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Luz Escobar

"Señora, ¿me puede ayudar a poner una recarga?", pregunta la vocecita de una niña que en sus manos sostiene un par de pesos convertibles. La cliente que acude al puesto de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) accede al pedido y la niña, tras conseguir el favor de la mujer, se va contenta a chatear en Facebook desde una zona wifi y colgar fotos en Instagram, fuera del control de sus padres.

El número de menores de edad que entran en las redes sociales en Cuba va en aumento. No hay estadísticas oficiales sobre la cifra de niños que usan estas plataformas, pero basta recorrer las zonas de navegación inalámbricas instaladas en plazas y parques para confirmar la constante presencia de infantes pegados al móvil o la tableta.

Los reglamentos de Etecsa exigen que el cliente que use el servicio de internet en las zonas wifi tenga más de 18 años. Además, no vende recargas a niños y en sus salas de navegación los usuarios con menos de 12 años deben asistir en compañía de un adulto.

Sin embargo, el fenómeno de niños usando las redes sociales sin vigilancia se ha ido extendiendo en la medida que crece la conectividad en la Isla. En el país existen 370 sitios públicos para el acceso vía inalámbrica a Internet y más de 630 salas de navegación, según datos ofrecidos por el ministro de Comunicaciones, Maimir Mesa, ante los ante los diputados de la Asamblea Nacional en julio de 2017.[[QUOTE:El fenómeno de niños usando las redes sociales sin vigilancia se ha ido extendiendo en la medida que crece la conectividad en la Isla]]Muchos menores se conectan en compañía de amigos, colegas de la escuela o en solitario. Logran acceder a la red usando una cuenta de navegación de un adulto o comprando una tarjeta de acceso por unas cuantas horas, pero también con la ayuda de un mayor de edad. Una vez dentro del vasto territorio digital están expuestos a más peligros de los que imaginan.

Karolina tiene 15 años y publica cada día en su muro de Facebook. La cuenta la abrió fingiendo tener una edad que aún le falta por alcanzar y en su perfil se le ve con un diminuto short y una blusa que deja al descubierto todo el abdomen. En su muro otros usuarios han puesto emoticones pícaros y golosos.

La joven, residente en la ciudad de Camagüey, entra a las redes a través de una conexión doméstica asignada a su padre, médico especialista en un hospital de la zona. "Cuando llego del trabajo está enganchada frente a la computadora y a veces come con el plato en la mano para no separarse de la pantalla", comenta la madre.

El ordenador no tiene habilitado ningún filtro de control parental y la adolescente se pasa la mayor parte del tiempo en el chat de Facebook. "A veces hablo con mis amigas y otras con alguien que aparece", cuenta a 14ymedio. No puede precisar qué edad tienen las personas desconocidas con las que intercambia saludos, aunque infiere que son de más o menos su misma edad.

Uno de los peligros a los que se exponen los menores de edad en la red es el llamado grooming, que consiste en que un adulto se hace pasar por menor de edad para interactuar con niños. El perpetrador busca ganarse la amistad del infante para su beneficio, pidiéndole que envíe fotos con desnudos y, en el peor de los casos, puede acabar en una agresión sexual si el adulto consigue contactar en persona con la víctima.

La inexperiencia de los internautas cubanos, que durante años permanecieron ajenos a la existencia de internet, la falta de un debate público sobre esos peligros y el relajamiento moral que recorre la sociedad cubana agravan la fragilidad de estos niños ante los depredadores virtuales.

Servicios como Facebook y Twitter están sometidos a la ley para la protección de la privacidad de los niños (COPPA, por sus siglas en inglés), que rige a las empresas con sede en Estados Unidos. La norma impide que un menor tenga ni una dirección de correo electrónico ni perfil de red social, pero los caminos para burlar ese obstáculo son múltiples.

Ninguno de los padres revisaba lo que Karolina publicaba en las redes sociales y ambos se mostraron sorprendidos cuando un vecino comentó lo que ocurría. La adolescente había subido fotos de sí misma en poses de distintos tipos y había contado intimidades sobre su vida y su familia, además de haber hecho pública su dirección personal y el número del teléfono fijo. "Por poco nos da un infarto", cuenta el médico. Una reprimenda fue la respuesta, pero la adolescente sigue publicando en su muro. "¿Qué vamos a hacer si ella se entretiene ahí?", justifica la madre.

"No hay una práctica de usar los controles parentales y en general en Cuba hay mucha permisividad con los niños, que acceden a cualquier tipo de contenido digital", apunta Amaury Velázquez, diseñador y realizador de aplicaciones para la web. El profesional ha trabajado en la programación de varias herramientas digitales enfocadas a los más jóvenes.

"No solo se ve en el tema de internet, sino que la mayoría de los niños miran escenas de sexo en las películas que ven sus padres sin controlar que hay un menor delante, están al tanto de las historias para adultos de las telenovelas y de los chistes de relajo que se hacen delante de ellos", apunta el informático.

Los expertos en el tema advierten de que los menores de 14 años no deben tener redes sociales y varios psicólogos infantiles consultados por este diario sugieren incluso que tampoco tengan acceso a un teléfono móvil antes de esa edad. "Ni siquiera un celular sin línea telefónica, porque entonces usan Zapya para intercambiar contenido", agrega una especialista en la materia consultada por 14ymedio y que prefirió el anonimato.[[QUOTE:Neily, de doce años, mintió al abrirse una cuenta de Facebook y dijo que había nacido en 1999 aunque su foto de perfil delata que tiene menos edad]]La popular aplicación es utilizada por muchos niños y adolescentes cubanos para pasarse vía Bluetooth fotos, canciones y videos. "He atendido a varios niños con síntomas de estrés por haber sido víctimas de burlas de sus colegas a través de esa vía", agrega la psicóloga. "Una adolescente que traté tenía una gran ansiedad por una foto suya semidesnuda que fue compartida en Zapya".

Neily, de doce años, mintió al abrirse una cuenta de Facebook y dijo que había nacido en 1999 aunque su foto de perfil delata que tiene menos edad. En sus preferencias está marcado que le interesa la música trap, es fanática de Bad Bunny y comparte selfies en los que lanza un beso a la cámara con los labios pintados de un intenso color rojo.

"Cuando hay tarjetas temporales para recargar una hora es mejor porque le pido a cualquiera de la cola que me la compre y así navego", explica la joven a una amiga mientras espera a que llegue un nuevo cliente en la oficina de Etecsa del céntrico edificio Focsa. Este martes Neily salió con varias amigas después de clases con el deseo de "ir pa' la wifi", el nuevo destino de salidas a esa edad.

La niña se vanagloria ante sus amigas de que ha conectado con su ídolo musical Bad Bunny por Facebook y asegura que le respondió un saludo: "Muchas gracias, conejita" fue el breve mensaje que recibió. No se le ocurre que quizás no fue su cantante favorito que le escribió. Y sus padres, sin enterarse de nada.

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