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El Cerro, La Habana, Emaro (PD) Los jóvenes de hoy no creen mucho en eso de la cortesía. Los hay que son amables con los mayores, pero tienes que escucharlos en sus ambientes, entre sus coetáneos: las mayores groserías, que para una persona de una generación anterior serían una ofensa, para ellos son naturales y normales.

Se saltan etapas en las relaciones personales y a poco de conocerse, fornican, en una esquina, en un campismo o en una piscina, eso sí, con preservativo o condón, que para eso sí tienen una buena cultura.

El Ministerio de Educación debería oficializar el uso de películas XXX en las clases para adolescentes de secundaria (los de grados superiores ya lo saben todo), para que completen su cultura social.

Ya los jóvenes, gracias a las nuevas tecnologías digitales, tienen en las memorias de sus computadoras, tablets o teléfonos, todo lo que necesitan saber y más: sexo minuciosamente gráfico y detallado, en todas las posiciones del Karmasutra y más, hétero y homosexual, sencillo y múltiple, con aparatos, como en los ejercicios, o a mano limpia…Todo. Entonces, para qué ser tan mojigatos y conservadores cuando un niño de octavo grado sabe mucho más en la teoría que lo que ha visto un adulto de 70 años en vivo. Es mejor mostrar y explicar cuando sea conveniente.

Dos maestras emergentes que yo conocía fueron expulsadas cuando se comprobó que ponían filmes porno duros a los muchachos de la secundaria al lado de mi casa. Cerraban las puertas y ventanas y por un par de horas se podían escuchar las moscas en el aula. Tanta inusitada tranquilidad llamó la atención de los superiores y fueron a espiar la clase a través de las rendijas de las persianas. Los chicos se molestaron mucho cuando se marcharon cabizbajas las atrevidas educadoras, que eran las más populares de la escuela.

Las dos maestras no estaban mostrando algo que no se supiera ya o que fuera ilegal. A fin de cuentas, practicar el sexo es tan solo otra de las naturales facetas humanas que hemos hecho toda la vida, es tan común como cagar. Pero todavía tenemos personas quienes pretenden no hacer tales barbaridades groseras y puercas. Es como si vinieran de Marte. ¿Qué se creerán? ¡Lo que trae el raciocinio! Un perro no se esconde para cagar y cuando caga en público no se sonroja, ni cuando hacen sexo, aunque sí se quedan enganchados para mostrar a todos los pequeños del barrio cómo es la cosa e irlos iniciando…

En Cuba, hay una gran cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan y que ni siquiera se molestan en irse a registrar a las oficinas de empleo. Permanecen todo el día, reunidos en las esquinas de los barrios jugando dominó o haciendo cuentos de toda ralea, tan solo para matar el tiempo y ver si aparece la oportunidad de ganar algún dinero sin demasiado esfuerzo, de cualquier forma imaginable, incluyendo las más malas.

Estos chicos, cuando observan que alguna o algunas jóvenes se acercan, se aprestarán para piropearlas. Pero no crea usted que los piropos son como los de antes, cuando los hombres intentaban aguzar su imaginación para soltar alguna ingeniosidad elegante, o repetir alguna estrofa de un bolerón. Nada de eso. Hay que taparse los oídos para no sonrojarse o alterarse ante las groserías que se dicen mutuamente. Usted pensaría que las chicas van a voltearse indignadas y van a responder como Dios manda, pero si se tornan verán unas sonrisas sarcásticas en sus labios y oirán peores barbaridades en sus voces. Mientras más grosero el flirteo, más aceptado y más exitoso. Por supuesto que hay sus excepciones, pero esa es la regla.

Viví varios años al lado de una secundaria y comprobé que las niñas eran mucho más rudas en sus expresiones que los varones. ¿Será porque ellas se desarrollan más rápido y temprano que ellos?
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro


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