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Viengsay Valdés en el rol de Carmen (Foto archivo)

LA HABANA, Cuba.- Con motivo de los 69 años del Ballet Nacional de Cuba (BNC), el sábado 28, hubo una celebración en el Salón Bucán del Palacio de las Convenciones a la que asistieron Alicia Alonso, Prima Ballerina Assoluta y Directora General de la compañía danzaria, y de Abel Prieto y Fernando Rojas, Ministro y Viceministro respectivamente del Ministerio de Cultura.

Al fundarse en 1948, la agrupación se llamó Ballet Alicia Alonso y enseguida empezó sus actuaciones internacionales, con piezas propias y del repertorio clásico. En 1955, la compañía cambió su nombre por Ballet de Cuba. Bajo el gobierno de Fulgencio Batista, en 1957, se fue a una extensa gira por la Unión Soviética. En 1959, la compañía se llamó definitivamente Ballet Nacional de Cuba y pronto comenzó a viajar por países socialistas de Europa del Este y Asia.

El sábado se unieron dos ceremonias que en principio debieron celebrarse separadas: la entrega de la Distinción por la Cultura Nacional a Joaquín Vanegas y la conmemoración del aniversario de la compañía. La presencia de Prieto y de Rojas se debió en primer lugar a la entrega de la Distinción, que otorga el Ministerio de Cultura, a Vanegas, fundador del BNC, bailarín, coreógrafo y gran maestro de ballet, formador de varias generaciones de bailarines.

En la segunda parte fueron entregadas, por la Alonso —de casi 97 años—, bellas monedas conmemorativas: al diseñador Salvador Fernández, por 50 años de servicio en la compañía, y la profesora Victoria Castellón y a la Jefa de Despacho Fara Teresa Rodríguez, por 40 años de servicio. Otros bailarines, maestros y trabajadores recibieron monedas por 20 años de labor y diplomas por más de una década.

A continuación, se sirvió un almuerzo, para el que no se quedaron Prieto y Rojas, que alegaron los preparativos para el paso de la tormenta tropical Philippe. Al final, hubo una actuación especial de la celebrada cantante Teresa Janet, finalista del concurso “Sonando en Cuba”, que interpretó cinco canciones.

Sin embargo, para muchos de los asistentes, nada de todo eso resultó tan llamativo como el gran despliegue realizado por la Primera Bailarina Viengsay Valdés, que asistió, como es natural, a este par de celebraciones. La Valdés llegó muy temprano, pero no entró al vistoso Salón Bucán hasta que llegó el Ministro Prieto acompañado por el Viceministro Rojas.

Entonces hizo su triunfal entrada con la poderosa escolta y se dedicó a pasearse por las mesas y a saludar a todos los que encontraba. Hay que tener en cuenta que Viengsay Valdés no se relaciona con sus compañeros más allá de las cuestiones de trabajo, a diferencia de otros bailarines principales. Se sabe en la compañía que ella allí no tiene ninguna amistad y que incluso no es motivo de alegría para algunos miembros de la dirección.

Es normal, además, que, en una temporada de ballet o un Festival Internacional —cuando la bailarina tiene una función donde, lógicamente, asumirá el rol protagónico, y donde, como acostumbra, de seguro tendrá una destacada actuación—, la Valdés compre 18 ó 20 entradas, algo que no se le permite a nadie, y las reparta entre militares de alto rango y figuras relevantes del gobierno para que asistan como sus invitados selectos.

Lo que hay en el fondo de estos actos no es, como pudiera creerse, simple demostración de poder o mero afán de brillar ante los potentados. La bailarina realiza en verdad una brutal operación de relaciones públicas para un objetivo muy claro y nada ignorado por los que se mueven en el ámbito de la esa emblemática compañía danzaria.

Viengsay Valdés parece ser la heredera del poder en el Ballet Nacional de Cuba. La sustituta de la Prima Ballerina Assoluta. Quizás la mismísima Prima Ballerina Assoluta de un futuro no tan lejano. Cuánto hay de ambición y propósito personal de ella y cuánto de decisión de las autoridades culturales y políticas, es algo difícil de deslindar. Pero lo que se ve como un hecho ya indiscutible es que la Valdés será la próxima Directora General de la compañía.

Sus padres, que fueron los primeros embajadores revolucionarios en Laos, y mantienen fuertes lazos con aquel país, le pusieron, cuando nació, el nombre de Viengsay a su hija porque esa palabra significa “victoria” en el idioma lao. Parece que la bailarina quiere llevar a la mayor consecución posible el simbolismo de su nombre.


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