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José Hasán Nieves y Elaine Díaz

LA HABANA, Cuba.- Aún no se había efectuado el miércoles 7 de febrero en Washington la primera reunión de la Task Force que estudiaría las oportunidades para ampliar el acceso a Internet en Cuba y ya un despacho de la agencia británica Reuters, firmado por la periodista Sarah Marsh, anunciaba que “los principales medios independientes” cubanos no querían tener nada que ver con dicha iniciativa de la administración Trump porque consideran que interfiere en los asuntos políticos de Cuba y no quieren que los confundan con “voceros de los Estados Unidos”.

Cuando se avanza en la lectura del despacho de Reuters, se descubre que esos “principales medios independientes cubanos” no son 14ymedio, Primavera Digital, Convivencia, o algún otro que tenga que ver con los periodistas independientes y que se hacen en Cuba desde la pasada década y están bloqueados por el régimen, sino los mucho más recientes Periodismo de Barrio, La Joven Cuba, El Estornudo y El Toque. Es decir, los medios hechos por periodistas y blogueros paraestatales o semioficialistas, a los que cada vez se hace más difícil diferenciarlos de los oficialistas, de tan socialistas y dentro de la revolución como dicen ser y estar.

Aun no se sabe qué rayos va a hacer la susodicha Task Force para ampliar el acceso a Internet y lo que sea que pueda venir, ya es rechazado tajantemente por estos comunicadores alternativos que aparentan ejercer una especie de oficialismo por cuenta propia. Su rechazo es casi tan virulento como el del régimen, que no para en su perreta acerca de lo que califica como “planes subversivos en el espacio digital cubano”.

¿Acceso a Internet libre y sin regulaciones? ¡Jamás! ¡Qué horror!

Explica Sarah Marsh que esos medios alternativos, hechos por “milennials como Elaine Díaz”, surgieron al calor de “la expansión de Internet y de la ampliación de las libertades sociales y económicas” en Cuba.

Sarah Marsh entrevistó a José Hassan Nieves, director de El Toque, quien lamentó que “les estén dando argumentos a los que están tratando de vincularnos con el enemigo para minimizar nuestra presencia en la sociedad cubana”, y también a Miguel Alejandro Hayes, de La Joven Cuba, quien escribió una carta abierta de protesta al Departamento de Estado. Pero la principal entrevistada de Marsh fue Elaine Díaz, la pionera —¿por el comunismo?— de estos medios alternativos, que expresó su temor de que esta movida dañe “la credibilidad de los medios independientes” (ya sabemos a cuáles se refiere).

No es de extrañar que Elaine se pronuncie en contra de la ampliación del acceso a Internet y esté más que satisfecha con las áreas wifi en los parques. Hace varios años, antes que cerrara su blog, lo volviera a abrir, y luego lo volviera a cerrar para crear Periodismo de Barrio, declaró en la TV que no había que exagerar acerca de las limitaciones a los cubanos para acceder a Internet porque su abuelo no sabía siquiera qué era Internet y vivía encantado de la vida.

Cuando apareció Elaine Díaz, sus posts fueron un soplo de aire fresco en la blogosfera permitida, llamémosla así, por no decir oficialista. Decía sentirse capaz de polemizar con cabeza propia, de intercambiar criterios cara a cara con blogueros disidentes. Luego, en su segunda temporada, recogió cordel. Deben haberla llamado a contar y explicado los límites de su independencia dentro de la revolución.

Comparada con los cibercharlatanes oficiales como Iroel Sánchez, Elaine se mostraba atrevida, desenfadada e irreverente, cuando en su blog espaciodeelaine.wordpress.com clamaba por un sistema más participativo, se quejaba del anquilosamiento de la prensa oficial que “se ahogó entre tantas cifras, sobrecumplimientos y frases hechas” y de la mojigatería de “los decisores políticos que se escandalizan con las cosas de los estudiantes como si la Revolución se viniera abajo la próxima semana”, y se preguntaba, cual si no supiera la respuesta: “¿qué clase de Revolución se viene abajo por tan poco?”

Pero he aquí, que en el año 2015, Elaine Díaz fundó Periodismo de Barrio, y se dedicó a escribir largas y exquisitas crónicas sobre ambientalismo, los desastres naturales y los damnificados por ellos. Y así, alcanzó su “definición mejor”, como diría Lezama.

Sarah Marsh no pudo recoger los criterios de Harold Cárdenas, de La Joven Cuba, porque está en New York, en una beca de dos años de la Universidad de Columbia, como mismo hace unos años tuvo Elaine Díaz una beca en Harvard. Harold decidió irse a estudiar al extranjero el día que Trump ganó las elecciones. Conociendo bien a sus amados y muy paranoicos líderes y a los retranqueros que los rodean, el bloguero, precavido, no quiso ser víctima del fuego amigo cuando aumentara “la retórica hostil” de Trump en contra del régimen y este entrara en pánico y empezara a disparar hacia todos lados, como está sucediendo ya. Entonces, siempre más a la izquierda que Lenin, y con un libro de Che Guevara bajo el sobaco, Harold se fue a las entrañas del monstruo imperialista, a cavar su nueva trinchera de combate por la revolución y el socialismo.

Entrevistada por Reuters, Elaine Díaz se jactó de que los medios alternativos cuya defensa asume, son totalmente independientes, tanto de las autoridades cubanas como de cualquier otro gobierno.

¿Sabrá Elaine que El Toque hasta hace unos meses recibía financiamiento de Radio Netherland? Y es conocido que Radio Netherland, entre enero del año 2013 y enero de 2017, recibió 56 millones de euros del Ministerio de Relaciones Exteriores de Holanda.

¿Y qué habrá con La Joven Cuba?

Malpensado que soy, cada vez me convenzo más de que estos medios alternativos, críticos de cosquillitas aspiran a copar espacios en la blogosfera, para barrer a los periodistas independientes.

Va y en el futuro postraulista, en la componenda que se nos encima, el régimen logra armar un amago de prensa alternativa con blogueros y periodistas como Elaine Díaz, Harold Cárdenas, Miguel Alejandro Hayes, José Hassan Nieves y otros de su especie, quienes serían complementados por ciertos cotorrones de Espacio Laical y Cuba Posible, que ya hasta se arrogan el derecho de hablar a nombre de todos los cubanos y de determinar cuáles de ellos son patriotas y cuáles no.

Por lo pronto, los blogueros permitidos, los paraestatales, con su muela que apenas difiere de la oficialista en algún que otro matiz, siguen ganando visibilidad y todo tipo de reconocimientos, gracias a reportes como el de Sarah Marsh y otros dispuestos a dejarse confundir.

luicino2012@gmail.com


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