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Catedral de La Habana (travelyesplease.com)

LA HABANA, Cuba.- Después que Manuel Moreno Fraginals (1920-2001), especialista en historia económica de Cuba, expuso las razones para afirmar que la isla caribeña no fue una colonia cualquiera, los que comentan en los medios de prensa del país la trayectoria económica castrista guardan un absoluto silencio.

Si fue así, ¿cómo calificar entonces a la Cuba de hoy, desaparecido su antiguo comercio, su industria: un catastrófico retroceso en todos los órdenes económicos?

Moreno Fraginals señala que en 1820 Cuba era ya el primer productor de café en el mundo, el primer productor de azúcar a partir de 1900, hasta los años treinta, el primer exportador de cobre entre los años veinte y comienzos de los cuarenta, el primer exportador de bananos de gran calidad durante sesenta años, y que no dejó de ser un importante exportador de miel de abeja durante décadas.

Luego señala que el término de colonia no le venía bien a la Isla, ya que, desde el siglo XVIII, reexportaba libremente a donde quería y porque casi el 90% de los centrales azucareros pertenecieron a los criollos, no a los españoles.

Este análisis de Moreno Fraginals puede comprobarse en las páginas del libro Historia de Cuba, de Fernando Portuondo del Prado, donde aparece en todos sus detalles por qué el país prosperaba con el pasar de los años.

Para Portuondo, esa prosperidad comienza a partir del descubrimiento, cuando surge la riqueza aurífera y cuando en 1523, autorizado el comercio entre las colonias, Cuba se convierte en el principal mercado abastecedor de comestibles y caballos a España, México y Perú.

Otra era de bienestar por esos años y los siguientes fue el hallazgo de las minas de cobre en el oriente cubano y, sobre todo, el auge de la ganadería. En sólo un año la exportación de cueros vacunos era de veinte mil piezas, cargamentos enviados en cincuenta barcos, un movimiento marítimo considerable para un país tan escasamente poblado.

Tanta era la riqueza ganadera que en Santiago se vendía cada res en catorce reales, lo mismo que una gallina en La Habana. En La Habana se adquirían cinco libras y cuarto de carne de vaca por la misma suma, mientras que unas medias de algodón, importadas de Sevilla, costaban veinticuatro reales, o sea, el precio de dos reses.

Fue a partir de 1800 que la industria azucarera se vio beneficiada con más de mil doscientos ingenios, con una exportación que pasó de diez millones de arrobas al año, la exportación de café fue superior a dos millones de arrobas y el tabaco, gracias a la libertad de su elaboración, estaba entre los productos de más demanda, así como la miel, el aguardiente y la cera.

Fue este, pudiéramos decir, un siglo memorable, donde aparecen las demandas cubanas de igualdad política y libertad de comercio, gracias a Francisco de Arango y Parreño, uno de los hombres más geniales de Cuba, con su propuesta de dos libertades esenciales: el sufragio universal y el comercio sin restricciones.

Seguramente por esos aires, el siglo XIX se inicia con actividades políticas hasta entonces desconocidas en Cuba: conspiraciones para la independencia y para la incorporación de la Isla a los Estados Unidos.

A partir de entonces, comienza la destrucción de la economía cubana, sobre todo producto de la guerra de 1895, aunque es sabido que bastaron sólo unas décadas de gobiernos republicanos, ayudados por Estados Unidos, para que se restableciera su ritmo económico anterior, un tema para un trabajo posterior a este.


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