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Centro Habana, La Habana, Ángel Marcelo Rodríguez, (PD) Desde el origen mismo del movimiento popular en América Latina, existieron en su interior formas de participación que se enriquecieron a través de la organización y la lucha.

Sin embargo, es a partir del nuevo milenio cuando se recuperan y sistematizan estas experiencias de participación, que logran una mayor continuidad. Se desarrolla así, un vasto movimiento popular que persigue la transformación de las conciencias en el interior de las masas oprimidas y desde su práctica cotidiana.

A esta práctica, se le ha llamado Participación Popular porque es una acción que se desarrolla con y para los sectores populares. Pero su nombre principalmente implica una opción, la opción por el proyecto histórico alternativo de las clases explotadas. ¿Su objetivo?, contribuir a que nuestros pueblos sean constructores de su propio destino.

Con esta publicación que ha de convertirse en instrumento educativo semanal, quiero, de un modo claro y conciso, poner en manos de grupos, promotores y sectores vulnerables, artículos relacionados con los avances que se han dado en la práctica de la Participación Popular. Va dirigida también a aquellos grupos en el campo de la documentación e intercambio de experiencias de participación popular que se dan en el continente.

La tradición participativa del pueblo.
La tradición del pueblo siempre estuvo relacionada con formas de participación hasta el punto de decirse que una y otra se complementaron.

Necesitamos analizar algunos ejemplos de esta relación que reflejan sólo la riqueza de las experiencias de participación que surgieron en los países latinoamericanos.

Los dominadores de nuestro continente se caracterizaron por bloquear cualquier posibilidad de información y educación de los sectores populares; cuando hace más de cien años el poder colonial en Cuba decreta la prohibición de las lecturas de los periódicos en voz alta a los obreros mientras trabajaban en las fábricas tabaqueras, no estaba haciendo otra cosa que impedir que los trabajadores se formaran una opinión propia de su realidad.

En Cuba, los Filósofos de la Educación durante el Siglo XIX, reconocen la necesidad de transformar la sociedad para organizar y prescribir el curso de la política y la práctica, estudiando los fenómenos del mundo del hombre con una mirada reflexiva, así interpretaron e intentaron transformar el mundo desde la educación de masas.

José Martí, concibe a la persona como ser social producto de las relaciones sociales, que permite que la actividad social sea un proceso como reflejo de la realidad y resultado de la reflexión consciente de esa realidad.

Por otro lado, es necesario señalar la importancia que la participación popular ha tenido en la formación de partidos y movimientos populares revolucionarios en Latinoamérica. En efecto, la mayoría de ellos se forman en nuestros países a comienzos de Siglo XX, precedidos de una amplia labor participativa, una vez lograda la jornada de 8 horas de trabajo (1919).

Entiéndase que esta labor favoreció el surgimiento de los primeros partidos de masas en Perú, me refiero a la Alianza Popular Revolucionaria (APRA).

La participación es una tarea que ha estado presente en el interior de los movimientos populares, de nuestro continente, en busca siempre de promover niveles de conciencia de pueblo. Lo que actualmente se ha dado en llamar Participación Popular, es herencia de una tradición social.

En este sentido, en algunos de los países cuyos gobiernos dictatoriales impiden el funcionamiento de organizaciones político-partidarias, la participación popular realiza una labor importante. Llena el espacio dejado por éstas y promueve la necesidad de la organización.

Del mismo modo, en países como Nicaragua, la participación popular cumplió un papel de potenciación de las conciencias. La Cruzada Nacional de Alfabetización emprendida durante el gobierno sandinista, que redujo el índice de analfabetismo del 50.3 al 12.9% no fue sólo una acción dirigida a disminuir el número de analfabetos, sino que quiso desarrollar una conciencia crítica y analítica de su propia realidad y la búsqueda de su identidad nacional. Fue un vasto movimiento de masas que conectó a todas las clases sociales, a la ciudad y al campo, que integró una nación.

El pueblo, al desarrollar su propia participación, buscó un modo de enfrentar la ideología de las clases dominantes, participación cuyas características veremos a continuación.

