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El pastor Alaín Toledano durante una misa (@pastorjorgeled)

SANTIAGO DE CUBA.- “Sea en Cuba, Venezuela, Corea del Norte, en China, o donde haya y sepan a comunistas, hay persecución de la Iglesia. Porque la Iglesia es la mayor amenaza para su régimen, que es un régimen humanista anti-Dios, cien por ciento diabólico. Porque el comunismo es el sello del anticristo”.

El pastor Alaín Toledano Valiente lleva 18 años dentro del Movimiento Apostólico y Profético en Santiago de Cuba, algo que cataloga como un “duro enfrentamiento ante las pruebas vividas, por los sucesos sufridos en este largo caminar”.

Con un crecimiento notable de membresía desde sus inicios, y con la muestra de “señales y portentos”, varios curiosos comenzaron asistir “en masa” para ver lo que ocurría. “Personas se empiezan a sanar de cáncer y sida, eso comienza atraer a mucha gente”, aseguró el pastor, en conversación con CubaNet en su humilde morada del reparto Micro III a las afueras de la capital del Oriente cubano.

La repentina numerosidad de feligreses yendo a culto “llamó la atención de las autoridades locales, y para ellos una persona que reúna en un mismo espacio a cientos se convierte en objetivo militar”, cuenta. “Ahí comenzó la guerra para acorralarme contra la pared, pero como no lo lograron, pasaron a la segunda fase que fue incitarme a trabajar para ellos”.

Alude que ante la negativa de ser un infiltrado dentro de la Iglesia, comienzan las amenazas, detenciones y desalojos: “En el 2007 fue nuestra primera mala experiencia en el patio donde nos congregábamos donde, cobardemente, comenzaron a quitar la cerca del lugar donde realizábamos el culto”.

Relata además que, días antes de que sucediera esto, la comunidad estaba “tomada completamente” por militares y ambulancias; policías estaban encaramados en las azoteas de los edificios con armas largas, habían hogares de vecinos llenos de oficiales y crearon su puesto de mando en la propia comunidad.

“Fue fuerte, abusaron de mi familia, nos tiraron a la calle como animales, estuvimos varios días sin bañarnos, con mis hijas en los brazos y sin tener donde dormir. Nos decomisaron la tierra donde teníamos el templo, cargaron con todo: las sillas, los instrumentos; nos desalojaron de una nave donde cabían más de 500 personas, pero no nos fuimos del reparto y así volvimos a comenzar después del desalojo”, cuenta.

En 2016, estando el pastor Toledano Valiente fuera del país, la furia y la impotencia contra la naciente iglesia los hizo volver con otra ola represiva. Aunque este nuevo espacio contaba con documentación legal, allanaron la propiedad, golpearon a la esposa delante de sus hijas y sacaron de sus casas en la madrugada a más de 200 líderes y pastores para que no apoyaran a la familia pastoral.

“Podía haberme exiliado y pedir refugio”, detalló el cristiano, “pero con el llamado que tenemos de Dios, decidimos volver a la isla y no desistir”. Desde entonces han estado en diferentes apartamentos, casas y patios, y como forma estratégica han dividido la iglesia en diferentes regiones, pero ni aun así han cesado las amenazas contra esta denominación.

Para el reverendo, el comunismo es una religión, y es una religión anti-Dios. “El problema del comunismo, más que sus leyes y su política, está en su creencia. Intentan quitar a Dios de su lugar para ponerse ellos, envenenan el alma y el corazón de los hombres para que no crean en Dios, se levanten contra él, y crean una nación donde su confianza esté en un líder político (…) y ese es el primer y gran problema que tiene el sistema comunista”.

Según Toledano, el Ministerio Apostólico y Profético no ha cedido a las ofertas ni la intimidación de las autoridades cubanas. “No nos hemos desenfocado del llamado de Dios, y eso ha provocado que el sistema comunista nos satanice, convirtiéndonos en objetivo militar, para tratar de doblegarnos y desmantelar la Iglesia”.

Cuenta que la persecución no ha cesado. Los ataques contra los “hermanos” en los centros laborales, casas y comunidades siguen afectándolos. “Hay una represión fuerte contra la Iglesia, siempre buscando las partes débiles; pero la Iglesia hoy está más firme que nunca y sabemos que Dios, después de todo esto, nos dará una gran victoria”, puntualizó el pastor.

Destacó el líder el caso de una doctora, miembro de su congregación, que enfrenta cargos en su centro de trabajo y fue procesada para que no saliera de “misión internacionalista” a Brasil. “Cuando todo estuvo listo, hace unas semanas, la llaman y le dicen que no puede viajar porque pertenece a una iglesia contrarrevolucionaria, hasta este momento ella está siendo coaccionada, no por ser una mala doctora, sino por ser cristiana y ser parte de la Iglesia que nosotros dirigimos”, enfatizó.

Para Toledano Valiente, convertirse en cristiano fue apartarse de una vida pecaminosa, quien lo acompañó desde los primeros años de vida.

Nacido en pleno centro de la ciudad santiaguera y bajo una familia que luchó contra la tiranía de Batista y al lado del fallecido Fidel Castro, vio a muchos dirigentes del Partido Comunista en esta ciudad frecuentar su vivienda. “Gente de la Seguridad del Estado y militares de todo tipo iban a mi casa a hacer fiestas, crecí viendo la depravación y la corrupción”.

Por causa de la vida que llevaba y los conflictos familiares, terminó metido en las drogas siendo todavía niño. “Comencé con la marihuana”, confiesa.

Desde temprana edad visitaba las instalaciones turísticas hasta que se graduó de dependiente gastronómico y en plena juventud comenzó como bailarín fundador de Tropicana Santiago. “Crecí en el mundo del arte y empecé a gozar de sus beneficios, pero cada día me hundía más en la prostitución y en la droga”.

En 1993, envuelto en la “brujería” que desde niño aprendió por su familia, se convirtió en el sacerdote de su casa, atendiendo los altares de su familia. “Si había que ‘tirar el coco’ o ‘hablar con la prenda’, yo era el que lo tenía que hacer (…) Un amigo drogadicto estaba entonces leyendo la Biblia y comenzó hablar de la experiencia que estaba viviendo, ahí comencé a aprender del Señor”, recuerda.

Luego se involucró de a lleno en el cristianismo y, liberado de la droga, la prostitución y los vicios, afirma que el 5 de octubre de 1993 entregó su vida “por completo a Dios”.

Hoy ve materializado un proyecto social de ayuda a discapacitados, marginados y excluidos sociales en su comunidad de Micro III, distrito Abel Santamaría. “Atendemos a personas que duermen y viven desnudos, sin nada que ponerse y enfermos en una cama. Llegamos y le damos ropa, comida y ayuda económica. No podemos decir que estamos haciendo mucho, porque son demasiadas las necesidades”.

A 18 años del inicio de esta dura batalla, persiste en mantenerse firme. “Nuestro principio no es negociable bajo ningún tipo de oferta, y pactar con un sistema anti-Dios es cobardía, perversión y traición al Dios de los cielos, porque no se puede ser creyente y a la misma vez, ser comunista. Una persona que diga que es creyente y es comunista, no es nada, es un mentiroso”.


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