We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.


Cubaverdad on Twitter

Casas destartaladas (foto del autor)

VILLA CLARA, Cuba.- A diferencia del año anterior, cuando los faustos anuales que distinguen al poblado resultaron suspendidos por la partida del comandante un mes previo (y acabaron pospuestos y/o demediados los festejos en toda la provincia), parecen haberse olvidado ya los negros tiempos de congojas, pues las autoridades enfáticas del territorio se apresuran a preparar unas actividades de rechupete –geronto-controladas, claro– con muchos invitados ministeriales que para nada agradan a la mayoría, pero que evidencian la trascendencia inmediata que pretenden otorgarse.

Notable es que lancen por los aires –como si fueran cohetes– unos recursos materiales costosísimos y escasísimos hoy entre los listados de productos para la reparación de instituciones significativas (como el mismo Teatro Villena, 1923) o cientos de viviendas afectadas, cuando del territorio recién comienzan a reorganizarse tras el paso del tenebroso huracán 3 meses atrás, porque muchos de los que allí asistirán para ahogar en alcohol el mal momento y quedarse medio cegatos bajo el fugaz deslumbre, harán como que al regreso no los aguarde una casita destechada u otra pertenencia irrecuperablemente rota. Quizá encontrarse hasta un  vecino desesperado profiriendo implacables alaridos contra sí mismo y el resto del universo.

Pero los caciques hacen como no saben ni les importa simular ser los behíques en taparrabos, y reciprocan repartiendo, en vez de útiles materiales, bandazos verbales con lo de “pan y circo para la plebe”…(Aunque sea más circo que pan).

Pero hagamos un tín de útil historia.

Surgidas las rivalidades barriales en 1871, y arribando al siglo y medio de convertirse en polo irradiador o matriz de otros pueblos cercanos que se acogieron a la sabrosa y espinuda zarza, los navideños jolgorios –que son herederos de la tradición española de las Fallas de Valencia (1740) dedicadas a San José, patrón de los carpinteros– cuentan aquí con un historiador esotérico y un muy ufano museo que recogen parte del devenir parrandero tras esa profanación europeizante. Los cuales cuentan del origen religioso de la movida que circunvalaba a la ciudad con tambores, cornetas trasnochadas y timbales hechos de cualquier residuo metaloide como madre del changüí y de la polka identitaria.

Para seducir al encargado zonal de la UNESCO –el que atiende al Caribe y a toda Centroamérica– con el fin de que le sea otorgada tal distinción que les convierta en los primeros alardes públicos en conseguirlo, al mismo nivel de la oriental Tumba Francesa, La habanera Rumba (¿de cajón?) o El Punto Guajiro, los empleados del sectorial de la cultura del municipio –aguijoneados por una gubernatura que ansía el filón para las arcas propias y hoteles colaterales–, han redactado un expediente kilométrico donde prefiguran unas 500 opiniones favorables de locales que nunca se vieron entre sí y varios argumentos sustanciales (o triviales) sobre la enhiesta popularidad de esos fandangos vivos entre la gente ordinaria, que en manos de la costumbre de despertar parroquianos renuentes a asistir a la Misa del Gallo en la madrugada del 25, hizo del desperezamiento grupal, trifulca sana y orgullo henchido.

Teatro Villena (foto del autor)

Interpelados los paisanos sobre esta obviedad declaratoria de la claque y sus organismos consonantes, algunos mostraron ignorancia con lo promulgado, indiferencia absoluta ante los anuncios televisivos –los que incluyen a sitios tan distantes y recientes sumidos a la tradición como Guayos, que es famoso solo por la magnitud de sus explosivos que pueden desbaratar el tímpano del más pinto en una noche y el cual carece del currículum análogo que a Remedios sobra–, o simplemente por estar descontentos con tal aseveración.

Desmintiendo el presupuesto de que las celebraciones aún perseveran en su autóctono cariz, porque son organizadas, financiadas y “elegidos” los presidentes de barrios por orientación y bajo supervisión partidista, los remedianos consideran que hace mucho se perdió el embullo y la espontaneidad de la competencia límpida, desde que el aparato económico/político/terrorífico metió sus manos y asumió el escrutinio de todo lo popular. Porque el despulgamiento generoso también deja escaras en la piel del perro.

Hace apenas un par de años, cuando el financiamiento tocó fondo y se preparaban los 500 de la fundación de la ciudad, no hubo celebración en la tradicional noche del 24 porque los trabajadores contratados para ejecutar esas labores de embellecimiento se plantaron en sus trece, se fueron a casa con las herramientas puestas y nunca terminaron los trabajos al enterarse de que no habría pago en tiempo por carecer el poder popular de adecuación debida en su cuenta especial para liquidarles adeudos.(Lo cual debe hacerse antes de que la obra esté terminada, iluminada y contrastada para poder ser disfrutada por el ayuntamiento –y sus ajustamientos–, los naturales –anti y pro episcopales– y las visitas que –según Malanga y el entero puesto de las viandas–  “gusto dan, cuando se van”.

Porque la iglesia hace mucho (recinto donde nació –en siglos sin luz salvadora que no fuera la de faroles, hogueras y teas cartesianas –esa rutina para feligreses amodorrados la víspera del santo día) renegó de su engendro, y lo ha acusado a voces de diablismo/fariseísmo y ateísmo consumado, porque el propio templo es la víctima primera de incesantes incendios, de los orines recalcitrantes vertidos en su periferia, y no ha habido día posterior en que no haya que raspar la mierda, reparar concienzuda y desgastantemente el techo chamuscado, los pisos antiquísimos, las tejas rotas más la pintura exterior.

Hecho marcado alegremente por la anuencia y fiereza “del populacho” (dividido en clanes sublevados que fueron uno solo entre 1822 y 1870), quien se desdice continuadamente lo mismo del arduo bregar en conjunto –cuando hacerlo pulía y daba esplendor– que del goce vulgar separatista que hoy impera. Para acto seguido, complaciendo a la vulgata, entrarse a bombazos.

Parque (foto del autor)


Go to article


Go to Source Site

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *