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De izquierda a derecha: Iris Yerandy Kindelán, Margarita Barbena Calderín, Lismery Quintana Álvarez, Suarmy Hernández Gavilán, Igdaris Pérez Ponciano y Bárbara Cerdiña Recarde (Foto: María Matienzo)

LA HABANA, Cuba.- Bárbara Cerdiña es una de las mujeres que decidieron separarse de las Damas de Blanco junto a 46 activistas más para, sin abandonar la ropa blanca y los gladiolos, continuar con su activismo político y social.

“Nosotras no estamos creando un movimiento nuevo, no”, declara Cerdiña a CubaNet. “Solo queremos retomar el legado de Laura Pollán, lo que perdimos con tanta represión contra #TodosMarchamos”.

Según la activista, ellas eran “un movimiento de 450 Damas a nivel nacional y, antes de separarnos nosotras, éramos noventa y pico de Damas. Fíjate la pérdida que hubo”.

“La represión se agudizó sobre los hijos nuestros, sobre nuestros familiares”, agrega. Habla de lo que siente que perdieron y que ahora intentan retomar: “Perdimos todas las fechas históricas, los proyectos sociales con las personas mayores o de escasos recursos, las actividades con los niños” como los Reyes Magos o Extendiendo las Manos, “por el que nos hacían llegar ropas, libros, juguetes, pero como nos centramos en #TodosMarchamos y era tan grande la represión no podíamos hacer nada de esto”, cuenta.

“Cuando nos sentamos con la representante”, añade, refiriéndose a la actual líder del Movimiento Damas de Blanco, Berta Soler, “le dijimos que #TodosMachamos nos trajo más pérdida, más represión, más presos, (pero) ella no estuvo de acuerdo”.

Entonces decidieron separarse porque no consideran un logro la denuncia de la represión a través de videos.

Para ella, “un logro es la excarcelación de los presos o haber aumentado los proyectos sociales o el activismo o haber crecido el Movimiento y no disminuirlo”, y enumera dos de las pérdidas más dolorosas: la 5ta Avenida y la asistencia a misa.

Refiere además cómo a partir de la “división hemos logrado la participación en misa” y aunque a veces “logramos asistir seis porque nos detienen a mitad de camino, ha habido un balance y todos los viernes ha habido una participación”. La estrategia es moverse por las iglesias de la ciudad porque lo más importante “es pedir por nuestros presos y por la libertad de Cuba”.

“Este viernes nos detuvieron a todas”, dice. Unas fueron abandonadas a su suerte en lugares distantes de la ciudad, pero Bárbara Cerdiña y María Hernández, otra integrante del grupo, permanecieron desaparecidas durante horas. “En el interrogatorio al que me sometieron, lo mismo de siempre: que si yo estaba inventando en las iglesias, que si estaba llevando a las mujeres a la calle de nuevo, la misma cantaleta de siempre”.

También le dijeron “que si Hugo, que si su grupo”, hablando de su esposo, Hugo Damián Prieto Blanco, del Frente de Acción Cívica Orlando Zapata Tamayo.

Sin embargo, en esto Bárbara no encuentra nada novedoso, porque las detenciones y la violencia que ha vivido en los años que lleva como opositora han sido muchas.

“Desde que decidí ser opositora pienso que he ganado más de lo que he perdido, porque sé que estoy haciendo algo por salir de esta dictadura”, confiesa la activista, aunque tuvo a sus dos hijos presos durante dos años y siete meses.

“Todo para tratar de amenazarnos o de chantajearnos para que nos quitáramos de #TodosMarchamos o ellos iban a prisión y así mismitico lo cumplieron”, dice sobre sus hijos que, aunque ya han sido excarcelados, el proceso lo sufrió toda la familia.

Entre las ganancias está el proyecto Ignacio Agramonte dirigido a los niños de la comunidad.

“Lo iniciamos ayudándolos en sus tareas, con sus trabajos prácticos, les damos matemáticas y español”, y van un poco más allá de lo que se suele dar en las escuelas cubanas: “Inclusive estuvimos dándoles inglés, artes manuales, rescatamos valores, hicimos un organopónico en el que logramos tener siete canteros y son ellos los que siembran y recogen su cosecha”. Quiere, con este acto meramente simbólico, contribuir a la formación de la personalidad de los niños que participan del proyecto.

Otros de las actividades son excursiones a museos, parques de diversiones, una cena por la Navidad y los regalos por los Reyes Magos.

Para Bárbara Cerdiña, el alcance es mayor del que pudiera lograrse con una protesta en la calle.

“Todos los padres de esos niños cooperan con nosotros, nos apoyan como todas las familias que mi esposo, con su proyecto de reparación de viviendas, ha podido tocar. Ya ellos no pueden llegar aquí y hacerme un acto de repudio como me lo hacían antes”, y se refiere a la Seguridad del Estado y sus actos represivos. “Hoy la gente reacciona porque saben quiénes somos nosotros. Ya no somos los ‘terroristas’ que ellos les decían a los vecinos que éramos”.

Junto a ella están Aliuska Gómez, a quien le condenaron a su hijo menor de edad por un “supuesto delito” de violencia, y Lismery Quintana Ávila, que fue a prisión por negarse a pagar las multas que le imponían cada domingo por salir a manifestarse. También está María Hernández Gavilán, quien estuvo presa este viernes por asistir a misa.

Las 46 mujeres se están “dando un tiempo” para organizarse, “pero ya hay entre quince y veinte mujeres, esposas de activistas y otras que se han acercado que quieren incorporarse a las once de La Habana”. Hay más en Santiago de Cuba, Palma Soriano, Bayamo y Matanzas.

“Nosotras no quisimos arrogarnos el nombre de Damas de Blanco”, aclara. “En estos momentos no tenemos nombre, pero el propósito nuestro no es dejar que ese Movimiento caiga al suelo porque costó mucho sacrificio, mucha represión y podemos decir que le costó hasta la muerte a su líder, pero estamos haciendo el Movimiento que nosotras queremos”.


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