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LA HABANA.- Desde las 8:30 am, el barrio conocido como Consejo Cerro quedó envuelto en una atmósfera de intriga policíaca que aterrorizó a los vecinos. En la calle se dejaron ver varios agentes vestidos de civil, y otros, los menos, menos uniformados. Estudiaban la zona para que no se les escapara la presa.

Nadie se atrevió a salir a la calle para advertir al vecino de poner las barbas en remojo. Cuentan algunos que las líneas telefónicas se congestionaron por las llamadas de alerta, pero nadie salió a la calle. Todos quedaron a la espera de ser degollados, hasta que el ambiente de terror se transformó en curiosidad popular.

Dos autos patrulleros, uno de civil, y cuatro motos, frenaron bruscamente frente a la casa 229 de la calle Piñeras del municipio Cerro y, con ellos, la mirada aliviada de los vecinos.

“Generalmente quienes me visitan tocan el timbre, ellos (la policía) golpearon la puerta con fuerza”, narra Rudy Cabrera, motivo principal del operativo policial.

Como si todo estuviera legalmente en orden, cuando el periodista abrió la puerta de su casa el oficial al frente del pelotón mostró la orden de registro. En el papel se hacía constancia que venían en busca de “elementos de cómputo” y “planchas de pladur”.

“¿Planchas de pladur?”, fue la pregunta mental que se hizo el periodista. Por un segundo la imaginación dibujó en su mente el plano de su casa. Escaleras de hierro y madera, barbacoas de madera, divisiones de madera… ¿Pladur?

En la sala de la casa, Rudy Cabrera y su madre quedaron en custodia de la policía, mientras buscaban a los testigos civiles para comenzar el registro: dos miembros de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR) del barrio.

Durante la espera, explotó el espíritu represor de uno de los policías de la Seguridad del Estado, quien esclareció los verdaderos motivos del allanamiento. Dirigiéndose a la madre del periodista le aclaro.

“Le hemos advertido pero su hijo sigue subiendo videos a YouTube”.

El Registro

Cuatro policías uniformados que incluían a una fotógrafa, cuatro oficiales de la Seguridad del Estado y dos testigos de los CDR invadieron la casa de Rudy Cabrera en la aparente búsqueda de “pladur” y “elementos de cómputo”.

La búsqueda se enfatizó en la barbacoa de madera donde duerme el periodista, que chirrió de dolor cuando los cuatro policías y los dos testigos de los CDR hacían el registro.

“Comenzaron a tirarlo todo para encima de la cama formando un reguero en el que no se podría encontrar nada”, describió Cabrera.

Las ideas democráticas, armas para la libertad, Otra grieta en la pared, El regreso del idiota, revistas Encuentro, Voces de cambio, fueron parte la literatura confiscada que les hizo olvidar a los policías las planchas de pladur en la orden de registro.

Todo lo que aparentaba ser un “elemento de cómputo” fue ocupado, cables coaxiales, tableta, laptop, impresoras, computadora de escritorio, CD y DVD… “Fue como si estuvieran buscando a YouTube dentro de mi cuarto para arrestarlo por publicar mis reportajes”, recuerda el periodista.

El centenar de vecinos aliviados y curiosos vio salir a Rudy, como lo conocen en el barrio, escoltado por dos policías forzudos que lo introdujeron en el auto patrullero.

“Nunca habría imaginado que el vecino del 229 anduviera en ‘algo’”. Esta frase de uno de los vecinos abrió la puerta de las especulaciones cuando, de la misma forma aparatosa que llegaron, se marchó el operativo policial.

Encontraron drogas, tenía más de 20 computadoras, iban cargadas las patrullas con cosas, fueron afirmaciones parte de la estela de teorías que comenzaron a rondar entre los vecinos después de contemplar un “operativo de los más sonados en la zona”.

El arresto, “primer beso del tigre”

A menos de un kilómetro y medio de la calle Piñera está la 4ta Unidad de la PNR, enclavada en la avenida Infanta, hacia donde fue llevado el periodista en calidad de detenido. Dentro de la celda la convivencia con un portador de arma blanca, traficante de habanos y un arrestado por confusión en el apellido, fue el preludio de los delitos que justificarían el arresto de Cabrera.

“Receptación” o “actividad económica ilícita”, así le anunciaron los delitos al periodista, como su le dieran a escoger entre ellos.

“El teniente coronel Ángel me dijo que era de la policía, pero apoyaba a la Seguridad del Estado para instruir algunos casos de contrarrevolucionarios”, así recuerda Rudy su primer interrogatorio donde lo instruyeron de cargo.

Maikol, Alejandro y Camilo, son los principales nombres de quienes participaron en los dos interrogatorios de una y dos horas durante los dos días de arresto. Sus argumentos no dejaron dudas al periodista de que el pladur no era el motivo de tanta represión.

“Me hablaron mucho de lo que ellos denominan ‘programas de subversión’ patrocinados por la CIA y el Gobierno americano”, relató Rudy.

Una y otra vez la perorata del “imperialismo pagando el trabajo de los periodistas”, de los elementos reunidos para condenarlos a todos, y para concluir, la frase expresada por Maikol que resumió la operación “Pladur”: “Este es el primer encuentro que tenemos oficialmente contigo, así que puedes considerarlo como el primer beso del tigre”.

Después de varios intentos por saber de su hijo, Caridad Arcia, la madre del periodista, recibió una llamada de la subteniente Yaima. Debía pagar una multa de 3000 pesos si quería ver libre a su hijo.

Pero libre es una palabra sin precio. Menos de una hora le hizo falta a Caridad para pagar la multa que liberaría a Rudy Cabrera, excarcelado el martes 3 de abril a las 3:00 p.m., después de ser acusado y sancionado a una multa por “actividad económica ilícita”. Un delito que no cometió.


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