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El Cerro, La Habana Rogelio Travieso (PD) El pasado 7 de noviembre hizo 100 años del golpe de estado conocido como la Revolución de Octubre.

Conocida la brutalidad empleada en su afirmación y sostenimiento, y los cambios sociales con estas características a que dio lugar, fuera preferible que nunca hubiese ocurrido.

En Rusia fue tenue y asordinada la conmemoración. Los antiguos países socialistas de Europa del Este menos aún la celebraron. En Cuba, quienes proclaman e imponen el socialismo, celebraron con amplia difusión en los medios y fanfarrias de júbilo el infausto evento.

Durante 30 años, de 1961-1991, los cubanos, mayoritariamente se mantuvieron engañados.

Desde el triunfo de la revolución, el régimen se adueñó de los medios de información y secuestró la libertad de información y expresión.

Los intelectuales y pueblo en general, se hicieron servidores del régimen. Quienes disentían de esos métodos de obediencia, se señalaban y se exponían a represalias. No olvidar la advertencia de Fidel castro: “¡Dentro de la Revolución, todo fuera de la Revolución, nada!”.

En marzo de 1968, el Máximo líder declaró la Ofensiva Revolucionaria. El pueblo cubano fue hecho aún más dependiente del todopoderoso estado. No fue posible subsistir ajeno a esta dependencia.

En 1976 se refrendó la nueva Constitución. Parte del preámbulo de esta era servil con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La figura no socialista ni comunista de José Martí, la unieron a personajes como Carlos Marx y Vladimir I. Ulianov, alias Lenin. Decía en ese preámbulo que “los lazos de amistad con la URSS” eran “indestructibles”.

Stalin murió meses antes del asalto al cuartel Moncada. Durante el estalinismo, las purgas y asesinatos fueron monstruosos. Al morir dejó no menos de 10 millones de confinados en los campos de concentración.

En 1956, en el XX Congreso del PCUS, Nikita Jruschov hizo público el informe secreto que denunciaba los horrores del régimen estalinista.

También en 1956, por orden de Jruschov, se produjo la intervención soviética en Hungría y fue ahogada en sangre las protestas del pueblo húngaro contra el comunismo.

Ese mismo año, 1956, Fidel Castro y 81 expedicionarios a bordo del yate Granma, desembarcaron por la parte oriental de Cuba.

En el número 501 de octubre 2017, en Primavera Digital escribí: “Las promesas de Permítanme citar a Fidel Castro en dos fragmentos del alegato “La Historia me Absolverá”, en el juicio por el ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio en 1953.

“En Cuba existen suficientes canteras, para que cada familia cubana tenga una vivienda decorosa”.

“Mis condiscípulos, hijos de humildes campesinos, iban descalzos a las escuelas por lo general y llevaban muy mala ropa. Eran muy pobres. Aprendieron malamente las primeras letras, y aunque inteligentes de sobra, bien pronto abandonaron la escuela y se sumieron en el mar sin esperanza de la ignorancia y de la penuria, sin que uno solo se haya salvado del naufragio inevitable. Sus hijos hoy estarán repitiendo el ciclo de sus padres bajo el peso de un fatalismo social. Yo pude, y seguí estudiando. ¡Cuantos, sin embargo, lo hubieran querido y no, pudieron! Todo ha seguido igual desde hace más de veinte años. Mi escuelita un poco más vieja, mis pasos un poco más pesados, las caras de los niños quizás un poco más asombradas y, ¡nada más! Es probable que haya ocurrido así desde que nació la República y continúe invariablemente igual, sin que nadie meta con seriedad las manos en tal estado de cosas. Así nos hacemos la ilusión de que poseemos una noción de justicia.

Todo lo que se hiciera en relación con la técnica y organización de la enseñanza, no valdrá de nada si no se altera de manera profunda el statu quo económico de la nación. Es decir, la condición material de la masa del pueblo, que es donde está la única raíz de la tragedia.

Más que ninguna teoría me ha convencido de esto, a través de los años, la palpitante realidad vivida. Aun cuando hubiese un genio enseñando en cada escuela, con material de sobra y lugar adecuado, y a los niños se les diese la comida y la ropa en la escuela, más tarde o más temprano, en una etapa u otra de su desarrollo, el hijo del campesino humilde se frustraría hundiéndose en las limitaciones económicas de su familia. Más admito, que el joven llegue con la ayuda del Estado a obtener una verdadera capacitación técnica, pero también se hundiría con su título, como en una barca de papel en las míseras estrecheces de nuestro actual statu quo económico y social.”

Después de 64 años del alegato La Historia me Absolverá y casi 59 de poder revolucionario, en Cuba tenemos un fondo habitacional deficitario y muy deteriorado por la falta generalizada de mantenimiento.

Tras el paso del huracán Irma, en algunas partes en el campo, se construyen viviendas para los damnificados con tablas de palmas.

Para dicha de los habaneros, no ha pasado directamente por “La Ciudad Maravilla” un fenómeno con las características de Irma.

Cuánta razón tenía el peruano Eudocio Rabines en el libro La gran estafa que escribió debido al desencanto con el comunismo tras sus dos viajes a la URSS.

¿Acaso la llamada revolución cubana es o no una falacia, una gran estafa?

¿Se cumplió en alguno de los dos ejemplos señalados con anterioridad de La Historia me absolverá?

Si quienes celebraron el centenario de la Revolución de Octubre, hubiesen leído La GRAN ESTAFA y EL LIBRO NEGRO DEL COMUNISMO, quizás hubiesen dejado pasar inadvertida esa fecha.

Rodrigo Londoño (alias Timochenko), con 117 órdenes de captura y 164 años en solicitud de condenas, aspira a ser candidato a la presidencia de Colombia. Seguro que Timochenko y el ejecutivo de las FARC celebraron el centenario de la Revolución de Octubre.
rtraviesopnhp2@gmail.com; rogeliotravieso@nauta.cu ; Rogelio Travieso, Móvil 538 59142 *Partido Liberales de Cuba.


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