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El Vedado, La Habana, Aleaga Pesant, (PD) Los cubanos no llegan o se pasan, dijo alguien en el siglo XIX.

La Ley de Ajuste Cubano, una política establecida para beneficiar a los perseguidos por un régimen tiránico, no solo fue usada con fines personales ajenos a la libertad, sino por el régimen y sus servicios de inteligencia, que defalcaron al Medicare por varios millones y controlaban las aerolíneas chárter a través de Havanatur, una filial del Ministerio del Interior.

El periodista independiente Luis Cino, recién llegado de los Estados Unidos, me comentó: “Tienen más miedo los que están allá que los que estamos aquí”.

En una de las bonitas casas en South Tampa con piscina y porche, un grupo de cubanos conversaban de cómo llegaron a los Estados Unidos. La historia más estrafalaria fue la del médico en Venezuela que pagó cinco mil dólares por un asiento en un avión fletado con discreción desde Maiquetía. Cuando lo abordó, supo que el jefe de su misión, era otro de los pasajeros.

¿Perseguidos políticos? Ni mucho menos. En sí, varios de ellos eran hasta ese momento delatores de Seguridad del Estado y por eso les permitieron salir al exterior a ganar dólares.

Hace un par de años el Premio Sajarov de Libertad de Conciencia Guillermo Fariñas, denunció a un teniente coronel del Ministerio del Interior que le torturó en Santa Clara, cuando era preso político. Descubierto, el militar huyó rápidamente a Cuba, donde mantenía su casa y su estatus ganado con tanto “sacrificio”.

Otro caso es el de Pedro Álvarez, quien se pasea tranquilamente por la Florida. El ex-presidente de Alimport, la empresa del comercio exterior encargada de negociar con los norteamericanos y cuya esposa murió en un extraño accidente aéreo luego que él migrara, ¿era también un perseguido político?

A un año del fin de la política migratoria de “pies secos/pies mojados”, los cubanos en la isla recuerdan nostálgicos sus beneficios, y la oportunidad perdida de huir de la isla-prisión. Pero Estados Unidos, sigue en el imaginario popular, como el mejor de los destinos, vinculado a la libertad y al reconocimiento por el trabajo realizado.

El cese del privilegio migratorio cambió el patrón migratorio y desaceleró el flujo desatado tras el restablecimiento de relaciones entre La Habana y Washington, en 2014.

“Atrás quedó el trauma de la selva centroamericana, los coyotes y las balsas en el Estrecho de Florida, algo que explotó muy bien el gobierno con sus afines, como la crisis en la frontera entre Nicaragua y Costa Rica”, comentó Marcos Goicochea, un activista prodemocrático residente en Santiago de Cuba. “Los cubanos – continuó – se concentran en cómo conseguir una visa norteamericana, difícil con el cierre de los servicios consulares en La Habana, y de más está decir que los latinoamericanos son rígidos en migración con los cubanos, tanto por nosotros, como por el peligro de un núcleo migratorio cubano presionando en cualquiera de estos países y controlado desde la Plaza de la Revolución.”

“La gente emigra” – comenta Jorge Nueva, de Manzanillo – “pero no tanto como antes y ahora sin desesperación. Más bien la gente está pensando cómo resolver el problema aquí adentro, pues ahora no tiene a donde ir, aunque siempre hay quienes lo mismo van a Dominicana, Panamá, Haití, Tobago, Guyana, Chile o Europa, y si no se quedan , por lo pronto van haciendo dinero con la importación a Cuba de ropa, calzado, electrodomésticos. Los que viajan resuelven, por la ausencia de un mercado mayorista, ayudan al mercado interno, traumatizado por la doble moneda”.

Dentro de la dictadura una voz autorizada para hablar de las relaciones Cuba-USA, es la del Dr. Jesús Arboleya, quien señaló recientemente en una conversación informal, que la característica de los gobiernos cubanos hasta el presente es la incertidumbre sobre sus agendas gubernamentales. Dijo: “Raúl Castro intentó definir sus políticas económicas y sociales a partir de los Lineamientos del Partido Comunista, pero en la práctica estas direcciones presentaron los mismos problemas de cambios espontáneos a lo legislado o implementado. Esos cambios generaron más incertidumbres y desconfianza respecto la seriedad de los cambios a futuro y a la viabilidad del proceso con su salida el próximo 19 de abril. Esos bruscos cambios son perjudiciales para el fortalecimiento de cualquier relación que se pretenda sostenerse con Cuba y ante la duda los norteamericanos decidieron blindar su frontera, quitando casi todas las prerrogativas de excepcionalidad migratoria a los cubanos.”

Dos caras de una misma moneda

Una bloguera recordó a Radio Martí la reacción que causó en la mayoría de los cubanos el cese de la política de ‘pies secos/pies mojados’ ordenada poco antes de que al que llaman despectivamente “negrito comunista” Barack Obama dejara la presidencia en enero del 2017. “El primer impacto fue de rechazo total a Obama, aquel presidente que tanto gustó aquí durante su visita a Cuba…Se convirtió un poco en el enemigo público, muchos aspirantes a emigrar se sentían traicionados, y muchos de los ya emigrados que se quedaron varados en México y Centroamérica también”, dijo.

Igual indignación causó en los miles que acudían diariamente a la embajada norteamericana a pedir visa, el cierre de los servicios consulares tras el incidente de los “ataques sónicos”, en mi opinión, una operación de “bandera falsa”

Tanto desde la visión federalista de Obama hasta la estatista de Trump, la clase política norteamericana decidió cortar la sangría que implicó solo en el año 2016, más de 70 000 emigrantes de un país que al encontrar tantas facilidades evadían la responsabilidad de resolver su problema nacional.

La nueva política migratoria hizo en los últimos meses que los cubanos miraran hacia el interior del país como forma de solucionar sus problemas.
aleagapesant@nauta.cu; Aleaga Pesant


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