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(AP)

LA HABANA, Cuba. Ahora que ya ha recalcado su salida durante el próximo mes de abril, ¿pudiéramos imaginar al generalísimo Raúl Castro deprimido, angustiado, frustrado, en sus últimos días como jefe de un gobierno en ruinas?

¿Sentiría pena al dejar a Cuba peor que nunca, con el bajo precio de las miserables exportaciones cubanas, el huracán Irma, la situación caótica de Venezuela, más las inteligentes decisiones de Trump?

¿Sería capaz de tener un último gesto de respeto, y en esos días finales de su administración pedir perdón a las masas, porque a través de su cacareado Modelo Económico, no pudo cumplir con su promesa de resolver un vaso de leche para el desayuno de los cubanos de a pie?

Así deja a Cuba, un país donde no se trabaja, porque apenas se paga. Un país donde no se produce nada.

El 31 de julio de 2006, el General en Jefe heredó de su hermano y de manera temporal, la presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros, así como el liderazgo del Partido Comunista, como solución para prolongar la dictadura. Por último, el 24 de febrero de 2008, fue electo presidente. A partir de ese día, asumió las políticas disparatadas de su hermano, apoyadas también por él durante cuatro décadas.

La retahíla de males es tan larga, que los tiros le siguen saliendo por la culata.

Su última voluntad ha sido reciclar al hermano iluminado, puesto que sabe que la Revolución está agotada. Pero se trata de un reciclaje que no hace efecto, donde Fidel Castro no sobrevive en cada uno de los trabajadores. Raúl hace como si pagara mejor que su hermano y los “indisciplinados” trabajadores, hacen como que trabajan.

Por eso el generalísimo sabe que la Revolución no será eterna, que de nada le ha servido haber convertido a sus Fuerzas Armadas en la más importante de América Latina, en ser un hombre de línea dura, un gran organizador. El pueblo ha ofrecido una señal al General en Jefe, a pesar de que las alas del pueblo todavía son demasiado pequeñas: 1 869 937 cubanos, ya sin miedo, de una forma u otra, han expresado su rechazo al comunismo absteniéndose de ‘votar’. Ni siquiera le valieron al General que sus maniobras militares intentaran distraer a los cubanos de sus graves problemas reales.

Raúl está a punto de irse a casa. Veremos qué hará para prolongar la dictadura.

En su morada, no podrá hacer otra cosa que analizar todas sus equivocaciones. Hasta le vendrán a la mente aquellos tres jovencitos, fusilados por él en 2003, “como escarmiento”, mientras pedían que no los mataran.


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