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West Palm Beach, USA, Ed Prida (PD) Los hermanos Kennedy fueron alertados por el FBI de los vínculos de Marilyn Monroe con los soviéticos y los cubanos y el peligro de estas relaciones para la seguridad de los Estados Unidos.

El presidente de Estados Unidos estaba muy preocupado por el interés soviético en Cuba y por cómo terminaría Nikita Khruchev el caso del derribo del U-2 en la URSS.

Los discursos de Fidel Castro mantenían una retórica constante contra Estados Unidos, desde antes de Bahía de Cochinos. Después de ese suceso fallido, Kennedy buscaba cómo lavar su afrenta por aquella derrota.

En 1961, Khrushchev, con ferocidad, proclamaba: “Ninguna fuerza del mundo será capaz de detener el camino al socialismo…Los comunistas apoyamos los movimientos y las guerras de liberación o los levantamientos populares que conducen los pueblos por su liberación”.

Khrushchev había dicho también: “La coexistencia pacífica va a convertirse en una intensa lucha económica, política y económica, entre el proletariado y las fuerzas agresivas del imperialismo en la arena internacional”.

Kennedy se enfrentaba a una inesperada forma de lucha de los comunistas soviéticos, que se sentían poderosos con el avance de sus fronteras durante la Segunda Guerra Mundial y con una posta avanzada en el Caribe, a 90 millas de Estados Unidos.

La belicosidad de los discursos de Khrushev presagiaba un aumento en el empuje de los soviéticos, que se sentían destinados a consolidar “las victorias del socialismo” a través de la subversión política en todos los países.

Kennedy, en su primer discurso sobre el Estado de la Unión, habló de los riesgos que enfrentaba la nación y de “las crisis que se multiplican”.

Como respuesta a Khrushchev, Kennedy dijo el 30 de enero 30 de 1961: “Nunca debemos ser arrullados en la creencia de que cualquier poder ha cedido sus ambiciones para dominar el mundo, las ambiciones que reafirmó con fuerza hace un tiempo. Por el contrario, nuestra tarea es convencerlos de que la agresión y subversión no serán rutas rentables para perseguir esos fines. … Si la libertad y el comunismo fueran a competir por la lealtad al hombre en un mundo en paz, miraría hacia el futuro con creciente confianza…”.

Kennedy explicaba su línea para garantizar la victoria en esta competición: “Sólo cuando nuestras armas sean los suficientemente fuertes, podremos estar seguros, sin duda, que estas armas nunca se emplearán”.

Esa retórica era común en la administración de Kennedy. Trataba de parecer más agresivo que Eisenhower. A pesar de las objeciones soviéticas, de la resolución de la brecha de misiles, y de la advertencia de Eisenhower sobre la potencia del complejo militar- industrial, Kennedy optó por las acciones militares rápidas y masivas.

A finales de febrero de 1960, Kennedy había convocado a un grupo de pensadores de la política exterior moderada para una conversación sobre las relaciones de Estados Unidos y la Unión Soviética. El grupo incluyó a Kennan Thompson, ex gobernador de Nueva York, el asesor presidencial Averell Harriman y el veterano diplomático Charles Bohlen. El motivo de la reunión eran los farolazos de Khrushchev contra Estados Unidos. Kennedy preguntó si reunirse con Khrushchev podría ser util. Los expertos reunidos acordaron que una reunión personal podría ser útil.

Según Thompson, Kennedy no creía que su reunión con Nikita Khrushev sirviera para algo. Bohlen, que había trabajado para los presidentes Franklin D. Roosevelt y Eisenhower antes de Kennedy, vio una tendencia similar en el interés presidencial en la reunión con los líderes soviéticos, debido a “los grandes problemas y las consecuencias de los errores de carácter grave en relación con la Unión Soviética”.

Thompson volvió a Moscú con una carta a Khrushchev en la que propuso una reunión en la primavera.
Además de una mayor retórica y militarización, Kennedy también se centró en Cuba y Laos en los primeros meses de su administración.

En la fallida invasión de Bahía de Cochinos de abril de 1961, los expedicionarios, exiliados cubanos entrenados por la CIA, hicieron todo lo posible, pero ampliamente superados en número, fueron derrotados. Fue un fracaso debido a la pobre planificación y creó a Kennedy un grave problema, similar al que tuvo Eisenhower con el U-2. La CIA ayudó a Kennedy a tomar acciones de forma agresiva y los expertos lo percibieron como un halcón para el resto de su tiempo como presidente.

A Kennedy, sobre Laos, Eisenhower, antes de la juramentación de Kennedy como presidente, le había advertido que quizás debería entrar a luchar contra los comunistas en Laos. Kennedy, temiendo un efecto dominó, envió una Fuerza Especial para Laos. Inicialmente, la participación norteamericana fue en forma de asesores militares. Luego, Kennedy comprendió que una intervención militar directa era la única opción viable para detener el conflicto.

