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Campesino cortando caña en Cuba (Foto: Conexión Cubana)

LAS TUNAS, Cuba.- “Los trabajadores están contentos, este año pagaron bien la caña”, me dijo el pasado viernes un cooperativista, poco después que en su Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC), este 4 de noviembre festejaran el Día de la Caña de Azúcar.

En la pasada zafra (2016-2017), según el rendimiento azucarero, el Estado pagó a los agricultores cañeros entre 140 y 160 pesos (unos cinco o seis dólares) por tonelada de caña, por lo que los productores más favorecidos ganaron entre 8400 y 9600 pesos (entre 336 y 384 dólares) cuando cosecharon 60 toneladas por hectárea, algo difícil de lograr con los bajos rendimientos cañeros que hoy se registran en Cuba.

“En mi cooperativa hubo quien ganó más de veinte mil pesos”, me dijo con la proverbial candidez rural un agricultor. Tal modo conformista de ver los precios de la caña hace preguntarse, en tanto en Cuba la caña de azúcar forma parte de la nación: ¿En realidad el Estado cubano paga lo que debe al productor cañero…?

“Como media estimada, el 10% de la caña es azúcar; con ese rendimiento 100 toneladas de caña producen 10 toneladas de azúcar”, me dijo un químico azucarero, graduado de ingeniero y con larga experiencia en la industria.

En la bolsa de Nueva York el pasado 11 de mayo, precisamente concluyendo la zafra azucarera cubana, la libra de azúcar se cotizaba a 15,50 centavos, rondando los 340 dólares la tonelada. Pero ese día los precios del azúcar se cotizaban al alza, estimándose que la libra alcanzaría los 18,83 centavos, poco más de 400 dólares la tonelada.

Salta a la vista según las cifras la explotación que, a manos del Estado monopolista cubano que dice ser socialista, es sometido el productor cañero en Cuba. Si una hectárea produce 60 toneladas de caña, al 10% rendirá 6 toneladas de azúcar. Y si el Estado castrista paga 9600 pesos (384 dólares) por esas 60 toneladas de caña, huelga decir que, con el dinero obtenido por la venta de una tonelada de azúcar en el mercado internacional, mal paga al productor cubano, quedando en manos del Estado el valor de 5 toneladas de las 6 que produce una hectárea de caña.

Para quienes alegan fluctuaciones en los precios del mercado internacional, baste decir que en el mercado doméstico tiene el Estado castrista su más fiable seguro contra los vaivenes de la bolsa de valores.

A precios fijos, en el mercado paralelo a la cartilla de racionamiento, en Cuba la libra de azúcar parda cuesta seis pesos (24 centavos dólar), por lo que una tonelada de azúcar comercializada en el mercado interno ingresa al Estado la bonita suma de 13 020 pesos, (520 dólares) haciendo que al Estado castrense baste y sobre dinero para con la venta de una tonelada de azúcar a los mismos cubanos dentro de sus fronteras, pagar 60 toneladas de caña a los esquilmados agricultores cañeros.

Pero la caña no sólo produce azúcar, sino otros muchos derivados, incluso con precios superiores. El pasado jueves 11 de mayo, precisamente cuando el precio del azúcar se cotizaba al alza en la bolsa de Nueva York, en el programa Mesa Redonda de la televisión cubana, el ingeniero Carlos González Abreu, jefe del Grupo de Derivados de Azcuba (empresa estatal que administra la agroindustria azucarera) dijo: “Una tonelada métrica de caña produce 120 kilogramos de azúcar, 38 kilogramos de miel, 36 kilogramos de cachaza, 60 kilogramos de paja y hojas, 100 kilogramos de cogollo y 250 kilogramos de bagazo.”

Al respecto, el ingeniero químico entrevistado a condición de anonimato dijo: “Ese 20 o 25% de bagazo considérelo papel, tableros y combustible, porque el central azucarero trabaja con él, y produce con eficiencia, y no sólo se autoabastece de energía eléctrica, sino también produce electricidad para otros usos; de la miel final o tercera se obtiene alcohol, rones —muchos carísimos—, y por supuesto, alimentos de gran aplicación en la ganadería y otros derivados. Furfural, por ejemplo, que es un ácido con gran aplicación química; la cachaza se emplea en la fabricación de cera cruda y a partir de ésta se produce cera refinada, empleada en la producción de cosméticos y medicamentos. Mire, de la caña nada más se pierde el humo, toda ella tiene utilidad, solo que el productor mal percibe un porciento por su rendimiento en azúcar”, concluyó el ingeniero químico.

El difunto Fidel Castro, en La historia me absolverá, su alegato de autodefensa por el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, a fin de cuentas termina condenado por la historia. Según el difunto Castro, asaltó el Moncada porque entre otras razones, en Cuba debían promulgarse leyes revolucionarias. La primera ley debía restituir la Constitución de 1940, la cuarta ley revolucionaria, la agrícola, “conferiría a todos los colonos (productores) el derecho a participar del 55% del rendimiento de la caña”.

“¡Cómo usted dice…! ¿Qué según dijo Fidel (Castro) en La historia me absolverá deben pagarnos el 55% del rendimiento de la caña?”, exclamó asombrado un productor cañero para luego añadir entre taciturno y conformista: “Mire, hasta con el 25% yo me conformaría.”

Y no le falta razón al labriego: el 55% prometido en La historia me absolverá se fue a bolina; hoy quienes producen caña de azúcar en Cuba reciben menos de la cuarta del rendimiento azucarero de una tonelada de caña, y para ilustrarlo ahí están las cifras.

Si una hectárea produce 60 toneladas de caña, al 10% rendirán 6 toneladas de azúcar, que, vendidas a precios fijos en el mercado paralelo nacional a seis pesos la libra, producen 78 120 pesos (3124 dólares) de los que el productor cubano, ese inclinado sobre el surco, sólo percibirá 9600 pesos (384 dólares). Y eso, pagada la tonelada a 160 pesos, pues en la zafra 2015-2016 el Estado llegó a pagar la tonelada de caña a menos de 100 pesos.

La Asociación de Técnicos Azucareros de Cuba (ATAC) recién realizó la junta general de asociados en el Centro de Convenciones Lázaro Peña, en La Habana, según reportó el periódico Juventud Rebelde (JR) este martes. Según JR Miguel Toledo, secretario ejecutivo de la ATAC dijo: “la atención a los jóvenes es hoy una prioridad, por lo que se trabaja de manera intencionada en este sentido, en función de una agroindustria eficiente, diversificada, sostenible, flexible, y que sea capaz de aportarle más al país”.

Para un hipotético epitafio de la ATAC al servicio de desastrosas políticas castristas en la industria azucarera cubana, cabe recordar: si en Cuba en otra época se dijo que sin azúcar no había país, y la afirmación no sólo entrañaba un sentido económico sino también sociocultural, ahora cabe apuntar que si no se paga lo debido a quienes se inclinan sobre los surcos, pronto no tendremos cañaverales, y sin cañas, habremos perdido nuestros ancestros, valga decir la nación.


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