Lawton, fue la encargada de ejecutar la sanción y catalogar de “subversiva” la participación de la maestra Regla en el documental.

La singular historia de Juan sin Nada explica en siete capítulos el panorama económico cubano de los últimos 58 años de revolución. Figueredo se apoya en la historia de un trabajador singular como lo es Juan sin Nada, para que otros hablen de la libreta de abastecimiento, el agromercado, las tiendas en CUC, el trabajo por cuenta propia, la corrupción, la migración económica, hasta llegar a lo que creen algunos que pueda ser una Cuba futura.

El protagonismo de la maestra Regla Socarrás no es mayor que el de otros entrevistados. Ella empieza hablando de su salario promedio de 515 pesos y según el guion va aportando su experiencia.

La maestra dice que “muy raras veces” va a las tiendas de CUC; que empezó el 10 de diciembre de 2007 y lleva 10 años pagando la deuda que contrajo con el Banco por haber cambiado su refrigerador; y que está “deseosa de comprarme una Reina y no me la puedo comprar”, refiriéndose a las ollas de presión eléctricas, a lo que agrega que solo podría hacerlo si sus hijos y marido decidieran ayudarla.

Después de la sanción Regla Socarrás está “aterrada”. Es la palabra que ha empleado el cineasta tras decidirse a denunciar el caso en las redes sociales.

“Tiene miedo a que la boten del trabajo que ha conseguido en un agro”, asegura Figueredo, “y la entiendo. Ella dice que de todas formas no quiere volver para el magisterio”.

El documental ha sido rechazado por todo el circuito cinematográfico del ICAIC.

“Fue presentada en al pasado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, en la última edición del Festival de Cine Santiago Álvarez y en la 15 Muestra de Jóvenes Realizadores, en ninguno de los certámenes ha sido aceptada”, denuncia su director en Facebook. “Fue aceptada en el Festival de Cine Internacional de Gibara y pocos días después fue revocada esa aceptación con una disculpa muy cobarde de los organizadores”, a lo que agrega: “De cualquier manera mi fe en cada uno de estos eventos hace tiempo está lacerada.”

Pero contra Ricardo Figueredo ni contra el resto de los participantes del documental, ha habido tanto ensañamiento, como contra la maestra. Que se sepa, ni Luis Alberto García Espinosa, quien hace la voz en off, ni el economista Juan Triana, ni el historiador Esteban Morales ni los demás protagonistas han sido amonestados ni humillados en público por decir que los salarios no alcanzan, que “el robo es circunstancial, pero la corrupción es un sistema”, o por declarar que la revolución energética fue un fiasco.

¿Por qué la maestra?

Los 515 pesos de salario promedio de los maestros en Cuba es solo la punta del Iceberg en un sistema educacional que se sostiene sobre la base de propaganda política, compromisos de promoción e ideología.

“¿Todavía pasan esas cosa en Educación?”, se asombra Tanya, sin darse cuenta de que ella misma tuvo que decidir en algún momento entre sus dos pasiones: dar clases y escribir poesía.

Y recuerda cuando María pasó por una situación similar en la Escuela de Instructores de Arte durante el curso 2002-2003.

“María quiso coger su R-20”, las vacaciones intermedias de los profesores, “para trabajar en la Feria Internacional del Libro y lo que se le armó fue tremenda cabecita de playa”.

Según Tanya, su colega fue llamada por la subdirectora de “temeraria”, y junto a la afirmación de “no te lo vamos a permitir” llegaron las sanciones: sin salario esa semana, una amonestación pública, más el análisis por el que tuvo que pasar frente al jefe de asignatura y otros profesores que se prestaron para mentir en su propio beneficio”, y concluye: “María no fue más a la escuela ni ejerció más como profesora”.

No hay estadísticas que agrupen cuántos maestros han tenido que dejar educación por peritaje, porque las consecuencias de trabajar con tizas les ha afectado las cuerdas vocales o porque el estrés acumulado les ha hecho padecer de hipertiroidismo o cualquier otra enfermedad asociada al sistema nervioso central.

De la graduación de 2002-2003, de donde son María y Tanya, quedan muy pocos en ejercicio de su profesión. Ellos tuvieron que sobreponerse a la “integralidad” de los conocimientos impuesta en la enseñanza media y sobrevivieron en la profesión los que asumieron “el reto”, pasaron a dirigir o subieron a la enseñanza universitaria.

Noraida pasó a ser celadora de un museo porque implicaba menos responsabilidad; Sheyla ahora vive en Ecuador; Marilín y Rosaylín trabajan en las oficinas de alguna organización política; Yunia tiene un trabajo que le permite viajar a China; Yanet y Marisol están de “garangao” en la Aduana del Puerto de la Habana; Paul también se fue del país. Adlig, Yoasley, Giselle e Isabel siguen dando clases.

Los análisis públicos que se hacen sobre la situación de la educación en Cuba tampoco abarcan el tiempo de superación reducida a la pedagogía, ni la burocracia ni las horas lectivas que deben asumir los profesores para cumplir con lo que estipula el ministerio.

Tampoco se habla de los “autos de fe” en el siglo XXI al que son sometidos los maestros al menor atisbo de flaqueza ideológica.

La exalumna que se acercó a la escuela Héroes de Yaguajay a averiguar por la maestra Regla Socarrás cree que en la respuesta de la directora no había “encono ni mala saña”, asegura. “No sé si era parte del teatro, pero en sus gestos había pesadumbre, a lo mejor porque tenía que asumir el aula de Regla o porque eran demasiados los que habían preguntado o porque era ella la que debía dar la cara por la decisión de otros”, pero la realidad es que se perdió otra maestra en medio de la crisis que el Gobierno tiene en las aulas.


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