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Carlos A. Torres Fleites

Desde que Florentino Cárdenas comenzó a vender hierbas medicinales hace dos décadas, nunca había visto tanta demanda como en los últimos meses. Su clientela en la ciudad de Santa Clara ha ido creciendo en la misma medida en que las farmacias se van quedando sin medicamentos.

Más que el deseo de rescatar una antigua tradición, el resurgido interés por infusiones y tisanas se debe a la escasez de analgésicos, antipiréticos y antinflamatorios en la red de farmacias estatales, según cuenta a 14ymedio este hierbero con un local de venta en la esquina de las calles Martí y Maceo.

Cada día, numerosos clientes visitan a Cárdenas en la pequeña sala donde atesora sus productos. Buscan plantas para aliviar problemas de salud o ceremonias religiosas. En los estantes hay atados con hojas, trozos de ramas y unos pequeños sobres con productos secos.

Cerca de allí, en una céntrica farmacia, los anaqueles solo tienen unos pocos productos. "Seguimos con muy pobre suministro", confirma la empleada. "No tenemos ninguno de los medicamentos de mayor demanda como dipirona, paracetamol, azitromicina, clobetasol, ketoconazol ni triamcinolona".

Una señora que llega preguntando por un medicamento para bajar la fiebre decide seguir hasta el puesto de Cárdenas tras recibir una respuesta negativa. "Cuando no hay pan hay que comer casabe", ironiza, "así que cuando no hay medicamentos hay que usar hierbas para aliviar el problema".[[QUOTE:Durante la crisis económica de la década de 1990 el déficit de medicamentos llevó al Ministerio de Salud Pública a promocionar el consumo de plantas medicinales]]Durante la crisis económica de la década de 1990, acuñada oficialmente como Período Especial, el déficit de medicamentos llevó al Ministerio de Salud Pública a promocionar el consumo de plantas medicinales. Algunos consultorios del médico de la familia llegaron incluso a tener su propio vivero.

El Ministerio creó también un Programa Nacional de Medicina Natural y Tradicional, pero muchos pacientes rechazan estos métodos que consideran arcaicos y prefieren el fármaco, según varias opiniones recogidas por este diario.

Martha Fuentes, médico de la familia en un consultorio perteneciente al consejo popular Universidad de Santa Clara, promueve entre sus pacientes el empleo de las plantas medicinales y de los productos naturales. "Siempre que puedo, aconsejo utilizarlos y explico sus beneficios", detalla.

La especialista lamenta que en la ciudad solo exista un laboratorio de medicina verde administrado por las autoridades de Salud Pública, que considera infrautilizado y se dedica apenas a producir algunos jarabes.

En el centro de la Isla existen más de 60 especies de plantas medicinales, pertenecientes a 30 familias botánicas, que los pobladores utilizan con frecuencia. La mayoría de las veces se emplean las hojas, pero también otras partes como la corteza o las raíces, precisa Gumersindo Cabrera, estudioso del tema.[[QUOTE:Desde el año pasado el desabastecimiento de medicamentos ha tensado la situación de muchos pacientes en la Isla]]"En las familias los principales promotores de estas hierbas son casi siempre los abuelos y muchos usos curativos se están perdiendo ante el avance de los fármacos", explica Cabrera. "Sin embargo, cuando hay momentos como estos se retoman los brebajes y los emplastos de hierba".

Desde el año pasado el desabastecimiento de medicamentos ha tensado la situación de muchos pacientes en la Isla. El Ministerio de Salud Pública y BioCubaFarma reconocieron que desde junio pasado se están registrando "grandes afectaciones" debido a problemas en el suministro por el impago a los distribuidores.

"La gente ha tenido que optar más por los fitofármacos que tienen propiedades terapéuticas, tónicas, digestivas, laxantes, diuréticas y antirreumáticas, también ha crecido el uso de plantas con cualidades antiinflamatorias y expectorantes", precisa Cabrera, que agrega a esa lista los productos con miel de abejas y propóleo.

No obstante, recomienda "consultar previamente a algún especialista antes de consumir alguno de estos remedios, porque también puede ocasionar reacciones adversas".

Para Florentino Cárdenas el consumo de plantas no debe tomarse solo como una alternativa al desabastecimiento de fármacos. Con un libro del investigador y botánico cubano Juan Tomás Roig, el anciano diserta frente a varios clientes sobre las ventajas de consumir estos remedios naturales en lugar de tabletas.[[QUOTE:El vendedor se abastece de algunos cultivadores de las áreas rurales de la provincia pero también cosecha varias de las hierbas en su propio jardín]]El vendedor se abastece de algunos cultivadores de las áreas rurales de la provincia pero también cosecha varias de las hierbas en su propio jardín. Así garantiza que el producto esté fresco y recién recolectado cuando el cliente se lo lleva.

Mientras enumera las especies que tiene sembradas en su propia casa se mueve entre los estantes abarrotados de manzanilla, hojas de guayaba, guajaca, yagruma y raíces de mastuerzo.

"Al principio fue muy difícil, me catalogaron de brujero y hasta de estafador. Muchos desconfiaban y cuestionaban que se vendieran estos productos públicamente, hasta me busqué algunos enemigos que llegaron a acusarme ante las autoridades", lamenta Cárdenas.

El tiempo y la necesidad ayudaron a que sus peores críticos terminaran por aceptar sus remedios. Ahora, aquellos detractores de antaño se acercan también al puesto para comprar palos de eucalipto, guajaca, sábila o la muy popular moringa.

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