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Base Naval de Guantánamo (foto: bbc.uk)

GUANTÁNAMO.- Llegué a Guantánamo en el verano de 1985 y de inmediato disfruté los programas transmitidos por el canal 8 de la televisión de la base naval yanqui bajo el auspicio del American Forces Radio and Television Services.

Tanto ese canal como las transmisiones de radio tenían como único objetivo entretener a los militares y a sus familiares destacados allí. Pero en un país donde el totalitarismo comunista eliminó las instituciones y libertades civiles, una programación como aquélla no podía ser mirada con simpatía por el régimen, que siempre consideró tales transmisiones como parte del diversionismo ideológico, término de procedencia soviética cuya aplicación tuvo nefastas consecuencias aquí después del Primer Congreso de Educación y Cultura, realizado en 1971. Sin embargo la emisora de radio y el canal 8 existían desde antes de 1959 y las autoridades cubanas jamás han podido mostrar prueba alguna que las vincule con la subversión ideológica hacia su gobierno. Una prueba fehaciente de que ese no era su objetivo es que su radio de acción sólo abarcaba 40 kilómetros y que jamás dirigieron ningún mensaje subversivo a los cubanos.

A pesar de su poca potencia el canal de la base se veía perfectamente en Caimanera, Guantánamo y algo más allá. Esta circunstancia, única en Cuba, permitía a los guantanameros evadir los reiterados y aburridos discursos oficialistas, también la tediosa programación de la TV nacional y constatar que más allá de nuestra insularidad había otro mundo diverso y, sobre todo, libre. Eso provocó que durante mucho tiempo quienes veían ese canal fueran cuestionados, con todas las consecuencias que eso tiene en un régimen intolerante como el castrista. También fue acicate para las fugas masivas hacia el territorio ocupado por los norteamericanos en la bahía de Guantánamo. Se cuenta que a veces llegaba un joven al parque en horas de la noche e invitaba a los demás a irse. Al otro día el suceso ya era historia.

A principios de 1990 se informó públicamente que estaba prohibido orientar antenas hacia el enclave militar pero muy pocos acataron la orden. Los más camuflaban las antenas o las quitaban por el día para colocarlas nuevamente durante la noche.

Dos guantanameros recuerdan

Luis —me permite que lo mencione sólo por su nombre— es uno de los guantanameros que visita habitualmente el parque José Martí. Su gran pasión es la pelota. “Mi padre fue trabajador de la base. Entró a trabajar como bracero, luego fue peón de la construcción y jardinero. Aunque era analfabeto y negro los americanos lo emplearon desde 1950 hasta 1990, cuando falleció. Todas las navidades le regalaban un jugoso aguinaldo, ¡qué malos eran! En 1954 se compró un auto nuevo en la base y gracias a su trabajo mi mamá, mis hermanos y yo vivimos sin problemas económicos. Después de 1959 muchos de los que antes venían a matar su hambre en nuestra casa comenzaron a mirarnos con mala cara. Mi primer traje de pelotero me lo trajo él desde la base y era del equipo Chicago White Sox, ese día también me trajo un guante, un bate y una pelota y dormí con ellos. En las navidades de 1955 se apareció en la casa con un televisor RCA Víctor que le cambió la vida a toda la familia. En él vi a peloteros cubanos de la talla de Orestes Miñoso y Camilo Pascual, pero también a otros grandes como Roberto Clemente, Roy Campanella, Mike Mantle, Ernie Banks, Hank Aaron, Willie May, Ted Kazanski y Joe Di Maggio y también las aventuras de Flash Gordon. Con otro televisor disfruté mucho los juegos de la NBA, aunque después de 1959 mi papá exigía que el sonido del aparato estuviera bien bajito porque ver esa televisión era algo peligroso”.

Los programas musicales dedicados al pop y al rock gozaban de extraordinaria aceptación entre los jóvenes, sobre todo Soul Train, que se transmitía los sábados por la mañana. Sobre esto me comentó Ángel Rodríguez Latamblé: “Era tal el impacto del programa que nos escapábamos de las escuelas en el campo para venir a Guantánamo a verlo. Recuerdo también algunas series como La ley y el orden, con Jerry Orbach en el rol principal, Star Trek y Los Expedientes X, transmitidas por la televisión cubana muchísimo después de que yo las viera en la base. Mis amigos y yo no nos perdíamos las transmisiones en vivo de las entregas de los Premios Oscar y Grammy, ni la selección de Miss Universo. Mis padres veían diariamente los noticieros, donde se enteraban de sucesos silenciados por la prensa oficialista cubana. Profunda huella dejó en mi generación el alunizaje de la nave Apolo, algo que todavía no ha transmitido la televisión cubana”.

También fueron muy vistos programas como I love Lucy, con el cubano Desy Arnaz, dramáticos como General Hospital —uno de los que más se prolongó en el tiempo— y The Tonight Show —primero conducido por Johnny Carson, luego por Jay Leno—, The Late Show, conducido por David Letterman y el más visto de todos, The Ed Sullivan Show.

Al principio el canal 8 transmitía hasta la medianoche, luego las veinticuatro horas. Un día de 1994, sin previo aviso, los guantanameros comprobaron desconcertados que no podían captar su señal. Muchos pensaron que había sido interferido por los comunistas, como había ocurrido ya con Radio Martí. Después se supo que la causa fue la implementación de la televisión por cable.

Con esa decisión el gobierno norteamericano demostró que su programación no tenía ningún interés desestabilizador contra el castrismo. De tan respetuosos que son, muchas veces los norteamericanos ayudan a las dictaduras con decisiones como ésta. Así fue como los guantanameros fueron privados de la más grande fuente de entretenimiento, información veraz y conocimiento que han tenido desde 1959 hasta la fecha.


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