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14ymedio

Un estruendo abrumador. Así define uno de los diplomáticos estadounidenses presuntamente afectados por los ataques sónicos en Cuba a finales de 2016. "Era molesto hasta el punto de que tenías que entrar en la casa y cerrar todas las puertas y ventanas y encender la tele. Pero no me preocupé mucho del asunto. Pensé: 'Estoy en un país extraño, y los insectos aquí hacen ruidos fuertes'", recuerda el funcionario, uno de los entrevistados por ProPublica que accedieron a dar su testimonio a cambio de permanecer en el anonimato.

El diario digital estadounidense, especializado en investigaciones en profundidad, descarta una por una todas las hipótesis, menos la pista rusa porque Moscú "tiene una larga historia de hostigamiento a diplomáticos de Estados Unidos".

[[QUOTE:'ProPublica' descarta en una investigación una por una todas las hipótesis, menos la pista rusa porque Moscú "tiene una larga historia de hostigamiento a diplomáticos de Estados Unidos"]]El diplomático afirmó a ProPublica haber estado verdaderamente encantado con su estancia en Cuba, tanto por los atractivos del país como por sentir que estaba en el lugar y momento para la Historia. Pero el ruido se repitió días después, cuando la familia cenaba con un colega. "Estoy bastante seguro que son chicharras", dijo. "No son chicharras", le respondió el otro. "Las chicharras no suenan así. Es un sonido demasiado mecánico".

Según uno de los testimonios, los ruidos se producían en su hogares, a veces incluso durante más de una hora, hasta el punto de que la familia, tras las quejas presentadas en la embajada, recibió una visita de técnicos de mantenimiento que verificaron que no había insectos ni desperfectos eléctricos. A partir de febrero los ruidos se fueron mitigando hasta desaparecer.

Un mes después, un compañero abandonó la Isla para regresar a EE UU después de que en un breve viaje a Miami se le diagnosticaran problemas de salud que incluían una severa pérdida de audición. Antes de marcharse, el hombre le hizo escuchar una grabación de un ruido que había detectado que el diplomático identificó como similar al que había escuchado él.

Aunque ni la fuente de ProPublica ni su familia fueron diagnosticados de ninguna enfermedad o lesión tras regresar a Miami, 22 estadounidenses y ocho canadienses presentaban desde dolores de cabeza y náuseas a pérdida de audición.

Según recuerda ProPublica, entre los afectados iniciales había al menos cuatro funcionarios de los servicios secretos estadounidenses, la CIA, que trabajaban bajo cobertura diplomática y posteriormente se sumaron otros dos, algo que se considera un "porcentaje notablemente alto para la estación de la CIA relativamente pequeña en La Habana", según los funcionarios entrevistados.

[[QUOTE:"Trump llegó al cargo oponiéndose a mejores relaciones con Cuba", lo que ha provocado que "la Administración se haya adelantado a las evidencias y a los datos de inteligencia"]]La investigación de ProPublica sostiene que los síntomas de los afectados varían mucho frente a lo que sostiene el Departamento de Estado, que señala "similitudes entre los expedientes médicos".

Para una de las fuentes de ProPublica, un oficial de seguridad nacional de EE UU, "Trump llegó al cargo oponiéndose a mejores relaciones con Cuba", lo que ha provocado que "la Administración se haya adelantado a las evidencias y a los datos de inteligencia".

El texto señala que al Buró Federal de Investigaciones (FBI) se le acaban los hilos de los que tirar y que ni ellos ni la CIA han podido avanzar en preguntas básicas de esta investigación. Sí hay diferencias entre ellos, ya que el FBI ha descartado ampliamente la posibilidad de que los estadounidenses hayan sido impactados por algún tipo de aparato sónico y se han esforzado en encontrar evidencias de una trama internacional, frente a los agentes de inteligencia que consideran un patrón el hecho de que varios de ellos hayan sido afectados.

La mayoría de los incidentes se reportaron en las propias viviendas de los diplomáticos en el oeste de La Habana, aunque se produjeron al menos dos supuestos ataques en sendos hoteles de la capital.

Una de las fuentes de esta investigación periodística afirmó que los ruidos, que comenzaron a sentirse durante el luto oficial por la muerte de Fidel Castro aunque no se informó inmediatamente de ello, estaban "extrañamente enfocados" y solo se oían en función de la posición de la persona en la habitación. Los sonidos han sido descritos como agudos y desorientadores. Inicialmente los diplomáticos pensaron que se trataba de habituales episodios de vigilancia o acoso que los estadounidenses han denunciado desde que en 1977 se abrió la Sección de Intereses y que, según citan, a veces eran provocaciones que los americanos respondían con otras similares.

[[QUOTE:A mediados de enero de 2017, cuando otros dos funcionarios de inteligencia pidieron atención médica en la embajada, el asunto empezó a preocupar]]La primera queja seria se produjo en el mes de diciembre de 2016 y la recibieron el propio jefe de la diplomacia, Jeffrey DeLaurentis, y el jefe de seguridad diplomática de la embajada, Anthony Spotti, el 30 de diciembre. En seguida se produjeron otras dos reclamaciones similares de agentes de la CIA pero todos los creyeron "solo otra forma de hostigamiento" por parte del Gobierno cubano, dijo un oficial.

