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Cubanos bailando en medio de la inundación. La Habana, 2017 (cubaenmiami.com)

LA HABANA, Cuba.- No han sido pocas las veces que he escuchado a algunos compatriotas, para nada simpatizantes del castrismo, que al referirse a los periodistas independientes, se quejan de que “hablan mal de Cuba, viviendo de lo que mandan los de Miami”.

Armándome de paciencia, siempre les explico que no hablamos mal de Cuba, sino del régimen, de lo que hace mal, que es casi todo.

¡Vaya manía de trocar las cosas y confundir la patria con los que se han querido hacer de su monopolio! ¿Estarán confundidos realmente o es que les es más fácil dejarse confundir?

También los oigo expresar su antipatía por los opositores y las Damas de Blanco. Y por los exiliados a quienes reprochan su odio visceral al castrismo. Como si la roñosa pandilla castrista fuera tolerante y amorosa con sus adversarios…

¿A qué se debe su desagrado? ¿Sabrán acerca de los disidentes algo más de las insidias que dicen en la Mesa Redonda, el NTV y en el periódico Granma?

Cuando los criticones dicen que no quieren mezclarse con “la gente de los derechos humanos” —como llaman a los opositores—  porque no quieren terminar golpeados o en la cárcel, eso lo explica todo. De ahí su disgusto y desconfianza por la disidencia, de la que no quieren saber ni que les cuenten.

Su disgusto les sirve para justificar su miedo y su inacción. No quieren que los empujen y menos aun darse golpes, como los que reciben los que se oponen. Prefieren largarse de Cuba a la primera oportunidad que tengan. Eso, si la suerte y el dinero los acompaña y algún país les da visa, con todas las podridas que nos han puesto a los cubanos en un mundo cada vez más ajeno a nuestra (mala) suerte.

Si no consiguen largarse, y no creen en la revolución, ni en la disidencia, ni en el exilio, si no votan en las elecciones de delegados del Poder Popular y se niegan a firmar los tantos proyectos opositores, si han perdido totalmente las esperanzas: ¿Qué les queda? ¿Cortarse las venas?

Me dan mucha pena las personas que se mueren de miedo ante la posibilidad de luchar por sus derechos y ayudar a recomponer la patria, a sacarla de este desastre. Pero más me deprime oírlos quejarse, y luego aclarar que no es que estén “en contra de la revolución, pero…”

Son muchos, la mayoría de los cubanos, los que más que callados, permanecen inertes, mudos y sordos, haciéndose los bobos. Como si con ellos no fuera. A ver qué pasa…

Hay algunos que se atreven un poco, solo un poco más. Cada vez son más los que no votan o depositan su voto en blanco en esa payasada que son las votaciones del Poder Popular, los que no militan en las llamadas organizaciones de masas, los que no asisten a las reuniones de los CDR, los que no chivatean ni se prestan para los mítines de repudio. Malviven y malcomen de sus salarios de miseria, sin remesas y sin robar. Para el gobierno no cuentan, no existen. Pero ellos no se deciden a romper de una puñetera vez. No quieren saber de la oposición. No quieren buscarse problemas. Y para estar bien con su amor propio —lo que les queda de amor propio, luego de tanto oprobio y pisoteo—, dicen que no quieren que hablen a nombre de ellos, ni el gobierno ni los disidentes.

Si desean hablar por ellos mismos, mejor. Que lo hagan cuando y como puedan. O como los dejen, si es que los dejan. Pero que se dejen de hipocresía, o que la reserven todita para el régimen. Que no nos utilicen a los que disentimos abiertamente como coartada para su miedo, que en realidad tiene un nombre mucho más feo.

luicino2012@gmail.com


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