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Una mujer lee la propuesta política de la plataforma #Otro18 (Foto archivo)

LA HABANA, Cuba.- La agencia española EFE ha realizado una entrevista a Manuel Cuesta Morúa, portavoz del movimiento #Otro18. El título refleja el comentario quejoso formulado por el veterano dirigente, que se autodefine como socialista y opositor: “Ningún candidato independiente pasó los filtros para los comicios municipales en Cuba”.

Utilizo el argot beisbolero y pregunto: ¡Pero eso no era una jugada cantada? ¿Todavía no se habían enterado de que Cuba es un Estado-Policía! ¿No saben que en nuestro país la gente tiene miedo! ¿Ignoran que los cubanos de a pie temen que, al adoptar en público cualquier postura contestataria, los despidan del trabajo y pierdan su sueldecito de hambre?

¿O que sus hijos sufran discriminación en sus centros de estudios? ¿O ser incluso arrestados? ¿O sometidos a proceso por ilegalidades inventadas? ¿O por las que en verdad tienen que perpetrar para sobrevivir en medio del desastre económico entronizado por el inviable sistema!

La pretensión de los compatriotas de Otro18 —y también de Candidatos por el Cambio— podemos calificarla de peregrina: Utilizar el sistema comicial tramposo diseñado por sí y ante sí por el astuto Fidel Castro —y plasmado en la Constitución y en la Ley Electoral—, para intentar introducir cambios en el país, equivale a querer bailar en casa del trompo.

Acaba de terminar la etapa de nominación de candidatos a concejales. Se trata de asambleas de vecinos, en las que éstos escogen a uno de los que aspirarán a delegado municipal. La trampa radica en que la votación se hace a mano alzada, de modo que los ubicuos representantes del régimen se enteran de quiénes, en su caso, votaron por cualquier candidato “problemático”.

La magnitud del fracaso ahora sufrido se refleja en las cifras ofrecidas: “más de 170 candidatos vinculados a #Otro18 se postularon de manera independiente”. Pero ya vimos que ninguno logró el objetivo. Cabe destacar lo limitado de la aspiración: menos de dos centenares de ciudadanos para miles y miles de cargos edilicios, Y conste aquí que no critico la falta de esfuerzos de los aspirantes, sino lo amañado del sistema.

Según el entrevistado, los métodos empleados por las autoridades para lograr ese resultado han sido diversos: ocultaron la fecha de asambleas de nominación, celebraron juicios por “delitos prefabricados” y hasta perpetraron un pucherazo en toda la línea: en un municipio, “los vecinos postularon al candidato independiente Michel Piñero, pero su nombre fue cambiado en el acta final”.

No obstante, el optimismo del “socialista opositor” es incombustible: “A pesar de no haber sido confirmado ninguno de los candidatos independientes, Cuesta Morúa se mostró satisfecho porque, según destacó, se ha cumplido uno de los objetivos de #Otro18, que era demostrar que las voces independientes cuentan con respaldo popular”.

Acude a mi mente el viejo refrán: “Para ese viaje, no hacían falta tantas alforjas”. Como es obvio, el “respaldo popular” supuestamente demostrado en ese proceso tramposo sería minoritario. ¡Y eso no es la verdad!, sino una distorsión de ella.

Que, debido a la represión feroz del régimen, nuestros compatriotas ahora no puedan demostrar su respaldo a quienes discrepamos; que muchos ni siquiera sepan que coinciden con la oposición (pues el control totalitario de los medios masivos no les permite enterarse de ello), es otra cosa. En su momento sucederá en Cuba lo mismo que en los antiguos países socialistas de Europa: se hará evidente que la mayoría del electorado no apoya a los comunistas. Pero eso será cuando comience el desmontaje del sistema totalitario.

Mientras tanto, es menester que quienes se enfrentan al castrismo a cara descubierta se formulen una pregunta: ¿Tiene sentido pretender utilizar las limitadísimas posibilidades electorales que en la actualidad ofrece el régimen para intentar realizar los cambios que se necesitan?

La pregunta no es ociosa. Ahora mismo, las respuestas encontradas que en Venezuela le dan a ella los demócratas que se enfrentan al chavismo, han dividido a la oposición de ese país. No pretendo terciar en ese diferendo. Pero tengo que reconocer las abismales diferencias que, en ese campo, existen entre Cuba y la Patria de Bolívar.

En Venezuela se reconoce la existencia legal de partidos de oposición. Éstos pueden postular candidatos a los cargos públicos. Allí no rige una regla absurda como la de Cuba, que prohíbe realizar campañas electorales. Por consiguiente, los demócratas de allá pueden presentar sus programas de gobierno, que incluyen la crítica a las políticas gubernamentales.

Es cierto que la mayoría del Consejo Nacional Electoral está controlada por el Poder Ejecutivo, pero uno de sus integrantes tiene ideas democráticas y todo el sistema comicial es sometido a auditorías en las que participa la oposición, cuyos partidos cuentan con delegados a todos los niveles.

Nada de esto sucede en Cuba. Aquí, las comisiones electorales están conformadas en su totalidad por castristas confesos. La pertenencia al partido único y a las “organizaciones de masas”, que el régimen creó y controla, constituye un requisito indispensable para ostentar algún cargo de ese tipo. La idea de que personas de ideas discrepantes supervisen los resultados electorales a nivel municipal, provincial o nacional, es simplemente impensable.

Aquí es imposible que algún opositor sea diputado o delegado provincial. Los candidatos a estos cargos los nomina el mismo régimen. Además, la “elección” de todos ellos está asegurada, pues su número es igual al de los cargos a cubrir. Para colmo, la Ley 89 regula el proceso de “revocación de mandatos”. Éste garantiza el despido de todo aquel que moleste al gobierno.

En esas condiciones, ¿por qué habría de ser “otro” el venidero año de elecciones? No, como reza la vieja canción popular, “el cuartico está igualito”. Por eso, si somos honestos y objetivos, sólo podremos hablar de “El mismo 18”.


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