Kennedy dijo: “Hay límites al número de derrotas… En un período de doce meses, he tenido la Bahía de Cochinos y el conflicto de Laos y no puede aceptar una tercera”. Mientras que los eventos eran frustrantes para Kennedy, Khrushchev disfrutaba el éxito del programa espacial soviético, que era impresionante para las audiencias nacionales e internacionales. Menos de cuatro años después del sorpresivo y exitoso lanzamiento del Sputnik, el cosmonauta Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en ir al espacio, el 12 de abril de 1961.

Kennedy, antes de llegar a Viena, se detuvo en París para visitar al presidente francés Charles de Gaulle. El asesor presidencial Theodore Sorensen explicó los objetivos del general de Gaulle en las reuniones: “El general quiere estar seguro que esta vez estamos decididos, como él, a mantener la fuerza nuclear en el continente y usarla”.
De Gaulle dijo a Kennedy: “Su trabajo, señor presidente, será darle la imagen a Khrushchev de que usted es el hombre que va a luchar contra ellos”.

El potencial de la relación, sus impresiones de Kennedy, y su capacidad de aparecer resistente ante el nuevo presidente carismático ayudó a Khrushchev a vencer sus sentimientos y su tentativa de contener sus desafíos políticos.

Khrushev escribiría años después de la cumbre: “Incluso aunque no llegamos a ningún acuerdo concreto en Viena, podría decir que Kennedy estuvo interesado en hallar una solución pacífica a los problemas mundiales y en evitar un conflicto con la Unión Soviética. Era un hombre razonable, y pienso que sabía que él no sería justificado si comenzaba una guerra por Berlín… Me impresionó como mejor estadista que Eisenhower”.

A pesar de la descripción del tono sombrío en Viena, la prensa notó en Kennedy cierto crecimiento.
A Khrushchev, eventos como Bahía de Cochinos le daban cierta ventaja sobre los Estados Unidos. Si Khrushchev hacia un mejor papel que Kennedy en la Cumbre de Viena, podría socavar la posición política de Estados Unidos a nivel mundial.

Khrruschev, por su personalidad agresiva y su hábito de dominar, estaba siempre con más tendencia al reto y a competir, a demostrar la supuesta supremacía del sistema comunista en política, en lo económico y lo militar. Su intención de negociar era casi nula. La amenaza era por lo general el sabor que dejaban sus palabras a cualquier interlocutor. Su motivación esencial era dar una imagen de retador, nunca permitir la igualdad de la contraparte, tratar de poner de rodillas al adversario utilizando cualquier método, todo para ganar prestigio y credibilidad que el mismo sabía que no tenía. Presentar logros para ser aplaudido y poder tener más poder ante sus camaradas del Buro Político y el Comité Central, que lo podrían destituir ante cualquier señal de flaqueza.

Khrushchev fue a la Cumbre de Viena con su cabeza llena de frustraciones y preocupaciones porque iba a representar una imagen falsa y frágil. Sabía que los norteamericanos tenían un potencial militar muy superior y una capacidad operativa que los rusos nunca podrían alcanzar.

Los soviéticos no habían aceptado el “Cielo Abierto”, lo cual hubiera representado para ellos una enorme ventaja y ahorro de recursos y realmente una sólida confianza mutua para la paz. Por mucho tiempo, diferentes tipos de aviones de reconocimiento electrónico, como los B-29, B-47, RF-101, U-2 y otros, habían estado volando sobre la URSS. Con el derribo del U-2, se pudieron anotar la primera victoria.

Por otro lado, la psiquis de Khrushev debía de alguna manera reflejar un inmenso temor porque sus planes ya no tan secretos del ataque masivo sorpresivo a los Estados Unidos y una ofensiva desde la República Democrática Alemana extendiéndose por toda Europa con los países satélites del Pacto de Varsovia, ya no lograban la sorpresa, que sería un factor importante para el éxito Esto lo debió haber hecho sentirse un tanto desprotegido e inseguro. Su yerno, el teniente coronel Pentkosky había informado detalladamente sobre estos planes y la detección suficientemente temprana del emplazamiento de misiles de alcance intermedio en Cuba durante octubre de 1962, les había desmantelado su plan.

Nikita Khrushchev, durante más de 15 años, había practicado un lenguaje diplomático que nunca se había interpretado lo suficiente y los hechos lo demuestran. Parecía ilógico, brutalmente agresivo y su retórica nunca fue respondida contundentemente. De visita en la India, dijo a un grupo de religiosos “No puedes obligar a un tigre a comer yerba, ni a un búfalo a comer carne”.

Cuando era Secretario del Partido Comunista en Moscú, Stalin, durante una visita a un sovjos, bajo una fuerte nevada, respondió a una queja de un dirigente con un ejemplo, que quizás pocos han entendido sobre cómo funciona el liderazgo bajo el comunismo y cuál es su objetivo. El dictador pidió una gallina, la desplumó y la tiró a la nieve. La gallina regresó a protegerse del frio entre sus botas. Stalin, sonriente, le dijo a su pandilla: “Precisamente en esto basamos nuestro poder, despojar a la población de todo lo que tiene para que se refugien en nosotros”.

