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Miami, USA, Juan A. Muller (PD) En plena Segunda Guerra Mundial, entre 1942 y 1944, siete barcos cubanos fueron hundidos por submarinos alemanes y por ello murieron más de ochenta infantes de marina cubanos. Ello fue producto de varios U-Boot alemanes que merodeaban, en calidad de espías, en nuestras aguas territoriales.

Antes de la guerra, el jefe de inteligencia de la Marina Nazi, Almirante Wilhelm Canaris, había ordenado estudiar las corrientes del Golfo para facilitar las rutas de los submarinos y contar análisis precisos de cartografías, mapas estratégicos y fotografías de instalaciones militares, navales, eléctricas e industriales, y datos sobre la política, economía y geografía de Cuba y otros países del área cercanos a las costas norteamericanas. Y por sobre todo ello se requería el establecimiento de lugares donde los submarinos pudieran aprovisionarse de combustible. Un lugar ideal para esto último pudo ser la Isla de Pinos.

La obtención de estas informaciones requería de la presencia de espías en Cuba, algunos de los cuales ya se encontraban en la mayor de las Antillas, algunos desde años atrás.

Años antes, el 28 de septiembre de 1928 llegó a La Habana Josef Frederick Degano, Rudolf Delgemberg, un espía del almirantazgo germano, que actualizaría información para el rearme del ejército alemán, tarea prohibida por el Tratado de Versalles y que sería ampliamente violado en Alemania en los años treinta con la llegada al poder de Adolf Hitler. A Delgemberg se le encargó estructurar una red de espionaje con los residentes alemanes en el Caribe para ser utilizados antes de la guerra y durante ella.

Nadie en Isla de Pinos podía imaginar que Delgemberg, dueño de una embarcación en la que viajaba asiduamente los mares alrededor de la Isla y hasta Gran Caimán, Haití, República Dominicana y Jamaica, con abundantes mapas e instrumentos de navegación, anotando profundidades, escollos marinos y corrientes era un espía. Fiel a su condición de alemán, donde el orden, la disciplina y la perfección son casi una obsesión, llegó a realizar planos topográficos tan precisos de las aguas cubanas y los países mencionados, que propiciaron una navegación segura a los comandantes de submarinos nazis.

Un apartado de correos en Hamburgo, Alemania, recibía los informes enviados por un comerciante importador de maquinarias alemanas, que sistemática era el receptor de los mensajes del agente. Mientras tanto, Eugenio Hoppe, alemán, dueño de la fábrica de cuchillas Aevos, iba regularmente a Cojímar con Rudolf Delgemberg donde se reunían en el Club Alemán para coordinar una nueva misión, instalarse en esa ciudad una planta radiorreceptora que recibiría, directamente desde Berlín, noticias propagandísticas y otras informaciones secretas. Nadie sabía que era el jefe del Partido Nazi en Cuba.

El Servicio Secreto británico, se dedicó a la búsqueda de Delgemberg, que por entonces actuaba en el servicio de espionaje nazi como jefe de zona en las Antillas, así como a sus cómplices. La gestión del enviado de Delgemberg, Eric Frangel, logró el éxito en las preparaciones para establecer la planta receptora y a finales de 1938,el anticuario de nacionalidad germánica Pedro Schwendt, tenía en el apartamento seis, planta baja, Obispo 307, una emisora que se comunicaba directamente con Berlín.

Rudolf Delgemberg fue detenido en el momento de abordar un avión en la isla de Trinidad. Junto con él estaba Eric Frangel, el segundo jefe de la red hitleriana en el Caribe. Y en enero de 1942, fueron encarcelados por la policía cubana Emil Hacher, Eugenio Hoppe y Roberto Friederich, entre otros ciudadanos alemanes.

El espía alemán más famoso en Cuba.

En 1941 llegó a Cuba de Henry Augustus Lunin, cuyo nombre real era Heinz Kunning. Como un pequeño comerciante de origen latinoamericano, pudo conseguir información actualizada de muchos aspectos de la vida del país y de las principales producciones, como azúcar, tabaco y café. A su vez obtuvo el tonelaje, capacidad y características de la flota marítima cubana y todo lo transmitía a Alemania basado en sus conocimientos de telecomunicaciones.

Se dice que estas informaciones tenían distintas fuentes, pero que su gran fuente eran los
prostíbulos y bares cercanos a los muelles, donde gracias a las meretrices y a marinos yanquis borrachos recibía la información que le interesaba acerca del movimiento marítimo.

Se dice que los informes que emitió, propiciaron el hundimiento de muchos buques, entre ellos los barcos mercantes cubanos “Manzanillo” y “Santiago de Cuba”, en 1942. Las fuerzas de inteligencia cubanas le siguieron la pista a los posibles sospechosos, incluyendo frecuentes viajes que hacía a Isla de Pinos, donde tuvo un romance con una norteamericana, y llamó la atención del contraespionaje.

Monumento a los marinos cubanos muertos en la Segunda Guerra Mundial, sito en la entrada de la bahía de La Habana. Al detenerlo le encontraron mapas y dibujos de centros comerciales cubanos y equipos de comunicación tales como receptores y transmisores de largo alcance y documentos demostrando sus contactos con otros nazis.

