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Jaimanitas, La Habana, Frank Correa, (PD) Un viejo dicho con mucha verdad, alaba a la unidad como fortaleza, pero en algunos casos, como en la agrupación prodemocrática que une a los sindicalistas independientes de Cuba, este apotegma se incumple.

La lucha por los derechos laborales en la mayor de las Antillas, con una larga historia de huelgas y mártires sindicales, se contaba entre las más valientes y adelantadas de América Latina, pero en 1959 con la toma del poder por Fidel Castro, se prohibieron los afiliaciones libres y como todas las instituciones del país, los sindicatos pasaron bajo el control del régimen.

En 1990 comenzaron los intentos por crear grupos independientes, para luchar contra el monopolio de sindicato único instaurado por los comunistas. Surgen de esta manera el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos, CUTC, la Confederación Independiente de Cuba, CONIC, y la Confederación de Trabajadores Independientes de Cuba, CTIC, que fueron nutriéndose de personas despedidas de los centros de trabajos por sus ideas políticas y se convirtieron en embriones de una sociedad civil.

Pero estos activistas tenían limitaciones propias de la vida en dictadura, al no poder llegar de manera efectiva a los trabajadores. Eran perseguidos, acosados y en ocasiones encarcelados por su labor. El crecimiento fue lento y apenas perceptible.

Dos cursos de preparación en Panamá en 2015, organizados por profesores de la Universidad de Trabajadores de América Latina, UTAL, a integrantes de estos tres sindicatos independientes, revelaron la poca experiencia y conocimiento de los sindicalistas cubanos en relación con sus hermanos de otros países, pero por otra parte, constituyó un excelente aprendizaje para estos miembros del CUTC, la CONIC y el CTIC.

Se armaron de conceptos y herramientas de trabajo para ponerlos en práctica en la lucha por los derechos laborales y exigir el cumplimiento de los acuerdos de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, pero les fue imposible llevar a cabo la tarea, porque desaparecieron de golpe las tres organizaciones y se fundieron en una: Asociación Sindical Independiente de Cuba, ASIC. Se ahogó entonces la autonomía de los grupos y perdieron la visibilidad pero aunque poco, fueron ganando terreno.

Todo lo aprendido en Panamá en los cursos de la UTAL quedó relegado a las gavetas del conocimiento, al ser imposible ponerlo en práctica con el nuevo diseño de organización única. La falta de identidad grupal fue uno de los motivos, también la descoordinación de actividades y reuniones. En los antiguos grupos eran sistemáticas, con la ASIC se volvieron esporádicas y no movilizan ni aglutinan.

Otro aspecto que debilitaba el intento de la agrupación era el liderazgo. Resultó difícil fundir las tres organizaciones en una, ya que no podían existir tres secretarios generales. Al conseguirse, quedaron atrás las intensas jornadas de escuela y el esfuerzo colectivo de lo que asistieron a prepararse en los cursos de Panamá. No se habló nunca de realizar cada 6 meses los Diagnósticos Estratégicos para establecer las Fortalezas, las Oportunidades, las Debilidades y las Amenazas, que ayudan a redirigir el rumbo de las organizaciones, o el empleo en el trabajo cotidiano de “La 5 C”, (Confianza, Comunicación, Cooperación, Coordinación y Complementariedad) que constituyen la mejor arma para la buena salud en un equipo de trabajo. Ni muchas otras herramientas puestas a disposición de los activistas e indispensables para enfrentar los retos en la lucha emancipadora de la nación cubana.

Ojala que estas reflexiones, necesarias y críticas sobre la ‘unidad que debilita’, sirvan para la redefinición del rumbo de trabajo de los sindicalistas independientes, en la lucha contra los patronos, que en Cuba son la administración, el partido y el sindicato oficial. Que no se vea como una ofensa que levante ronchas, pues como dijera una profesora de la UTAL, “tal parece que los cubanos tuvieran piel de pene, porque no aceptan ningún señalamiento, aunque sea un simple roce, convulsionan y enseguida se crispan”.
frankcorrea4@gmail.com; Frank Correa


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