La participación dominante.
Casi todos los días, a través de distintos medios de comunicación (prensa, televisión, radio), recibimos mensajes que nos dicen lo siguiente: ¨Decídete, vota por la Revolución¨; ¨Tú sí puedes, acércate nosotros¨; ¨La sociedad te necesita¨, etc.

Es decir, presentan el panorama participativo como un problema individual, que depende de querer o no querer participar. Sin embargo, lo participativo, antes que un problema individual, es un problema social cuya raíz es de carácter económico.

Pero, ¿quiénes y por qué tratan de ocultar este problema participativo?
Debemos partir del hecho de que nuestra sociedad está dividida en sectores sociales diferenciados y con intereses económico-sociales contrapuestos.

La condición de riqueza de los menos, se debe a la condición de pobreza de la mayoría. En nuestra sociedad una pequeña minoría privilegiada posee los medios de producción. Mientras que la gran mayoría posee sólo la fuerza de trabajo, que es obligada a vender por una baja remuneración.

En países subdesarrollados como el nuestro, donde la crisis económica golpea con más ímpetu, hay bastante fuerza de trabajo, pero el sistema no puede utilizarla en su totalidad.

Si echamos una mirada a la estructura material de la participación popular en nuestro continente, comprobaremos hasta qué punto es reflejo de las injustas estructuras económicas y sociales. Existen, por ejemplo, organizaciones políticas con una “buena” participación popular, espacios de reflexión para el diálogo, altos niveles de comunicación y cursos formativos.

Pero veamos la otra cara de la medalla, donde hay organizaciones con ínfima participación popular, sin los recursos e instrumentos para acercarse al ciudadano. Fenómeno similar ocurre en las comunidades. Constatamos así, que las condiciones no son las mismas para todos. Lo que significa que no todos están en igualdad de condiciones para la participación. En efecto, la mayoría de las Constituciones de América Latina, reconocen el derecho a la participación popular de distintas maneras y sin excepción. Sin embargo, nuestros gobernantes no se preguntan, por qué existen personas que no participan en procesos electorales, por qué hay ciudadanos que se oponen a ir a votar, por qué las elecciones representan una participación formal para las familias populares…

Veamos las principales características de la participación política, formal o dominante, es decir, la que se realiza mayormente:
-Es memorística y descriptiva: el papel del ciudadano está limitado a votar por la serie de candidatos que le son propuestos. Es decir, el individuo es un receptor de la política.
-Es acrítica: No se da importancia al diálogo y por lo tanto no se analizan los candidatos. Estos aparecen con sus opiniones y está ausente la crítica que permite profundizar en los problemas de las comunidades.
-Es distorsionante y encubridora de la realidad social en que vivimos.
-Es vertical. Es decir, los candidatos son impuestos y por la misma razón de que no hay campo para el análisis ni la crítica, no puede darse una relación democrática de intercambio de ideas u opiniones entre los sectores populares y organizaciones políticas. No se trate entonces de constatar si la participación es o no la misma para todos, (hemos visto que hay diferencias) sino determinar sus características.

La participación dominante o participación política, mediante el ejercicio del poder económico ejerce su dominio y coerción a través del aparato del estado. Es por eso que los programas oficiales de participación tampoco pueden ser imparciales, ya que responden a la ideología en el poder. A través del estado, implementan su modelo participativo, que al final de cuentas, responde a la necesidad de perpetuar el proyecto de dominación basado en la participación política.

Se dice también que hay libertad en la participación y es a partir de esto, que se ha tratado de ver diferencias, afirmando que existe una participación política y otra popular. Anteriormente hemos señalado algunas características de la sociedad en que vivimos y vimos que existe una situación de injusticia, que la participación política no critica. Se estaría criticando el sistema que ellos defienden. Su función ideológica es lograr el mayor consenso posible en torno de la aceptación del sistema social.

En fin, podemos decir que la participación política dominante en nuestro país, a pesar de las pugnas en torno a las contradicciones, políticas y populares, siempre ha servido en su conjunto para legitimar y reproducir el mismo sistema de dominación, para falsificar la historia, para defender el orden establecido, como natural muchas veces. A pesar de las aberraciones y de lo inhumano del sistema imperante.
marcemprendedor@gmail.com; cocudecuba@gmail.com; Msc. *Ángel Marcelo Rodríguez Pita
*Secretario General de COCUDE


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