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Xi Jinping y Raúl Castro, 2014 (cntv,cn)

MIAMI, Estados Unidos.- Durante años he debatido con amigos y adversarios sobre política EEUU-Cuba  y posibles caminos para una democratización de Cuba. En esos encuentros he argumentado contra una escuela de pensamiento que favorecía un modelo chino para Cuba. Mis adversarios ideológicos apoyaban cambios de economía de mercado en Cuba aun sin cambios políticos. Yo abogaba por la primacía de las libertades individuales sobre las finanzas.

En la mayoría de los casos debatí cortésmente con honorables individuos bien intencionados que creían sinceramente que fomentando reformas económicas vendrían reformas políticas. Veían el compromiso como una estrategia diferente para obtener libertad para el pueblo cubano a largo plazo. Otros, con quienes no estoy familiarizado, aparentemente tenían solo intereses pecuniarios y su motivación era sospechosa.

La escuela de pensamiento del “compromiso económico” formulaba argumentos elocuentes sobre por qué buscar mejorar el bienestar económico del pueblo cubano era lo moral a hacer, aun si requería desconocer la opresión del régimen. Yo respondía que en ausencia de cambios políticos los cambios económicos solamente solidificarían financieramente al régimen dictatorial.

En economías totalitarias la actividad fluye mayormente hacia y desde instituciones del régimen. Entonces, promover libertad es imperativo para fomentar reformas políticas de la mano de reformas económicas. Reformas económicas sin libertad enriquecen mayormente al régimen y prolongan la miseria de la ciudadanía viviendo sin libertad. Algunos pueden mejorar ligeramente sus finanzas, pero la búsqueda de la felicidad requiere libertad, y la libertad sería emasculada.

Mis adversarios del debate usualmente señalaban a China para apoyar su posición. Algunos de los más versados proponentes preferían destacar el modelo vietnamita como más en línea con la economía agropecuaria cubana. Pero el argumento esencial era el mismo: introducir reformas económicas, que posteriormente traerían reformas políticas y libertades.

El modelo chino para Cuba era el predicado en las reformas económicas de mercado introducidas por Deng Xiaoping en 1979 tras la muerte de Mao Zedong. Muchos observadores esperaban que, dadas esas reformas de mercado, China se convertiría eventualmente en una democracia. Olvidando que el Partido Comunista chino insistía siempre que no compartiría el poder. La élite gobernante cubana, que ni siquiera ha implementado reformas tipo China, también ha dejado claro que Cuba no cambiará políticamente.

Y aunque en 1982 Deng Xiaoping introdujo límites de no más de dos mandatos consecutivos para el Presidente del país, esos límites no se aplicaban al Secretario General del Partido Comunista ni al Presidente de la Comisión Militar Central. Es en esas dos posiciones que reside el poder real. Deng ejercía mucho de su poder a través del control militar.

Sin embargo, quienes creían en el modelo de que “las reformas económicas llevan a reformas políticas” todavía esperaban que China se democratizaría. Pero en marzo 11 del 2018 los 3,000 delegados del Congreso Popular Nacional chino votaron casi unánimemente para eliminar límites en la presidencia, revirtiendo las reformas de Deng. Esto consolida todo el poder en manos del actual líder chino Xi Jinping. Ahora puede dirigir indefinidamente en un cargo vitalicio, clara señal de que no hay una ruta inherente a la democratización en el modelo chino.

Quienes creen en el modelo de que “reformas económicas llevan a reformas políticas” han argumentado también que las tecnologías necesarias para realizar negocios, como teléfonos celulares e Internet, contribuirán a erosionar el control del partido comunista. No es así, el gobierno chino ha invertido fuertemente desarrollando filtros a las redes y utilizando redes de vigilancia cibernética y en video para reforzar la habilidad del gobierno de monitorear a la ciudadanía. Desde que asumió el liderazgo en 2012 Xi ha ido consolidando su poder y supervisado el incremento de la represión a la sociedad civil, encarcelando escritores y activistas de derechos humanos.

Hemos visto en China una clara demostración de que, sin una ciudadanía políticamente potenciada, cualquier cambio económico introducido es solamente un permiso gubernamental. Permiso no significa libertad. Es lo mismo en Cuba con los inconsecuentes permisos para “trabajar por cuenta” propia en algunos oficios.

Espero que mis amigos comprendan ahora que el modelo chino, por el que ellos han insistido para Cuba, no es un camino a la democratización, y que la única defensa moral debe ser por la libertad.

El ultimo libro del Dr. Azel es “Reflexiones sobre la Libertad”


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