A mediados de enero de 2017, cuando otros dos funcionarios de inteligencia pidieron atención médica en la embajada, el asunto empezó a preocupar. "Durante el periodo en que los primeros funcionarios de inteligencia fueron enviados a Estados Unidos para recibir tratamiento, el 6 de febrero, la mujer de otro funcionario de la embajada, que vivía cerca del mar en La Habana, en el barrio de Flores, informó que había escuchado sonidos inquietantes del mismo tipo, dijeron dos fuentes oficiales que conocen su versión. La mujer miró afuera y vio una camioneta alejándose rápidamente. El vehículo aparentemente había venido del mismo extremo de la calle en donde estaba una casa que funcionarios estadounidenses creían que era usada por el Ministerio del Interior cubano. Los funcionarios reconocieron que el informe era vago e incierto. Aun así, dijeron que también representaba uno de los datos de información circunstancial más importantes que tenían sobre los incidentes", indica el texto.

Tras todos estos hechos, la embajada de EE UU envió una nota de protesta al Gobierno cubano. Josefina Vidal, entonces directora para EE UU del ministerio de Relaciones Exteriores, se entrevistó con DeLaurentis en una reunión en la que participaron también funcionarios del Ministerio del Interior. Todos ellos pidieron información sobre los incidentes, síntomas y qué otras circunstancias podrían esclarecer el episodio.

A los pocos días el encuentro subió de nivel con una reunión entre Raúl Castro y senadores estadounidenses que ha sido descrita por los entrevistados como "una conversación breve pero sustantiva" en la que "Castro dejó claro que estaba bien al tanto de los incidentes y comprendía que los estadounidenses los vieran como un problema serio". Su respuesta, dijo un oficial del Departamento de Estado, fue que tendrían 'que trabajar juntos para intentar solucionarlo'".

[[QUOTE:"Castro dejó claro que estaba bien al tanto de los incidentes y comprendía que los estadounidenses los vieran como un problema serio"]]Sin embargo, el recelo de las autoridades estadounidenses ha sido constante, puesto que siempre han contemplado la posibilidad, aunque fuera remota, de la implicación del Gobierno cubano.

En marzo de 2017 las cosas se complicaron cuando el diplomático que escuchó por primera vez los ruidos en su jardín a finales de noviembre se encontró con un compañero que le remitió su diagnóstico. Los médicos de Miami dijeron que tenía "daños serios en los huesos pequeños de uno de sus oídos, entre otros problemas, y que tendría que usar un audífono".

DeLaurentis convocó una reunión tras conocer lo sucedido, explicó al resto de funcionarios lo que estaba pasando y les pidió estar atentos a circunstancias o síntomas similares, pero la información no tranquilizó a los presentes y el temor siguió extendiéndose. Además de los diagnósticos que se multiplicaban, un incidente en el hotel Capri, donde dos funcionarios fueron sacudidos en sus cuartos por ruidos agudos y penetrantes, aumentó la alarma, lo que produjo una nueva reclamación, más enfadada, al Gobierno de la Isla.

Las relaciones, ya de por sí tensas con la administración Trump, se complicaron aún más y en septiembre pasado se ordenó la salida del 60% del personal de la embajada y la suspensión de concesión de visados para EE UU.

El tiempo ha pasado sin que la investigación haya dado los frutos esperados. Se han contemplado todo tipo de hipótesis, incluso que se trate de síntomas de origen psicológico o de chicharras; y de responsables, desde el Gobierno cubano al ruso. Pero los analistas coinciden, según ProPublica, en que La Habana no estaba interesada en dañar a funcionarios estadounidenses ahora que estaba obteniendo rendimientos del deshielo.

[[QUOTE:"Al régimen cubano no le interesaba antagonizar a la administración Trump", dijo Craig A. Deare]]"Al régimen cubano no le interesaba antagonizar a la administración Trump", dijo Craig A. Deare, despedido poco después de un mes de ocupar el cargo de especialista de más alto rango sobre América Latina del Consejo de Seguridad Nacional cuando criticó la actitud agresiva del presidente hacia México. "No me parecía que tuvieran sentido entonces y no me parece que tengan sentido ahora".

Para Estados Unidos la situación tampoco parece conveniente. Un documento interno del Departamento de Estado obtenido por ProPublica indica que la ralentización de la actividad consular puede hacer difícil que Estados Unidos alcance su compromiso de procesar al menos 20.000 visados de inmigración para cubanos este año, una promesa que es extremadamente importante para los cubanoamericanos que buscan traer a sus parientes de la Isla.

En cambio, ProPublica no descarta la pista rusa. "Los investigadores no han encontrado ni siquiera evidencias circunstanciales de una mano rusa en los incidentes", según los funcionarios entrevistados pero esas mismas fuentes señalan que, "para Moscú, ayudar a descarrilar el acuerdo trabajosamente logrado entre Washington y La Habana constituiría un golpe maestro de la geopolítica".

ProPublica recuerda que, "en diciembre de 2016, justo cuando empezaron los incidentes que afectaron al personal de Estados Unidos, Rusia y Cuba firmaron un nuevo acuerdo de cooperación en defensa y tecnología". Además, varios funcionarios rusos han hablado de la posibilidad de reabrir la importante base de espionaje que Moscú tenía en la Isla.

[[QUOTE:Ahora bien, matiza 'ProPublica', los servicios de inteligencia estadounidenses no han podido probar que los rusos tuvieran un arma capaz de hacer los daños reportados]]Rusia ha multiplicado últimamente los gestos hacia La Habana, condonando la deuda de Cuba con la antigua URSS, duplicando el comercio con la Isla o entregándole petróleo. La estrategia del Kremlin choca con los intentos, más o menos fallidos, de un acercamiento entre La Habana y Washington.

Ahora bien, matiza ProPublica, los servicios de inteligencia estadounidenses no han podido probar que los rusos tuvieran un arma capaz de hacer los daños reportados y hubieran desplegado agentes en Cuba para llevar a cabo una operación de esta envergadura.

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