Aun no hay manera de que se comprenda que esa es justamente la esencia del sistema de gobierno comunista: engendrar a través de la miseria, la subordinación absoluta..

La Cumbre de Viena no tenía un propósito definido para encontrar de inmediato una vía para la paz mundial como los soviéticos propalaban, ni mucho menos un control de las pruebas nucleares, que a los soviéticos no les convenía, pues traería en la práctica una caída al abismo en su carrera por destruir a Estados Unidos.

El embajador soviético en Washington había declarado que Viena solo sería un intercambio de puntos de vista entre las potencias.

Kennedy, con una escasa agenda, consideraba que la reunión con Khrushev sería útil para aliviar las tensiones y evadir una guerra.

El incidente del U-2, según el embajador norteamericano en Moscú Thompson, había merecido poca atención durante el intercambio de documentos a nivel de embajadores. Pensaba que los soviéticos posiblemente devolverían al piloto Gary Powell y pronosticaba que iban a subrayar la derrota de Bahía de Cochinos para ganar puntos.

La Cumbre de Viena fue una tribuna competitiva para que los soviéticos amenazaran y crearan el pánico en Occidente.

Durante los dos días de la reunión, Kennedy y Khrushchev discutieron y estuvieron en desacuerdo sobre la interpretación de la historia y las diferencias entre el capitalismo y el socialismo.

Khruchev estuvo áspero, apuntando a su interlocutor con su dedo índice, manoteando, amenazando, tratando de arrinconar a Kennedy con sus argumentos.

Es cierto que la experiencia en el manejo de la retórica de alguien como Khrushev, con casi 25 años de experiencia en la dirección de un país en guerra, siempre será superior a la de un presidente democrático recién elegido. Khruchev repetía sin cesar durante la Cumbre de Viena: “Ustedes siempre han tenido error de cálculo”.

A medio siglo de distancia, una visión retrospectiva del nivel siempre “aproximado” del balance de los armamentos entre la URSS con todos sus países satélites contra Estados Unidos y los países agrupados en las diferentes agrupaciones militares creados por los tratados de defensa mutua como la NATO y la CEATO, una revisión de los análisis proyectan que no eran muchas las posibilidades de la URSS de hacer un ataque sorpresivo con una fuerza capaz de lograr el objetivo de desorganizar las defensas y dar un golpe lo suficientemente contundente para tomar ventaja sobre Estados Unidos y lograr una victoria como para “poner de rodillas al enemigo”.

Los soviéticos no disponían de bombarderos estratégicos equipados con abastecimiento de combustible en el aire, ni de una flota de tanqueros que debían existir en una proporción de un tanquero por cada dos bombarderos para aumentar el radio de acción de los mismos suficiente para alcanzar los blancos estratégicos dentro del continente americano y regresar. Según los cálculos objetivos de navegación, esto no podría haber sido posible. Suponiendo que contaran con rutas de navegación y estado meteorológico óptimo, el retorno al área donde tomaran de nuevo combustible no era factible.

No tenían en aquella época los rusos la suficiente cantidad de misiles balísticos o teleguiados lanzados desde los bombarderos. Mucho menos contaban con la tecnología electrónica de guiado de los misiles para alcanzar los objetivos propuestos. Los misiles de largo alcance, los llamados ICBM (Inter Continental Ballístic Missil), según las pruebas efectuadas, no tenían precisión en el guiado y las detonaciones nucleares no llegaban a la potencia necesaria. Ese fue el reporte que un físico nuclear soviético le ofreció al Kremlin.

Los soviéticos se negaron a aceptar la cancelación de las pruebas nucleares, porque los dejaba en una desventaja de 10 o 15 años detrás de Estados Unidos.

De ahí surgieron dos nuevas condiciones del lado soviético: no aceptar un tratado para detener las pruebas nucleares, y hacerse fuertes en una plaza militar bien cerca de Estados Unidos, Cuba.

Los rusos repiten siempre que los misiles nucleares de alcance intermedio, bombarderos con bombas nucleares, misiles tácticos tierra-tierra y misiles tierra-mar con cargas nucleares y una tropa de 42,000 efectivos, estaban en Cuba para que Estados Unidos no atacara al régimen de Fidel Castro. No es cierto. Desde mediados de 1960, enviaron a Cuba con un contingente de mil hombres, con equipos pesados para mover tierra, con la fachada (maskirosvsla) de konsomoles campesinos, con una donación de mil tractores para mejorar la agricultura cubana, bajo el mando del Mariscal Ignagtiev, jefe de las Tropas Coheteriles Estratégicas de la URSS, con la misión muy secreta de estudiar el terreno y preparar los emplazamiento de las armas nucleares que después enviarían. Cuando llegaron esas armas, en agosto y septiembre de 1962, ya estaban listas las condiciones para su emplazamiento.
pridaissues@gmail.com; Ed Prida


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