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Delegación del régimen sabotea foro de la Cumbre de Lima (foto CubaNet)

GUANTÁNAMO.- Si alguien en el extranjero quisiera constatar hasta dónde ha llegado la incivilidad y la indecencia en Cuba, sólo tendría que ver las imágenes de lo que está haciendo la delegación oficial cubana de la supuesta sociedad civil ―pagada y entrenada por el castrismo― que asiste a la Cumbre de las Américas en Lima, Perú.

Se presentaron como corderos, diciendo que querían establecer un diálogo respetuoso donde todos pudieran expresar sus puntos de vista, pero muy pronto quedaron al descubierto sus dobleces e intolerancia.

El embajador cubano en Perú,  señor Juan Antonio Fernández, un ser anodino, incapaz de refutar con inteligencia los argumentos contrarios y de establecer un diálogo civilizado ―incapacidad que  demostró con creces cuando representó a Cuba en Ginebra, en los debates sobre los derechos humanos, cuando era el encargado de defender a la dictadura― afirmó para Cubadebate que la delegación oficial cubana no va a hablar con “terroristas y mercenarios”, cuando ambos calificativos vienen como anillo al dedo a la delegación que él representa.

Esa delegación es terrorista porque tanto aquí como allá es incapaz de reconocer a la otredad, porque piensan que la sociedad cubana es monolítica y que en un ciento por ciento apoya a la dictadura. Por tal razón impiden que se escuchen las voces de los cubanos que carecemos de derechos, de aquellos que cuando vamos a la Fiscalía General de la República a denunciar las arbitrariedades, abusos y robos de las autoridades, recibimos la callada por respuesta o veladas amenazas por habernos atrevido a hacer esas denuncias. Es una delegación terrorista porque quebrantando todas las reglas de urbanidad y decencia quiere imponer como única voz válida la suya, sin desdeñar el uso de la violencia, mientras se jacta de representar a una sociedad plural, obviando que la pluralidad alcanza plenitud cuando todos los ciudadanos ―y no una parte de ellos― tienen garantizado el ejercicio de todos los derechos civiles y políticos establecidos por los instrumentos jurídicos aprobados en la ONU.

Dan pena la bella manipuladora Cristina Escobar y la chillona Alisney Torres, comentaristas de la televisión cubana, tratando de presentar como un triunfo lo que en realidad es una actuación vergonzosa, criticada por muchos de los participantes en esta cumbre, como antes ocurrió en Panamá.

Se dice que en la delegación cubana hay científicos e intelectuales de renombre, pero ninguno de ellos ha sido visto actuando en una posición ecuánime, refutando con argumentos y verdades, no con gritos, los criterios opuestos. Ninguno ha sido visto actuando con respeto sino unidos a una masa grotesca y chusma que ha hecho de la intolerancia y la algarabía sus principales alegatos, desconociendo reiteradamente los llamados al orden de quienes dirigen las mesas de diálogo.

Yury Pérez, vicedecano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, tuvo el descaro de decir en una de las sesiones plenarias que la delegación cubana quería participar en un clima de respeto donde todos pudieran opinar, pero al mismo tiempo es uno de los que tilda de terroristas a los cubanos de la sociedad civil independiente que lograron llegar a la cumbre sorteando los más disímiles obstáculos. La misma postura fue adoptada por Ronald Hidalgo Rivera, al frente de la delegación juvenil y uno de los responsables  del acoso a tres jóvenes cubanos miembros de la sociedad civil independiente, a quienes persiguieron por las calles de Lima para golpearlos e impedirles que se acreditaran para participar en una de las sesiones de la Cumbre.

Si en la Cumbre de Lima hay alguna delegación mercenaria esa es la delegación oficial cubana, porque está allí gracias a que el gobierno cubano pagó sus pasajes y estancia en el Perú. Y no sólo eso, sino porque desde semanas antes de la Cumbre fue congregada en La Habana donde se le orientó cómo debía conducirse y qué posiciones debía defender. Es mercenaria porque actúa cumpliendo las indicaciones del gobierno cubano y defiende un sistema insostenible que ha sumido en la pobreza absoluta a millones de cubanos, a los que también impide el ejercicio de numerosos derechos civiles y políticos. Todos los que forman parte de esa delegación, de una forma u otra, son personas privilegiadas por el régimen, trepadores que han hecho de la Patria un pedestal.

Esa delegación fue a Lima no para contender civilizadamente sino para sabotear la Cumbre, lo mismo que hicieron en Panamá. Esta actuación debería servir de ejemplo a los organizadores de estos eventos para elaborar un reglamento donde acciones como las ejecutadas por la delegación cubana sean penalizadas o provoquen su expulsión inmediata. Porque lo cierto es que ninguno de los miembros de esa delegación tiene la altura intelectual, la cultura ni la decencia necesarias para participar en ese tipo de debate.

Y es muy bueno que esto ocurra, porque apreciándolo de primera mano los representantes de otros países del continente pueden interpretar que si esto es lo que hace una delegación “de miembros selectos del castrismo”, qué no podrían hacer otros no menos selectos.

La Cumbre de las Américas en Lima ha sido otra muestra del verdadero rostro de la dictadura más feroz que ha sufrido el mundo occidental. Ojalá que lo ocurrido sirva para que los gobernantes de América dejen de hacerse los de la vista gorda y acaben de adoptar una postura solidaria con los cubanos que luchan por restablecer la democracia.


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