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El Cerro, La Habana, Rogelio Travieso (PD) El pasado 3 de abril, en 50 ciudades brasileñas, miles de personas se manifestaron para exigir que se cumpliera de inmediato la orden de sentencia de doce años de prisión por corrupción contra el ex -presidente Luis Inacio “Lula” da Silva, dada por los tribunales en enero pasado. Mientras, miles de partidarios del expresidente se manifestaban en su apoyo.

El jefe de las Fuerzas Armadas, Eduardo Villas-Boas, escribió en Twitter que el ejército brasileño comparte el anhelo de todos los ciudadanos de bien, pues repudia la impunidad y exige respeto a la Constitución”.

Según se puede apreciar, los brasileños se dividen en dos grupos: uno que apoya a Lula, incondicionalmente y otro que lo desprecia.

En el Partido de los Trabajadores han ocurrido otros casos de corrupción.

Lula, en su gestión como presidente, tuvo logros. No fue autoritario, no aspiró a realizó reformas en la Constitución, con miras a perpetuarse en el poder como otros aliados suyos de la región. Su estilo de gobernar reflejaba características populistas, pero no arrimado a la izquierda carnívora, sino a la más racional izquierda vegetariana, eso sí, sin dejar de tener apego y simpatía hacia la revolución cubana y sus líderes.

En el año 2010, una visita de Luis Inacio Lula da Silva, a la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, al oeste de la Habana, coincidió, con el fallecimiento tras una larga huelga de hambre y sed del preso político Orlando Zapata Tamayo. A una pregunta de un periodista, Lula respondió: “Yo pienso que la huelga de hambre no puede ser utilizada como un pretexto de derechos humanos para liberar a las personas. Imagine si todos los bandidos que están presos en São Paulo entraran en huelga de hambre y pidieran libertad”.

Fue una respuesta muy desacertada de Luis Inacio Lula da Silva. Orlando Zapata Tamayo era un hombre humilde que luchó por el respeto a la dignidad humana y la libertad de su pueblo, y que ofrendó su vida por un ideal puro. No era un bandido al estilo de los bandidos de Brasil o de cualquier otra parte, sino todo lo contrario.

Ha quedado demostrado, que el bandido resultó ser Lula da Silva.

Lula da Silva, después de condenado en enero pasado, continúo la campaña política a su favor. Orlando Zapata Tamayo solo pudo optar por la huelga de hambre que lo llevó a la muerte.

En los días previos al juicio de Lula, más de 5,000 jueces y fiscales presentaron una declaración para pedir que se mantenga el criterio judicial de que un condenado en segunda instancia, como es el caso de Lula, debe ir a la cárcel. 3,200 abogados replicaron con otro escrito en defensa de lo contrario.

Rueguen los brasileños para que de Brasil no se apodere un régimen como el existente en Cuba. De ser así que se olviden los brasileños sus famosos carnavales, de campañas políticas con la participación de distintos partidos, que se olviden de la sociedad civil independiente, de las manifestaciones, las huelgas, el derecho a protestar, la libertad de asociación y expresión, la prensa libre, la separación de los poderes ejecutivos, judiciales y legislativos, etc.

Los brasileños den gracias de que en Brasil aun existe una verdadera Sociedad Civil.
rtraviesopnhp2@gmail.com; rogeliotraviesonauta.cu; móvil 538 59142: *Rogelio Travieso
*Partido Liberales de Cuba.


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