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Cartel en una avenida de Cuba (EFE)

MIAMI, Estados Unidos.- ¿Han notado cómo los intelectuales colectivistas juzgan al capitalismo por sus imperfecciones y al colectivismo por sus aspiraciones? Truco digno de Houdini, desaparecer mágicamente los fracasos de ideologías colectivistas, y esconder, en lo profundo del sombrero del mago, el progreso social resultante del capitalismo.

Capitalismo y colectivismo han sido experimentados extensamente y deberían evaluarse igualmente por sus rendimientos y resultados. No es así. El Libro Negro del Comunismo ofrece un estimado conservador de cien millones de víctimas inocentes asesinadas por los socialistas marxistas en el siglo 20. A eso se le pueden añadir veinte millones de víctimas de los nacionalsocialistas de Hitler.

El paisaje es siempre el mismo, describiendo China del Presidente Mao, Corea de los Kim, Vietnam del Tío Ho, Cuba bajo los Castro, Etiopía con Mengistu, Angola bajo Neto, Afganistán de Najibullah, y otros. Pero las horripilantes imágenes de esta acuarela colectivista son cubiertas con brochazos de apología, donde la culpa no es del colectivismo, sino de quienes se le oponen.

Los artistas utilizan la palabra pentimenti cuando detectan en una pintura imágenes alteradas repintándoseles otras encima. Es la palabra italiana para arrepentimiento. Pero cuando los intelectuales colectivistas repintan sobre los horrores de la historia colectivista, no se arrepienten: desvían la atención hacia los fracasos del capitalismo.

Escondida en el sombrero mágico colectivista queda la genuina capacidad generadora de riquezas del libre mercado capitalista basado en el imperio de la ley, igualdad de derechos, y el derecho a disfrutar los resultados de los esfuerzos del trabajo propio, ahorros e inversiones. Eso no puede igualarlo ninguna ideología colectivista.

Ricardo Haussmann, profesor de desarrollo económico de Harvard, y otros, explican que las diferencias en ingreso son fundamentalmente diferencias en productividad. Son estas diferencias las que hacen lugares productivos ricos y lugares improductivos pobres. Características comunes de países pobres son la ausencia de firmas capitalistas y condiciones donde predomina el autoempleo.

Los sistemas eficientes de producción capitalista requieren muchos inputs. El más crítico es la libertad económica. Es decir, entornos donde los emprendedores pueden arriesgarse e innovar libres de intervenciones y controles gubernamentales asfixiantes.

Los profesores de comportamiento humano destacan también que las actividades comerciales juegan un importante papel en el desarrollo de conductas sociales refinadas. Países de economía de comando, como Cuba, experimentan un agudo declive de conducta fina. En pocas palabras, los burócratas o comisarios del gobierno no son propensos a ser tan corteses o serviciales como quienes se ganan la vida comercializando sus productos o habilidades.

Los pueblos de los países pobres no son explotados por codiciosos capitalistas. Son excluidos de actividades de mayor productividad por sus sistemas políticos colectivistas.

Considérese el caso de Cuba, donde solamente se permiten 205 actividades comerciales definidas por el Gobierno, tales como reparación de sombrillas o relleno de encendedores desechables. Incluso tales actividades requieren permiso específico del Gobierno: un recordatorio de que permiso no significa libertad. Y muy claramente el General Castro ha decretado que no permitirá a nadie enriquecerse.

El hecho, escondido por los colectivistas, es que gracias a las actividades del libre mercado cerca de mil millones de personas fueron sacadas de la pobreza en el período de 20 años entre 1990 y 2010. Como porcentaje de la población total, el número de pobres en países subdesarrollados cayó del 43% al 21%.

Las medidas más efectivas de reducción de la pobreza que podemos tomar son liberalizar mercados y actividades económicas para que los pobres puedan tener más recursos. Exactamente lo opuesto a lo que prescribe el colectivismo.

Karl Marx definió el capitalismo como un modo de producción donde una minoría egoísta poseía los medios de producción y la mayoría de los trabajadores era explotada y obligada a trabajar por miserables salarios pagados por los capitalistas. Si fuera así, considérense las implicaciones en la riqueza. El capitalismo en EE.UU. emplea 8 de cada 9 trabajadores, y el ingreso per cápita del país es $57,436. En India solamente 1 de 19 trabajadores es empleado por capitalistas, y el ingreso per cápita es $1,723.

Escondida en el sombrero de mago colectivista queda la máxima de que “lo único peor que ser oprimido por un capitalista es no ser oprimido por un capitalista”.

El último libro del Dr. Azel es Reflexiones sobre la libertad

joeazel@me.com


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