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Manuel Urrutia (EcuRed)

MIAMI, Estados Unidos.- El paso de Manuel Urrutia por la historia de Cuba ha quedado como un breve episodio perdido de las páginas de los libros de texto que enseñan hoy en las escuelas de la isla; pero fue el único hombre que, al menos en teoría, pudo darle órdenes al “comandante” después del 1ro de enero de 1959.

Nacido en 1908, Urrutia era un abogado que se radicó en Oriente y que, sin simpatías partidistas ni carrera política, llegó a asumir el mando del país después por unos meses, después de la huida de Fulgencio Batista.

Llegó allí gracias a que en 1957 durante un juicio defendió a unos jóvenes que apoyaban el desembarco de Castro y sus tropas en diciembre de 1956. “Urrutia era magistrado de la Audiencia de Santiago de Cuba, donde se iban a juzgar a estos muchachos que habían protagonizado el alzamiento”, dijo a BBC Mundo el historiador cubano Tomás Diez, del Instituto de Historia de Cuba.

“En un acto de valentía, Urrutia dijo que a los jóvenes no se les podía condenar, porque lo que habían hecho estaba amparado por la Constitución de 1940, que decía que el pueblo tenía el derecho a rebelarse contra un gobierno dictatorial”, explica el académico.

“Esto le trajo malas consecuencias porque la dictadura no aceptó ese fallo, comenzó una persecución política contra él y lo obligó a marcharse del país”, cuenta por su parte el historiador Sergio Guerra Vilaboy, profesor de la Universidad de La Habana.

Vilaboy añade que más adelante, “cuando la lucha en la Sierra se va consolidando, las diferentes fuerzas que luchaban contra la dictadura empiezan a pensar quién podría ser un posible candidato para sustituir a Batista y Fidel Castro propone a este magistrado por la actitud que había tenido en el juicio y porque no tenía compromiso con ninguna organización política”.

A pesar de cierta oposición por parte del Directorio Revolucionario —la organización estudiantil que había asaltado el Palacio Presidencial en 1957—, sin que Batista hubiese huido aún, en medio de la selva de la Sierra Maestra y ante Fidel Castro, Urrutia fue nombrado presidente de la república que nacería.

“En esas fechas, el almirante Wolfgang Larrazábal, que era presidente provisional de Venezuela, envía a la Sierra un avión con armas. En ese avión venía también Urrutia y se constituye allí un gobierno provisional. Se entrevista con Fidel Castro y se le nombra presidente”, detalla el profesor Guerra.

Luego, el 1ro de enero huye Batista y Urrutia juró formalmente el cargo, designando a Fidel Castro como su delegado en los institutos armados del país, a la vez que Comandante en Jefe de las Fuerzas de Mar, Aire y Tierra de la República.

El primer gobierno revolucionario, con sede en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, designó además como primer ministro al reconocido abogado José Miró Cardona.

“Era un gobierno sin lugar a dudas muy moderado, de derecha”, estima Guerra Vilaboy, una característica que “llevó a que Estados Unidos le diera rápidamente el reconocimiento diplomático, ya que el presidente era un hombre tan respetable como Urrutia y el primer ministro era el presidente del colegio de abogados, hijo de José Miró Argenter. Ambos representaba los grandes intereses del capital en la isla”.

“Esto puede haber sido también algo táctico que Fidel Castro tuviera también en su mente. No solo aceptar un gobierno de consenso nacional, que todas las fuerzas políticas lo aceptaran, sino que también que fuera bien visto por Estados Unidos y por la burguesía cubana, para que no se produjera un cisma”, opina el profesor universitario.

Sin embargo, al poco tiempo José Miró Cardona renunció al cargo y Fidel Castro asumió como primer ministro.

“Cuando Fidel Castro asume el premierato hace una reforma en la Constitución de 1940 y a partir de ese momento es el primer ministro quien tiene en sus manos las facultades para hacer las leyes y por tanto se le otorga al gobierno la facultad de ejecutar las leyes y toda esa responsabilidad recae en Fidel Castro”, añadió Guerra.

Por eso “en la práctica, desde febrero de 1959, Urrutia queda como una figura de segundo orden”.

Fidel Castro comienza a impulsar las llamadas “leyes revolucionarias”, incluyendo dos reformas agrarias y la confiscación de bienes a familias poderosas.

“Urrutia al principio apoya esas leyes, pero después comienza a distanciarse cuando considera que esas leyes están acercando al país al comunismo. Eso provoca una crisis del gobierno, Fidel Castro renuncia y esto obliga a que Urrutia, a su vez, renuncie también”, dice Guerra.

Castro anunció su renuncia por televisión y entonces sus seguidores convocaron a una movilización para pedir la renuncia de Urrutia, recuerda el intelectual cubano Ambrosio Fornet.

“Fue un acto masivo y no había dudas de que Fidel era el héroe del momento y que a Urrutia no le quedaba otra opción que renunciar”, dice Fornet.

Urrutia “se dejó llevar por la propaganda” de tildar a la revolución de comunista y la “traicionó”, dice el historiador Tomás Diez. “Era una persona que daba declaraciones anticomunistas y hacía el juego de no estar de acuerdo con el gobierno”.

“En su presidencia Urrutia lo que hizo fue más bien disfrutar de su salario, que era de 1200 pesos. Era un abogado de derecha, pero sin ningún tipo de experiencia para lo que le tocó y al final fue una ficha más en el juego político de aquellos años”, considera el escritor Norberto Fuentes, autor de una autobiografía de Fidel Castro que toca la azarosa presidencia de Urrutia.

En julio de 1959, tras renunciar a la presidencia, el primer presidente de la Cuba revolucionaria se refugió en la embajada de Venezuela. Sus desavenencias con Castro junto a su oposición a la deriva comunista de la revolución lo volvieron incómodo para el régimen que se estaba consolidando.

“Fue el primer opositor desde el gobierno al comunismo y el autor del primer intento notable de querer detener aquello”, asegura Norberto Fuentes.

Un salvoconducto permitió a Urrutia salir de Cuba y posteriormente asilarse en Estados Unidos, desde donde intentó sin mucha trascendencia hacer oposición al castrismo. “Él no era un político, los que lo conocieron siempre se refieren a él como un hombre sin carisma, anodino. Realmente había llegado a un lugar al que realmente él ni siquiera se imaginó ni pretendió llegar”, concluye el profesor Guerra Vilaboy.

Urrutia murió en 1981. El cargo que había dejado vacío en la isla en 1959 fue ocupado por Osvaldo Dorticós, un comunista que terminaría pegándose un tiro en la cabeza años después.

Finalmente, en 1976 la figura del presidente de la República desapareció de la Constitución y todo el poder pasó, ya formalmente, a manos de Fidel Castro.


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