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La Habana, Cuba, A. H. Cepero, (PD) Han pasado 50 años desde su último discurso. Una irresoluta conspiración entre la cobardía, el oportunismo y la vanidad pusieron trágico y prematuro fin a la vida de aquel pastor bautista cuyo único pecado era tener su piel oscura y convertirse en objetor de conciencia al asegurar públicamente “I AM A MAN”.

Un separatista y radical hombre de piel blanca, desgarró su garganta con un mortal disparo a pocos metros del balcón del Lorraine Motel en Memphis, Tennessee. Sus últimas palabras fueron al músico Ben Branch a quien le encargó que tocara, de la manera más hermosa posible, “Precioso Señor, toma mi mano”.

Eran las seis y un minuto de la tarde del 4 de abril de 1968. Su asesinato, pasó a los anales de la historia universal como uno de los magnicidios que cambiaron la historia del pasado siglo XX.

Sólo cuatro días antes, el domingo 31 de marzo, daba su último sermón en la Casa Nacional de Oración, la importante catedral neogótica perteneciente a la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos de América.

Su sermón, “Permaneciendo despiertos a través de una gran revolución”, constituyó un poderoso llamado a la desbordante muchedumbre allí reunida, desde el que convocó a unirse a Dios en un movimiento que traería verdadera justicia. En medio de la cultura dividida por el segregacionismo racial y la pobreza, que el racismo engendraba.

Su mensaje, no ha prescrito. Es perfectamente aplicable en contextos sociales tan diferentes como el de los norteamericanos de a finales de la década de los 60 del pasado siglo y el de los cubanos de a finales de la segunda década del incipiente siglo XXI.

En la Cuba a la que hacemos referencia, la segregación -aunque es una sociedad con marcados visos de racismo- no es racial, es segregación ideológica o lo que es peor, es una férrea segregación política donde la verdadera libertad se ve gravemente confinada al ser definida por el único partido político, que dicho sea de paso, ejerce el poder unilateralmente en la figura de un “líder” ilimitado jerárquicamente, que pretende impulsar un movimiento social de masas, mediante el uso mediático y demagógico de la propaganda, acompañada del empleo intenso de mecanismos de control y represión social.

Hablar de libertad en tales condiciones, constituye un delito de seguridad nacional. Por ende, esta palabra y todos los adjetivos que se relacionen están proscritos en medio de una sociedad donde los seres humanos se encuentran divididos, porque más que temerse, se aborrecen. Es una sociedad donde los seres humanos se aborrecen, porque no se respetan. No se respetan, porque resulta imposible la comunicación, porque ellos se han dividido, de regreso una vez más, al inicio de un nauseabundo circulo evolutivo en espiral descendente.

En medio de una sociedad tan enferma, que justifica el uso de los medios, cualesquiera que estos sean y las veces que sea necesario, para alcanzar un fin determinado. Una sociedad que esclaviza el espíritu, donde es una obligación moral cooperar con el mal, donde se parlotea constantemente de altruismo como medio moral para justificar sórdidos resultados y donde es preferible tener misiles teledirigidos y hombres desorientados, es impostergable replantearse algunas posturas:

¿Es posible ser moralmente correcto y vivir pacientemente siendo coparticipe de tanta injusticia? ¿Hasta dónde se puede ser moralmente correcto, mientras ciegamente se obedece a leyes injustas?

Y es justo en este punto en el que, “Permaneciendo despiertos a través de una gran revolución” se abrió paso a través del tiempo y hoy nos confronta…

«En relación a algunas posturas adoptadas, la cobardía plantea una cuestión: “¿es peligroso?”; el oportunismo plantea la cuestión: “¿es político?”; y la vanidad lo junta todo y plantea la cuestión: “¿es popular?”»

«Pero la conciencia plantea la cuestión: “¿es justo?”. Y llega entonces un momento en que uno debe posicionarse ante algo que no carece de peligro, que no es político, ni popular, sino que debe hacerlo, porque su conciencia le dice que es justo».

Propongo que nos unamos para hacer lo que es justo, lo que es moralmente correcto propongo que resistamos juntos el mal, que no nos conformemos más con la injusticia. Propongo que seamos hombres moralmente libres y correctos y como tales, no nos sujetemos a las leyes que estén en desacuerdo con la ley divina por demás, injustas. Propongo que matemos la mentira y restituyamos la verdad, que asesinemos el rencor y enterremos el odio.

Propongo que revolucionemos nuestra hermosa nación orientándola hacia una verdadera evolución de los más altruistas valores morales entre ellos honrar a nuestros padres, no asesinar, no cometer adulterio, no robar, no levantar falso testimonio, no codiciar su casa, la casa de mi prójimo, ni sus bienes, (Éxodo 20:12-17) … propongo que amemos al prójimo como a nosotros mismos, (Gálatas 5:14) te propongo esto porque es justo, te propongo esto porque, si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador? (1ª Pedro 4:18
elhidalgo2013@gmail.com, Alejandro Hernández Cepero


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