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La Habana, Jorge Luis González (PD) Conozco a un manzanillero de 74 años, cuyo nombre pidió no fuera revelado, que desde su temprana adolescencia tuvo que ayudar en la manutención de su numerosa familia y esto, lo obligó a ser un buscavidas.

Además de desempeñar múltiples oficios, fue apuntador del juego de la bolita, la lotería clandestina, desde 1954, cuando tenía 13 años, hasta 1959.

Refiere: “En Manzanillo había dos bancos principales, Hatuey y Polar. No tenían que ver con la cerveza, solamente eran los nombres para identificarlos. El primero daba el tiro a las dos de la tarde, y el segundo, a las doce de la noche. Yo era de Polar. Tenía menos apuntadores, pues de madrugada era más riesgoso estar en la calle, por los maleantes y la policía que podía perseguirnos, creyendo que éramos revolucionarios del 26 de Julio.”

El juego de la bolita era tan ilegal como lo es hoy, pero había mayor tolerancia por parte de la policía, pues los dueños de los negocios le daban siempre su parte.

Explica: “Se otorgaban premios a las centenas y tres números a los terminales, que eran las decenas. Los terminales tenían dos categorías, el número fijo y el número corrido. Para establecer cuáles eran los números premiados, nos reuníamos el dueño del banco, los apuntadores y hasta algún jugador en un lugar determinado. Se ponían las bolitas, que eran de madera, con sus números en dos sacos, uno con diez bolitas del 0 al 9 para buscar la centena, y del 0 al 99 en otro, para los terminales. Los sacos, bien cerrados por su punta, se tiraban de mano en mano a cada uno de los presentes, para mover bien las fichas. Entonces uno de los participantes agarraba por fuera sin abrir el saco una bolita, la amarraba con un hilo y se cortaba por ese sitio para extraerla. Este procedimiento se hacía con cada número y así se evitaba cualquier tipo de fraude.

Para la centena se escogía una sola bolita y tres para los terminales. El primer terminal era el fijo, y los otros dos, el corrido. Con los tres números del terminal se completaban las tres centenas, por ejemplo si salía en la centena el 4 y los terminales eran 25, 46 y 82, las centenas completas eran 425, 446 y 482.”

Acerca de la cantidad de dinero que apostaban los jugadores a cada número, explica que la cantidad mínima anotada era de 5 centavos por número y se llegaba hasta 40 o 50 centavos, como promedio. Había algunos que llegaban al peso y hasta más, pero eran los menos. Las centenas contaban con un valecito impreso de 5 números iguales y cada fracción valía 5 centavos para un total de 25 centavos.

La centena se pagaba en el primer premio con 400 pesos, el segundo premio eran 100 pesos y el tercero 50 pesos, por tanto cada fracción correspondiente equivalía a 80, 20 y 10 pesos por cada 5 centavos. Los terminales eran 40 pesos el número fijo y los dos corridos daban 20 y 10 pesos por el segundo y tercer lugar, siempre a partir de cada 5 centavos apostados.

“Todas estas cantidades hoy son irrisorias, pero en aquel tiempo eso era mucho, por el valor que tenía el dinero, no es como ahora que cualquier cosa puede valer cientos de pesos o su equivalente en divisa”, señala.
Sobre la forma en que se recogían las apuntaciones, refiere: “Teníamos nuestros clientes e íbamos por las casas o los lugares donde sabíamos que podían estar. Los números los anotábamos en una lista larga y estrecha de papel con la cantidad apostada, por supuesto, sin nombre alguno. Debíamos llevar en la memoria lo que correspondía a cada cual, por si ganaban algún premio.”

Cuenta: “Como apuntador obtenía el 20% de la recaudación diaria. A veces recogía más de un peso, otras veces menos. Pero si conseguía 20 centavos diarios era feliz…Te repito, el dinero valía en aquella época… También trabajé un tiempo en la vidriera, que se encontraba en una quincalla, propiedad de un periodista llamado Juan Polo Quiroga, quien escribía crónica roja para los diarios. Llevaba el negocio de él que era para Hatuey y me permitía hacer el mío propio de Polar. Me pagaba 15 pesos al mes.”

Hoy, a pesar de estar prohibida, los cubanos siguen jugando a la bolita. Existen ciertas variantes como el “parlé” y el “candado”, los números premiados se obtienen a través de la lotería de Miami, pero básicamente es lo mismo de antes. Y es que como dice mi amigo manzanillero: “A los cubanos no hay quien les quite la bolita”.
librero70@nauta.cu; Jorge Luis González


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