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Raúl Castro y Donald Trump

LA HABANA.- A pocos días de la VIII Cumbre de las Américas en Lima, Cuba aún no ha confirmado la presencia de su gobernante, Raúl Castro, quien si acude coincidirá con su homólogo de EEUU, Donald Trump, con la relación entre sus países en la cuerda floja, ya desbaratado el conato de “deshielo” de la era Obama.

Que la isla no haya dicho aún públicamente si viajará Castro y cuándo lo hará no es excepcional: al igual que ocurría con Fidel Castro, el Gobierno cubano suele anunciar los desplazamientos de su gobernante en el último momento aduciendo motivos de seguridad.

Pero este viaje es especial: el próximo 19 de abril Raúl Castro, de 86 años, dejará el poder, por lo que si va a la Cumbre de Lima, la cita pasaría a la historia como el último foro internacional al que acude el veterano dirigente como presidente o, más allá, la última vez que un Castro representa a Cuba en el exterior.

Y tampoco es este cualquier foro, porque supondría además la despedida del mandatario cubano de los países de su región, una América hacia la que Cuba vivió de espaldas durante décadas, hasta que el propio Raúl decidió volver a su escenario natural apoyando firmemente la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Por ello, la conveniencia de que asista o no a Lima ha generado un intenso debate interno en la cúpula cubana, ya que supondría exponer a Castro a un escenario potencialmente adverso en su última aparición multilateral, según pudo saber Efe.

Al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el mayor aliado económico y político de Cuba, se le retiró la invitación a Lima y no se espera que aparezca, y tampoco asistirá en principio otro gobernante cercano, el de Nicaragua, Daniel Ortega, por lo que la única “cara amiga” en el plenario sería la del mandatario boliviano, Evo Morales.

Por el contrario, estará con toda seguridad Trump, que ha hecho todo lo posible por revertir el acercamiento con la isla impulsado por su antecesor, Barack Obama, y por supuesto jugará un papel protagonista el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, muy crítico con Venezuela y Cuba, que en los últimos dos años le negó dos veces la entrada cuando iba a un acto opositor.

El ambiente no puede ser más distinto de la anterior cita regional, celebrada en Panamá en 2015 y que dejó una foto esperada durante décadas: la de los presidentes de Cuba y EEUU dándose cordialmente la mano, pocos meses después de anunciar la reanudación de las relaciones diplomáticas tras casi seis décadas de enemistad.

Esa cita fue también el debut de la isla en este foro de la OEA, al que nunca antes había sido invitada, tras su suspensión del organismo en 1969, poco después de triunfar la revolución (en 2009 se le levantó el veto, pero Cuba ha descartado volver).

De momento, no parece que la imagen Castro-Obama de Panamá se vaya a replicar con Trump, o al menos no en una bilateral.

Washington avanzó esta semana que el magnate, que debuta en América Latina tras protagonizar agrias polémicas con varios países de la región, no prevé mantener ningún contacto o “reunión directa” con el menor de los Castro, por lo que si coincidieran en Lima solo se verían con seguridad en el plenario.

De no acudir Raúl Castro, no es descartable que sea el primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, quien encabece la delegación de su país en la cita peruana, a la que quien sí irá seguro es el titular cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, muy curtido en la arena internacional.

La presencia de Díaz-Canel también puede suscitar un enorme interés, porque se espera que sea él quien reemplace a Castro al frente de Cuba pocos días después.

Si va a Lima, su actuación será escudriñada con lupa por el resto de los países americanos, ya que fuera de Cuba se sabe más bien poco de este político de 57 años y perfil público discreto, al que muchos consideran el discípulo aventajado de Raúl Castro.

La Cumbre de Las Américas, en cualquier caso, ha ocupado en los últimos meses grandes espacios en la prensa oficial cubana, que reprocha que sea EEUU el país que marca el paso en la cita, lo que a juicio de Cuba tensa el ambiente y dificulta los consensos sobre la integración regional.

De momento, La Habana ha enviado a Lima a una extensa representación oficial de su “sociedad civil” a defender los “logros de la revolución” en los foros paralelos a la cumbre de mandatarios, encuentros que, como ya ocurrió en 2015 en Panamá, se prevén tensos porque también asistirán representantes de grupos disidentes.

(Lorena Cantó/EFE)


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