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Luz Escobar

Cuando la niña cumplió siete años la familia dejó de hervir el agua de tomar. “Me llevaba mucho tiempo”, explica la madre en la consulta de gastroenterología. Poco después, la pequeña mostró síntomas de estar infectada con amebas, un parásito muy vinculado a la mala calidad del agua potable en la Isla.

Primero llegó el malestar, después las diarreas y más tarde los vómitos. Para cuando acudieron al hospital el diagnóstico era evidente: amebiasis intestinal. Ahora, la niña está bajo tratamiento médico y los padres han regresado a la práctica de hervir el agua. “No se puede confiar en la que llega por la pila”, reflexiona la abuela.

Investigaciones médicas realizadas entre los años 2013 y 2014 en La Habana y Santiago de Cuba revelaron que los cubanos tienen una baja percepción del riesgo de contraer Enfermedades Diarreicas Agudas (EDA). Además, la mayoría de los encuestados aseguró consumir el agua tal y como llega por las tuberías.

El estudio alertó de un bajo consumo de agua hervida en los hogares, la mayor parte de las veces motivado por falta de tiempo o de recursos para la cocción. Según los datos arrojados por el último censo realizado en 2012, solo el 77,8% de las viviendas cocinan con gas manufacturado o licuado.

Las familias que solo cuentan con cocinas eléctricas o elaboran sus alimentos con keroseno se lo piensan más para procesar el agua. “La cuenta no me da y se me dispara la factura eléctrica si me pongo a hervir todo el agua que consumimos en esta casa”, asegura María del Carmen, vecina de la ciudad de Camagüey.

Con un pozo en el patio, la mujer reconoce que lo mejor sería “ir al seguro” y darle algún tratamiento adicional al agua que consume la familia. Tanto ella, como su esposo y sus dos hijos han sufrido repetidos cuadros de infestación por parásitos intestinales. “Cuando no son las amebas, son las giardias”, cuenta.Algunos vecinos optan por los filtros de agua, de fabricación surcoreana, que se han vendido en la red de tiendas nacionales. Sin embargo, las autoridades del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) advierten que estos procesadores, fabricados con carbón activado y otros elementos, no son capaces de eliminar las bacterias y microorganismos más peligrosos.

La calidad no es la única razón para que muchos no usen los filtros. “Son muy caros, porque lo menos que cuestan son 65 pesos convertibles y los repuestos no bajan de 10”, lamenta María del Carmen. Desde hace algunos meses la familia camagüeyana ha comenzado a usar una solución de hipoclorito de sodio al 1% para purificar el agua.

“El problema es que no siempre hay en las farmacias, entonces nos pasamos varias semanas tomando agua limpia y después hay que volver a los viejos hábitos porque no han suministrado el producto”, explica la madre de familia.

En los foros de sitios que ofertan viajes turísticos a la Isla se amontonan las preguntas sobre si los viajeros pueden consumir el agua de la pila. Las advertencias de no hacerlo son contundentes y algunas turoperadores recomiendan incluso viajar con pastillas de cloro para usar durante la estancia.

Los propietarios de casas que rentan a extranjeros tratan de mantener un suministro de agua embotellada, pero los costos son altos para el bolsillo de un trabajador. Si un individuo consume entre dos y tres litros de esa agua diariamente, necesitaría unos 40 CUC mensuales para abastecerse, en un país donde el salario promedio ronda los 25 CUC.

Una investigación realizada por la Universidad de Miami señaló algunos problemas importantes que impiden la potabilidad del agua en la Isla. Entre las observaciones básicas se menciona la existencia de tuberías envejecidas que en muchos casos están “tan corroídas” que con frecuencia el líquido se contamina.

El estudio apuntó que debido al desabastecimiento “la mayoría de los cubanos tienen cisternas o tanques de agua” y que la falta de presión es un problema en muchos edificios multifamiliares además de la irregular eliminación de la basura, que en muchas ocasiones termina contaminando el agua almacenada.La profesora de Ingeniería Helena Solo Gabriele de la universidad norteamericana detectó en el estudio realizado en La Habana que buena parte del problema proviene del manto acuífero debajo del río Almendares.

"El río está recibiendo todas las aguas residuales, y el agua de los ríos se infiltra en el acuífero, poniendo en riesgo el agua potable", alertó la especialista.

Aunque no hay cifras oficiales actualizadas sobre el grado de infestación por amebas o giardias entre los cubanos, la última encuesta nacional sobre el tema, realizada en 1984, demostró que estos parásitos tenían una prevalencia de un 7,2%.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) ha decidido tomar cartas en el asunto y junto al Minsap inició la campaña “Agua Siempre Segura” en barrios desfavorecidos como La Timba, en La Habana y Chicharrones, en Santiago de Cuba.El proyecto estima que para el próximo año unos 27.700 pobladores de los territorios donde se ha trabajado hayan mejorado sus comportamientos higiénicos sobre el lavado de las manos, almacenamiento y uso de agua segura.

La doctora Oria Susana, especialista del Departamento de Promoción de Salud a nivel nacional, advierte a quienes almacenan el preciado líquido que “la calidad del agua se deteriora con el tiempo” y recomienda que siempre antes de utilizarla “es necesario clorarla”.  

Sin embargo, la cisternas, los tanques elevados y los cubos de almacenaje se quedarán por largo tiempo en la rutina de los cubanos, pues solo el 5,7% de la población tiene acceso a agua corriente las 24 horas del día.

Las cifras ofrecidas por Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos reflejan que el pasado año solo 654.001 contaron con la presencia de agua en sus hogares a cualquier hora del día, una caída en los números en comparación con 2015 cuando se beneficiaron 1.036.686 consumidores.

“Lávese las manos con agua corriente y enjuague los vegetales abundantemente bajo la pila”, reza un cartel a las afueras de la consulta de gastroenterología de un policlínico habanero. El mural recomienda también hervir el agua o clorarla para no enfermarse pero todos los que esperan en la fila para ser atendidos creen estar infectados con algún parásito.


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