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Philip Goldberg (AFP)

MIAMI, Estados Unidos.- El Gobierno cubano ha otorgado la visa a Philip Goldberg, un alto diplomático de EEUU que asumirá en cuestión de días el liderazgo de la embajada ese país en La Habana, dijo un funcionario de Washington.

De acuerdo a un reporte de la agencia Reuters, esta ha sido una señal de que ambas naciones quieren mantener abiertas las líneas de comunicación a pesar del fuerte deterioro en las relaciones desde que asumió el presidente Donald Trump respecto al “deshielo” alcanzado en la era Obama.

El diplomático que dirigirá la misión estadounidense asume el cargo luego de que EEUU retirase a muchos miembros, tras la crisis generada por misteriosos ataques que hasta el momento dejaron más de 20 víctimas reportadas.

El funcionario estadounidense que habló con Reuters bajo condición de anonimato dijo que era probable Goldberg pasara seis meses en el cargo, aunque la duración de su período no es segura.

Goldberg sería el oficial del Servicio Exterior de Estados Unidos de mayor rango que se desempeñaría como encargado de negocios en La Habana.

El hecho de que Washington seleccionase a uno de sus diplomáticos más profesionales y veteranos de Estados Unidos, y que La Habana lo aceptase cuando pudo haber demorado el proceso e incluso rechazado la propuesta.

Ni el Departamento de Estado de EEUU ni el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano han respondido a una solicitud de comentarios por parte de Reuters.

La designación de Goldberg para el trabajo fue reportada por primera vez en diciembre. El futuro jefe de la sede diplomática estadounidense en La Habana ha servido previamente como embajador en Filipinas, jefe de la misión estadounidense en Kosovo y secretario de Estado adjunto para Inteligencia e Investigación.

Goldberg fue expulsado como embajador del aliado de Cuba, Bolivia, en 2008, cuando el presidente Evo Morales dijo que estaba “fomentando el malestar social”, acusaciones que el Departamento de Estado describió en su momento como “infundadas”.

Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba se han deteriorado desde que Trump asumió el cargo en enero del año pasado y revirtió los elementos de un acercamiento llevado a cabo por la administración del ex presidente demócrata Barack Obama. Trump, un republicano, ha reforzado las restricciones de comercio y viajes de Estados Unidos en la isla, volviendo a las caracterizaciones del Gobierno cubano que reflejan la larga hostilidad de la era de la Guerra Fría en los países.

Los vínculos también se han visto gravemente afectados por una serie síntomas inexplicables que afectaron desde finales de 2016 a 24 miembros del personal diplomático estadounidense y sus familiares destacados en Cuba.

Estados Unidos redujo su presencia diplomática en Cuba en más de la mitad el 29 de septiembre pasado y advirtió a los ciudadanos de Estados Unidos no visitaran la isla,  debido a presuntos ataques que habrían causado pérdida de audición, mareos y fatiga en el personal de la embajada de Estados Unidos.

Washington además expulsó a 17 diplomáticos cubanos de la Embajada de la isla en la capital estadounidense.

Investigadores estadounidenses están analizando una variedad de teorías, incluida la posibilidad de un ataque “viral”, para explicar qué pudo haber enfermado a los estadounidenses, dijo el Departamento de Estado el 9 de enero.

Funcionarios estadounidenses han dicho que era incomprensible que el Gobierno cubano no hubiera sido consciente de lo que sucedió o de quién fue el responsable, aunque no llegaron a culpar directamente a La Habana.

Los funcionarios cubanos están investigando el caso, pero han negado cualquier participación o conocimiento de lo que estuvo detrás de ello.

El Gobierno de los Estados Unidos no ha tenido un embajador en Cuba desde 1960. Washington cortó las relaciones diplomáticas con Cuba en enero de 1961 después de la Revolución cubana de 1959. En 1977, estableció una Sección de Intereses de los EEUU en La Habana bajo la protección de Suiza.

Como parte de la distensión entre Obama y Raúl Castro, Estados Unidos y Cuba restablecieron oficialmente las relaciones diplomáticas en 2015, elevando sus secciones de intereses a embajadas. Desde entonces, la embajada de los Estados Unidos ha estado dirigida por un encargado de negocios, al frente de la diplomacia en un país extranjero cuando no hay un embajador.

El Gobierno de Obama nominó a Jeffrey DeLaurentis, un diplomático de carrera con amplia experiencia en Cuba, para servir como embajador, pero no obtuvo un voto en el Senado de los Estados Unidos. DeLaurentis renunció en julio de 2017 después de completar su cargo de tres años.


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