Kunning fue el primer y único espía nazi fusilado en Cuba y América Latina, al ser juzgado por sus actividades a favor del eje fascista, durante la II Guerra Mundial. Fue fusilado el 10 de noviembre de 1942 en el Castillo de El Príncipe, en La Habana.

Recordemos que una de las principales tareas que tenían en Cuba los espías alemanes era establecer bases de aprovisionamiento de combustible para los submarinos, y no está claro si Kunning pudo lograrlo. El hecho cierto es que hay diferentes informaciones que han aparecido a través de más de medio siglo en diferentes publicaciones que aseguran que en una familia en Camagüey se refugiaban submarinistas nazis, pasando en ella hasta dos y tres meses con buena comida y asistencia médica, mientras el submarino aguardaba camuflado en la costa hasta poder reabastecerse de combustible.

Otros informes dicen que el combustible se lo robaban los fines de semana de la refinería Shell, en La Habana, y lo transportaban hasta Camagüey en camiones de una compañía lechera propiedad de un español falangista. Las autoridades nunca descubrieron, o no quisieron descubrirlos, a pesar de que esos submarinos torpedearon a cinco barcos mercantes cubanos, con un saldo de 76 compatriotas muertos. Otros sin mucha información adicional, dicen que Kunning trató de establecer una base en Isla de Pinos, pero que la norteamericana con que tenía un romance comenzó a sospechar de él.

Pero una investigación a profundidad arroja cosas diferentes a las que hasta ahora hemos plasmado.
El libro “Hitler´s Man in Havana. Heinz Luning and Nazi Espionage in Latin America”, publicado por la editorial The University of Kentucky Press en 2008, hacen pedazos la versión que hasta ahora ha circulado en Cuba y en los Estados Unidos.

Esta es en resumen la historia de Kunning o Luning que más se acerca a la realidad. Luning, hijo de alemán e italiana,nació en Bremen, pero falto de inteligencia y dedicación no recibió una educación esmerada, por lo que poseía cultura general pobre, sus conocimientos de idiomas eran mediocres y sus hábitos de trabajo deplorables. Vivió brevemente en Santo Domingo, entonces Ciudad Trujillo y en Nueva York. Se dice que no simpatizaba con los nazis y que frecuentaba amistades judías.

Al asumir el poder el Partido Nazi trató de sacar a su mujer e hijo de Alemania pero fracasó por falta de medios económicos. Para evitar el Servicio Militar decidió ingresar en la Abwehr (una agencia de inteligencia y contrainteligencia) Pero el Partido Nazi contaba con su servicio de espionaje conocido como SD, el cual tenía contactos con las colonias alemanas en todos los países latinoamericanos, sobre todo en Brasil, donde vivían un millón y en Argentina 250 mil alemanes.

Tras un pobre entrenamiento, enviaron a Luning a Cuba junto con un aparato de radiotelegrafía que no llegó a funcionar nunca, por lo que nunca pudo emplear este medio y solamente lo hizo por correo, y además tampoco aprendió a emplear bien las tintas invisibles, todo lo cual hizo que la contrainteligencia británica lo detectara y lo detuviera la cubana.

Luning fue detenido en un momento muy delicado para él en todos los sentidos. Por una parteEdgar Hoover, el macabro travesti jefe del FBI quería llevarse parte de los lauros, mientras que en Cuba, Batista quería hacer méritos ante los Estados Unidos para obtener mejor precio para la zafra azucarera y mayor ayuda en varios rubros. El jefe de la policía cubana, el Gral. Manuel Benítez Valdés, tristemente involucrado en la devolución o no permitir ingresar a los judíos que huían del nazismo en el buque St. Louis, deseaba aumentar su prestigio y popularidad pues quería ser sucesor de Batista. Y el embajador estadounidense Braden también quería llevarse un pedazo de la gloria.

Si se hubiera valorado el caso justamente, se podía observar un inexistente interés bélico de sus informes y su conducta de total colaboración con las autoridades cubanas, por lo que la pena de muerte no era apropiada. Hasta el final de la guerra el FBI siguió todas las pistas derivadas de este caso sin hallar rastros del círculo intercontinental de espionaje supuestamente coordinado por este agente alemán.

Tristemente de la aventura de Luning en Isla de Pinos, hace muchos años me leí un artículo interesantísimo y bastante extenso en una revista cubana llamada Mar y Pesca, que desafortunadamente no he logrado conseguir. Pero no hay duda que la presencia del espía en esa Isla fue uno de los aspectos que propiciaron su captura. Su fusilamiento es otra cosa, como en “Los Miserable” de Víctor Hugo, en la vida real hay gente que se roba un pan y pasa su vida en la cárcel y otros se roban millones y quedan impunes. Luning fue el de los panes.

Otras colonias norteamericanas en Cuba. Pero no solo a Isla de Pinos llegaron los americanos, también a muchas otras partes del país, destacándose las colonias que fundaron en el valle de Sierra de Cubitas. Creo que vale la pena mencionar dos libros de autores cubanos que a partir de una profunda investigación y de entrevistas con descendientes de aquellos colonos, nos dan una visión objetiva de la saga: “Conversación con el Último Norteamericano” de Enrique Cirules y Jaime Sarusky con su obra “Los fantasmas de Omaja”.
juaam226@gmail.com; Juan A. Muller

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