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Mario J. Pentón

El aluminio, el plomo y el bronce son los nuevos metales preciosos en Cuba. La existencia de una serie de pequeñas fundiciones ilegales ha incrementado el deseo de hacerse con ellos, frecuentemente mediante el robo, para venderlos en el mercado negro a precios más elevados de los que fija el Estado o los cuentapropistas autorizados para fundir y comerciar con estos materiales.

"No le vendo mi materia prima a los ilegales", dice Heriberto, un anciano que pasa las noches recorriendo los lugares más concurridos de Santa Clara para recoger latas. Según el recolector de materias primas, "le podría costar su licencia", aunque dice que muchos de sus colegas sí lo hacen.

"Les venden a los [fundidores] ilegales porque pagan más", apunta. Mientras la Empresa de Materias Primas paga a 10 pesos el kilogramo de cobre, a 13 pesos el de aluminio y a 12 pesos el de bronce, en el mercado negro se paga entre el doble y el triple de ese precio, según sus cálculos.

Entre los artículos más populares que suelen fabricar estas fundiciones ilegales se encuentran los sillones, todo tipo de utensilios para la cocina, ventanas, puertas de aluminio y piezas de plomería, además de pilas de agua. También hacen tarjas de bronce y jardineras para los cementerios. "Hay muchos mercados que dependen de las fundiciones clandestinas porque abaratan los costos de producir esos artículos", comenta Heriberto.[[QUOTE: Mientras la Empresa de Materias Primas paga a 10 pesos el kilogramo de cobre, a 13 pesos el de aluminio y a 12 pesos el de bronce, en el mercado negro se paga entre el doble y el triple de ese precio, sostiene un recolector de latas]]El Estado también ha permitido desde la apertura al cuentapropismo, iniciada por Raúl Castro, la presencia de hornos particulares. En zonas como Placetas, un municipio de la provincia de Santa Clara, existen más de 50, siendo una de las principales fuentes de trabajo.

Heriberto, sin embargo, lamenta que muchos de los fundidores ilegales compren el metal haciendo la vista gorda sobre su procedencia. "Hay muchos que compran desde las señales del tránsito hasta los bancos del parque", dice. Es una situación que se repite en todo el país.

La tarja con los nombres de las 30 ilustres familias canarias que fundaron Matanzas en 1693 ha desaparecido recientemente. Lo mismo ocurrió con la punta del asta de la bandera de un importante parque de esa ciudad, las gafas de la estatua de John Lennon en La Habana y el machete de un prócer mambí en Cienfuegos.

"Hay muchas fundiciones que compran cables de teléfono y eléctricos que la gente se roba y no tiene otra forma de venderlos", señala Heriberto.

La mayoría de las tarjas y elementos de conjuntos escultóricos robados también acaba en los hornos de esos fundidores, aunque Heriberto dice que los funcionarios estatales también compran estos elementos si se camuflan.[[QUOTE:Según Heriberto, los funcionarios estatales también compran metales procedentes de monumentos si se camuflan]]"Algunos recolectores machacan bien las piezas de metal. Muchas veces las meten incluso dentro de otras piezas, y así se venden. Pero casi siempre escogen a los compradores particulares para no tener problemas", agrega.

En Matanzas las autoridades han destinado 5.000 dólares a cercar el conjunto escultórico del parque La Libertad para evitar los robos. Lo mismo ha ocurrido en Cienfuegos, La Habana y otras provincias del país.

Heriberto cree que se trata de una medida inútil. "Los que roban tarjas y materia prima saben que están cometiendo un delito. Si les ponen rejas van a robar igual", dice. Para este jubilado la respuesta está en mejorar las condiciones de vida y educar a la ciudadanía. "El gran error de este país es hacer creer que todo es de todos. Si todo es de todos, nada es de nadie, por tanto, nadie cuida nada", razona.

Inalkis Rodríguez, asistente de redacción de la revista La Hora de Cuba, dice que el robo de bienes patrimoniales también ocurre en ciudades como Camagüey. "Hace poco robaron una paloma de bronce en la Plaza del Carmen e incluso las autoridades han tenido que retirar una estatua frente al Teatro Principal por miedo a los merodeadores", añade.[[QUOTE:En Matanzas las autoridades han destinado 5.000 dólares a cercar el conjunto escultórico del parque La Libertad para evitar los robos]]Para Rodríguez la miseria generalizada y la falta de vigilancia al patrimonio histórico son los responsables de esta situación.

Bárbara Iglesias, una cienfueguera que vive en Punta Cotica, el barrio donde está situado el monumento a Juan Dionisio Gil, general de brigada del Ejército Libertador, bromea diciendo que ya no le queda "ni el machete". Desde hace algunos meses lo robaron, se presume que para venderlo en el mercado negro de metales.

Denuncias sobre la desaparición de floreros y tarjas se multiplican en los cementerios de la ciudad, donde al robo del metal también se le suma el del mármol de carrara de bóvedas y esculturas republicanas.

"Lo mismo ha pasado con las señales de tránsito y hasta con los bancos", explica Iglesias, que ha visto desaparecer de la noche a la mañana los carteles que anunciaban la distancia a recorrer hasta pueblos cercanos en la circunvalación de esa ciudad.

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