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Plaza, La Habana, Jorge Luis González, (PD) Huber Matos Benítez fue una de las figuras más destacadas en el Ejército Rebelde durante la lucha insurreccional contra Batista. Vino con una avioneta cargada de armas que gestionó desde Costa Rica hasta la Sierra Maestra. Se destacó en la lucha armada y alcanzó los grados de comandante.

En los primeros meses después del triunfo revolucionario, solicitó en una carta su renuncia a Fidel, debido a su inconformidad con el giro comunista que tomaba el gobierno. Esta decisión le costó sufrir una larga prisión de 20 años.

Sus memorias narradas en el libro “Como llegó la noche”, son uno de los testimonios más completos sobre aspectos muy poco divulgados de la contienda en las montañas y su largo cautiverio en las prisiones, donde mantuvo una posición firme como preso plantado.

El texto comienza con una retrospectiva de las 24 horas después de su salida de la cárcel y la deportación inmediata hacia Costa Rica. Esta acción se logró gracias a las gestiones del entonces presidente de ese país José Figueres y las numerosas organizaciones internacionales de derechos humanos que actuaron a su favor.

La primera parte cuenta con minuciosidad su vida a partir del golpe de estado del 10 de marzo, realizado por Fulgencio Batista. Sus acciones de protesta en Manzanillo y como se integró por civismo en la lucha clandestina.

Describe su incorporación a la lucha armada frente al ejército gubernamental hasta llegar a ser el jefe de la columna 9. Le fue otorgado el nombramiento por Fidel Castro, hasta alcanzar el grado de comandante, por su destacada actitud en los combates, que finalizaron en la toma de Santiago de Cuba.

Existen ciertos hechos significativos en esta etapa insurreccional nunca divulgados. Señala como en dos o tres ocasiones notó el miedo que sentía Fidel ante el peligro por los bombardeos de la aviación enemiga a las posiciones rebeldes, por lo que se ocultaba en cuevas y refugios alejados del peligro y además, permanecía siempre en la retaguardia.

Otro aspecto llamativo es su llegada a La Habana en la “Caravana de la Libertad” al lado de Fidel y Camilo en el mismo vehículo con el cual hacen el recorrido por la capital hasta llegar al antiguo campamento de Columbia. Esto demuestra la confianza que tenía el máximo líder en su persona.

Su nombramiento como jefe del regimiento de Camagüey es otra confirmación de su capacidad para la dirección de altos mandos. En este cargo solicita su renuncia y por orden de Fidel entrega el mando a Camilo Cienfuegos.

Es detenido y enviado con acompañantes hacia La Habana, mientras el otro destacado militar, regresa en una avioneta que desaparece sin dejar rastro alguno.

Aquí comienza la gran farsa del juicio y las calumnias de varios personeros del nuevo régimen, entre ellos Raúl Castro, que le manifiesta un odio total, además de escuchar las difamaciones de Fidel Castro al acusarlo de sedición y hasta provocar la muerte de Camilo. Al finalizar el proceso es condenado a 20 años de prisión. Así comienza el calvario al que fue sometido.

Transitó durante su cautiverio por las prisiones de El Morro, Isla de Pinos, La Cabaña, el Combinado del Este y Villa Maristas, lugares en los cuales contó con pésimas condiciones de vida, por la falta de recursos mínimos para llevar una existencia acorde con los derechos humanos.

Explica con lujo de detalles como durante esta larga estancia en prisión, mantuvo sus ideales, al mantener una muy digna actitud como preso plantado, al no aceptar la ropa de los presos comunes y realizar huelgas de hambre que casi lo llevan a la muerte, entre otros múltiples abusos y vejámenes cometidos contra su persona.

Recibió de sus carceleros torturas físicas y psicológicas, como fuertes golpizas y pateaduras que afectaron su cuerpo y salud, además de negarle en numerosas ocasiones, la atención médica requerida.

Altos personajes de la Seguridad del Estado lo presionaron en distintas ocasiones con métodos de coacción para que desistiera de sus propósitos, sin lograr que en ningún momento claudicara en su firme postura.

¿Por qué dieron la libertad a este hombre y no lo fusilaron igual que a muchos otros? Las palabras finales del miembro del G2 Blanco Fernández son explícitas: “…Las presiones que han hecho fuera de Cuba por usted han sido muy fuertes; no nos queda más remedio que dejarlo ir”.

Huber Matos falleció a los 95 años el jueves 27 de febrero del 2014 producto de un infarto masivo del miocardio en la ciudad de Miami, Estados Unidos. Sus restos reposan por voluntad propia en Costa Rica, hasta que según su última voluntad, puedan regresar a una Cuba libre.

Su obra testimonial más que un alegato personal, puede considerarse un documento de primer orden para la Historia de Cuba. No encuentro mejor calificativo para definir su importancia que las palabras escritas por la propietaria del ejemplar en la primera página: “Este es uno de los libros más conmovedores, creíbles y verídicos que he leído en mi vida”.
librero70nauta@.cu; Jorge Luis González Suárez


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