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Luis Trápaga (foto archivo)

LA HABANA, Cuba.- Luego de 48 horas de detención, el artista plástico Luis Trápaga enfrenta cargos por el supuesto delito de “actividad económica ilícita”, luego de que su casa fuera registrada sin herramientas legales por la Seguridad del Estado.

Mientras su pareja lo creía haciendo un trámite en las oficinas de vivienda, Trápaga fue detenido en horas de la mañana del sábado, y conducido a 21 y C, donde quien se identificó como teniente coronel Kenia. Esta le informa que tienen una orden de registro para levantar cargo en su contra.

La casa-galería El Círculo, de la que es dueño el artista, fue allanada desde las 10 de la mañana hasta las 3 de la tarde.

A la activista Lía Villares no la dejaron ser testigo del allanamiento y “querían que se fuera de la casa”, denuncia Trápaga, “pero eso fue otro debate más, al final la dejaron sentada en la sala custodiada por dos mujeres”.

“El registro lo hicieron con la oficial Kenia al frente, y no sé cuántas coronelas, de las que les dicen las marianas, las mismas que reprimen a las Damas de Blanco, dos para controlarme a mí, cuatro policías y dos testigos”, cuenta Villares. Trápaga asegura que además estaban los dos agentes de la sección 21, los que se hacen llamar, Efren y Marcos, y “agentes de la policía nacional uniformada que tomaban nota de todo lo que estaban confiscando”.

“Se lo llevaron todo, todo”, y Lía se refiere a su laptop personal, la impresora, sus discos duros, sus memorias, dos laptops nuevas que habían sido un regalo personal, los teléfonos, a lo que agrega Trápaga las cámaras fotográficas y de video.

“Y montones de panfletos de Cuba Decide que teníamos aquí”, material que el artista asume como propio porque comparte las ideas que promueve la campaña. “Después vienen cosas absurdas como nuestras tarjetas de presentación”, y otras cosas no tan absurdas como dinero, “400 dólares míos, que estaban en un sobre, dentro de una gaveta. No sirvió que les dijera que mis hermanos me mandan dinero y que además yo vendo mis pinturas. Nada. Decían que era mal habido”, y lo  “confiscaron”.

Solos les dejaron sus teléfonos personales, aunque estuvieron en poder de las fuerzas represivas por varias horas.

Durante en el interrogatorio a Lía Villares le dijeron que habían encontrado seiscientos discos compactos, “pero no sé de qué serán”. Lía asegura que los agentes estaban “enfocados en todo el material que encontraran de Cuba Decide”. La activista estuvo detenida en contra de su voluntad por más de 24 horas en la estación de 21 y C y luego trasladada a la 11na de San Miguel del Padrón.

“Un registro es lo más humillante del mundo, que te estén hurgando en tus cosas personales, papelito por papelito”, resume su experiencia, y agrega, “además, le hacían foto a todo”.

“Me liberaron ayer alrededor de las 8 de la noche” cuenta el artista, y, como suponía Lía Villares, fue llevado a Zapata y C y luego trasladado a la estación del Cotorro, municipio periférico de la ciudad a donde también son conducidas con frecuencia las Damas de Blanco.

Pero antes “la tal Kenia quería instruirme de cargos” y le puso un papel delante en que se le acusaba de “actividad económica ilícita” y cuando preguntó en qué se basaban para tal imposición, “no supo explicarme, por tanto no lo firmé. Yo firmé solo el acta de decomiso de mis cosas”, porque  aunque no tenga muchas esperanzas de recuperarlas, Luis piensa “echar la pelea” para que quede constancia.

El artista finalmente se detiene en detalles de su detención que le parecieron alarmantes.

“La Kenia me arrebata las llaves prácticamente, delante de los testigos, cierra la puerta y se queda con ellas porque dice que es parte del procedimiento”, pero no le consta que no hayan sacado copias o cualquier otra cosa, “y en la estación quisieron chantajearme con que si no firmaba la acusación, no me devolvían mis pertenencias”.

En el interrogatorio a Lía Villares le exigieron definir qué era Cuba Decide y le hicieron cuánta pregunta se les ocurrió sobre el tema, “¿y de dónde saqué la laptop? ¿de dónde saqué los discos duros? ¿quién imprimió los panfletos? ¿de dónde me llegan las copias?”, como si ellos no tuvieran, supuestamente, conocimiento de esa información.

Villares supone que este atropello tenga su origen en un video que publicó en las redes sociales hace varios días donde denuncia cómo le quitaron a Trápaga material de la campaña que dirige Rosa María Payá.

La Galería El Círculo ha sufrido en los últimos meses el recrudecimiento de la represión que se constata en toda la isla. La censura y la detención de los artistas que intentaban asistir a una obra de teatro como parte el programa del festival de Poesía Sin Fin, fue una de las últimas escenas montadas de la Seguridad del Estado para privar de libertad de expresión a los dueños del espacio alternativo.


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